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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de la XII edición del “Premio Europeo Carlos V” a D. Antonio Tajani

Monasterio de Yuste. Cuacos de Yuste (Cáceres) , 09.05.2018

Un año más, nos reunimos en el Día de Europa en este hermoso paraje extremeño y cacereño; un lugar en el que la historia nos inspira y nos convoca a pensar en Europa con el sosiego y la serenidad propios del entorno y que tanto requieren los tiempos en los que vivimos, siempre apresurados y necesitados de respuestas.

Hoy estamos aquí convocados nuevamente para homenajear a quienes con su vida y ejemplo promueven el avance del proyecto europeo y encarnan sus altos valores ideales. Una empresa que, para el Emperador Carlos V y para tantos de sus contemporáneos, fue un objetivo constante y hoy es una realidad que avanza, que alienta nuestras conciencias y está presente en todos nuestros empeños.

Quiero pensar que, de estar entre nosotros, Carlos V se sentiría reivindicado en su más noble aspiración, pues en esta Europa que habitamos están presentes muchos de los anhelos que le guiaron, en la palabra y en la acción, en su búsqueda de la concordia entre las naciones.

Si, de acuerdo con los parámetros de su época, el Rey Emperador encarnó en su visión institucional y política el principio supranacional que constituye una de las columnas de la construcción europea, Antonio Tajani, el hoy galardonado, representa el principio democrático, su otro pilar esencial. Un principio que reside en el Parlamento Europeo, la alta institución que tan lúcida y dignamente representa y preside y sobre la que, en gran medida, se asienta la legitimidad del proyecto que compartimos. Pues es en dicha Cámara donde se expresa la voluntad popular y donde mejor han de manifestarse la pluralidad y la vitalidad constitutivas de nuestra Unión.

Quiero, por ello, aprovechar este acto para expresar nuestro agradecimiento y reconocimiento a los tres presidentes españoles que ha tenido el Parlamento Europeo y que tanto han contribuido para que cada vez esté más próximo de los ciudadanos: Enrique Barón, José María Gil-Robles y Josep Borrell.

Un reconocimiento que extiendo a los galardonados, a lo largo de estas doce ediciones, del Premio Carlos V, especialmente a quienes nos acompañan esta mañana: don Felipe González; don Jorge Sampaio, doña Sofia Corradi y don Marcelino Oreja. Todos ellos han dedicado una parte muy importante de sus vidas a convertir el sueño europeo en realidad, dejando definitivamente atrás aquella “Europa que se atormenta y deplora sus desgracias”, de la que hablara ya Andrés Laguna, el gran humanista y médico de Carlos V, en su discurso europeo de Colonia, hace casi quinientos años.

A tan ilustres nombres se une el de nuestro premiado en esta edición. Antonio Tajani es europeo por convicción, italiano por naturaleza y gran amigo de España. Y para muchos ─permítanme decirlo─ un español de corazón. Desde esta triple condición, este Premio reconoce su larga trayectoria política y enaltece su dedicación ─desde el foro público y desde la tribuna publicada─ a la conformación de un auténtico demos europeo, a la convivencia entre los pueblos y los Estados de nuestro continente y al entendimiento entre las instituciones de la Unión, que él tan profundamente conoce desde sus sucesivas responsabilidades tanto en la Comisión como en el Parlamento europeos.

Precisamente, esa misma búsqueda incesante para aunar y sumar voluntades y dirigirlas hacia un horizonte común es la idea motriz que fue reconocida, en octubre del pasado año, con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia a la UE. Un premio que fue recibido en nombre de la Unión por el propio Antonio Tajani, junto a los presidentes Junker, de la Comisión, y Tusk, del Consejo Europeo.

Señoras y señores,
Como bien sabían nuestros padres fundadores a mediados del siglo pasado, somos conscientes de que, para construir Europa, no bastan las declaraciones y las buenas intenciones, por importantes que estas sean. Es necesaria la acción y, sobre todo, que esta se incardine en un proyecto capaz de recuperar la ilusión, el entusiasmo y la fe en Europa, que sea eficaz y merezca confianza dentro y fuera de la Unión; un proyecto basado en un sistema de valores y con una visión del mundo que está enraizada en nuestra tradición clásica, humanista e ilustrada, junto a nuestra proyección universal.

Hoy, el proyecto supranacional europeo se encuentra en la necesidad de vencer el escepticismo en el que ha estado inmerso durante demasiado tiempo; de dar respuestas a las tendencias hacia la introversión, cuando el mundo es cada vez más abierto y más interdependiente; y de superar el repliegue de concepciones excluyentes e insolidarias de la convivencia en sociedades diversas y plurales como en las que vivimos

Tales fueron los valores y la visión que movieron, desde el inicio de la Edad Moderna, a la Monarquía Hispánica y los que ahora inspiran a la Unión Europea. Hay, por ello, una línea de continuidad en el espacio y en el tiempo que une estas tierras extremeñas y este monasterio de Yuste con el corazón de Europa y que engarza el legado del Rey Emperador con la labor de los grandes europeístas de nuestro tiempo, entre cuyos nombres se inscribe ya el de nuestro premiado.

Hay otras similitudes entre el pasado y el presente que conviene recordar como lección y, también, como estímulo. Hoy, el proyecto supranacional europeo se encuentra en la necesidad de vencer el escepticismo en el que ha estado inmerso durante demasiado tiempo; de dar respuestas a las tendencias hacia la introversión, cuando el mundo es cada vez más abierto y más interdependiente; y de superar el repliegue de concepciones excluyentes e insolidarias de la convivencia en sociedades diversas y plurales como en las que vivimos.

También el terrorismo ha seguido golpeando a nuestras sociedades y a otros países del mundo atentando contra la vida, la dignidad y la libertad de los ciudadanos. España ha demostrado, desde la firmeza de las convicciones de nuestra sociedad, y la fortaleza del Estado, que la democracia derrota siempre al terrorismo, un terrorismo que solo consigue dejar tras de sí sufrimiento y dolor.

Ante todos estos obstáculos que amenazan con frenar nuestro avance y hacernos retroceder en la historia, se ha elevado la voz de Antonio Tajani con la claridad, la visión y la energía del servidor público responsable y comprometido con la libertad y con el progreso de los ciudadanos.

Quiero agradecer, en primer lugar, su defensa firme de la democracia y del Estado de Derecho como garantía del modelo de convivencia, que entre todos conseguimos darnos; y en segundo lugar, su sólida determinación por preservar nuestro bien más preciado como españoles y como europeos: nuestra voluntad de vivir juntos y prosperar unidos en la diversidad.

Señoras y señores,
España y Europa han de seguir abiertas al mundo. Por ello, saludamos la decisión de la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste ─de la que me honro en ser su Presidente de Honor y a la que felicitamos sinceramente por su trabajo─ de ampliar su ámbito de acción. De este modo, da respuesta a la identidad europea y a la vocación iberoamericana de Extremadura y del conjunto de España. La Fundación contribuye de esta forma a fortalecer e impulsar los vínculos que esta tierra extremeña comparte con América, para enlazar y ser espacio de encuentro y de diálogo a ambos lados del Atlántico.

Coherente con la vocación de unir Europa y América, este acto también ha sido el momento elegido para imponer la Medalla de la Academia Europea e Iberoamericana de Yuste a doña Rebeca Grynspan, la primera personalidad del ámbito iberoamericano que entra a formar parte de este órgano asesor, y que ocupará como saben el sillón Gabriela Mistral. Una incorporación que, sin duda, contribuirá a enriquecernos con sus conocimientos académicos, diplomáticos y políticos. Bienvenida y muchas felicidades, Secretaria General Grynspan, querida Rebeca.

Pero no quiero terminar estas palabras sin mirar al futuro. Un futuro representado en esta ceremonia por Ángela Solano, alumna que participa en el programa ‘Escuelas Embajadoras’ del Parlamento Europeo. Una iniciativa que nos recuerda, una vez más, el decisivo papel de la educación y de las nuevas generaciones en la construcción europea. Ángela, también felicidades por tus palabras.

A ellas debemos recordarles las palabras de otra gran europea, que fue también presidenta del Parlamento Europeo y Premio Carlos V, Simone Veil, cuando nos decía que el futuro de Europa está enteramente en nuestras manos y, sobre todo, cabría añadir, en las manos de los más jóvenes. Estoy seguro de que entre ellos hay ya futuros merecedores de este Premio.

Gracias a ellos, gracias a los jóvenes, el sueño de Carlos V y el espíritu de Yuste seguirán vivos en la mente y en los corazones de los europeos.

Muchas gracias a todos y feliz día europeo.

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