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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de Presentación del “Diccionario Biográfico Electrónico (DBE)” de la Real Academia de la Historia

Palacio Real de El Pardo. Madrid, 03.05.2018

C​omo hemos podido apreciar a lo largo de este acto, hoy presentamos una obra que -no es exagerado afirmar- viene a marcar un hito tanto académico como tecnológico en el ámbito de la divulgación de nuestra Historia. Pero, sin duda, va mucho más allá.

Con este Diccionario Biográfico Electrónico, cualquier ciudadano, de manera sencilla, intuitiva y rápida va a poder consultar, interrelacionar, investigar y descubrir la biografía de -inicialmente- más de 45.000 personajes históricos; va a poder abarcar más de 2.500 años de Historia (desde el siglo VII a.C. al siglo XX); va a poder recorrer escenarios históricos que se extienden a los cinco continentes, y va a poder interconectar la vida de hombres y mujeres separados por siglos, territorios, culturas y civilizaciones.

Tengo el convencimiento de que, a partir de hoy, este Diccionario se convertirá en una obra de referencia, en una herramienta de trabajo imprescindible para investigadores, profesores, escritores y científicos pero, también, en una fuente de consulta permanente para estudiantes y para todo aquél que sienta la curiosidad de saber y conocer más de nuestra Historia.

Por ello, vaya por delante nuestra felicitación a la Real Academia de la Historia -promotora, coordinadora e impulsora de este proyecto cultural y educativo realmente magnífico- y al extraordinario equipo que lo ha hecho posible. Gracias y felicidades también a los más de 4.000 especialistas, pertenecientes a todas las ramas del saber, que tan minuciosamente han construido cada una de las biografías contenidas en la obra.

Este proyecto, que es el resultado del esfuerzo de muchos, ha contado igualmente con la participación y el apoyo de Telefónica y la Caixa, a las que quiero expresar también mi agradecimiento por su generosidad y su compromiso. Todos, en fin, estamos de enhorabuena porque vamos a poder beneficiarnos, disfrutar y aprender gracias al excelente trabajo académico y tecnológico llevado a cabo para, primero, producir esta obra y, después, hacerla accesible inmediatamente para todos en la red.

El Diccionario, más allá de su indiscutible y evidente utilidad académica y divulgativa, aporta una serie de valores que querría subrayar muy especialmente.

En primer lugar, esta obra resalta la aportación que hacen las Reales Academias a nuestra sociedad. Del mismo modo que el Diccionario de la Real Academia Española mantiene vivo, actualizado y en permanente revisión nuestro idioma, la Real Academia de la Historia nos ofrece con este nuevo Diccionario Electrónico una actualización omnicomprensiva, multidisciplinar, objetiva y rigurosa de los principales hombres y mujeres que han conformado nuestra Historia a lo largo de los siglos.

Las Reales Academias, garantes y guardianas del saber, la investigación, el debate, la innovación y el rigor científico en todas las facetas del conocimiento son -y así lo demuestran continuamente-, tan necesarias como enriquecedoras para nuestra sociedad. Y este Diccionario vuelve a ponerlo de manifiesto una vez más, suscitando la admiración y el sentimiento de deuda que con ellas tenemos así como el elogio permanente que merecen.

Hoy, sin duda, España necesita el compromiso con nuestra vida colectiva de los intelectuales, de los hombres y mujeres que cultivan el saber, la razón y el conocimiento; un compromiso siempre necesario, pero que tan imprescindible es en los tiempos que vivimos, porque nos ayuda a comprender, con rigor y con mayor confianza, las nuevas realidades que emergen en el siglo XXI, a analizar y valorar los nuevos retos a los que nos enfrentamos y a orientar las decisiones que debemos tomar en un mundo lleno de incertidumbres y de profundos cambios tecnológicos y sociales.

En segundo lugar, esta obra pone también de relieve otro aspecto fundamental de nuestro tiempo: la conexión necesaria de la educación y la cultura con las nuevas tecnologías. Este Diccionario es a la vez -y en todo su sentido- una obra histórica y, también, del siglo XXI. Porque ya no es posible imaginar la divulgación cultural y académica si no es a través de las nuevas tecnologías. Y, en ese sentido, el DBE se convierte en una obra pionera y puntera, digna de los nuevos tiempos que vivimos y acorde con la realidad digital en la que estamos inmersos.

Me enorgullece -y sin duda emociona- poder afirmar que no existe ningún proyecto digital en el ámbito internacional como el que hoy presentamos. Con este Diccionario, la divulgación de nuestra Historia y el talento de nuestros historiadores se sitúan en el más alto nivel de calidad y proyección tecnológica mundial.

este Diccionario se convertirá en una obra de referencia, en una herramienta de trabajo imprescindible para investigadores, profesores, escritores y científicos pero, también, en una fuente de consulta permanente para estudiantes y para todo aquél que sienta la curiosidad de saber y conocer más de nuestra Historia

De este modo, ya no solo nuestra Historia sino también nuestra lengua común, que es seña de identidad y de hermanamiento para todos los hispanohablantes, dan un salto cualitativo más. En ninguna otra lengua del mundo existe una obra digital como esta y, por ello, con este Diccionario, el español avanza como un gran idioma tecnológico, como el gran idioma en la Red que debe y tiene que ser. Hoy, no solo hemos hecho un poco más grande nuestra Historia, sino también nuestra lengua, reafirmando así la vocación universal que siempre ha caracterizado a España. Porque hoy nuestra Historia y nuestra lengua han ganado aún más presencia en este mundo sin límites ni fronteras temporales ni espaciales que representa el ámbito tecnológico.

Pero hay una tercera cuestión que también engrandece este Diccionario y a la que me gustaría referirme igualmente de manera especial.

El Diccionario Biográfico pone en valor quiénes somos y cuál ha sido nuestra trayectoria. Como escribió Cervantes, “la historia es émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”. Por eso, conocer nuestro pasado a través de la vida de los que nos precedieron es conocer nuestro recorrido, nuestra esencia, nuestro núcleo y nuestro fundamento.

La Historia, con mayúsculas, no solo la escriben las Naciones, los pueblos, las sociedades. La Historia la construyen muy especialmente las personas y el camino que recorren a lo largo de sus vidas. La identidad de cualquier Nación, de cualquier pueblo o sociedad se forja, en realidad, a través de la Historia a la que han ido dando forma con sus vivencias y sus aportaciones cada uno de los hombres y las mujeres que la conforman.

La Historia es, por tanto, la Historia de las personas. Y desde esta visión de la Historia podemos entender quiénes somos, cuáles son nuestros orígenes y nuestros antecedentes, qué y quiénes han afianzado nuestras raíces y nuestro sentir como pueblo, como sociedad y también como ciudadanos; cómo a partir de nuestra diversidad hemos forjado una identidad común como Nación y como cultura; qué nos identifica y qué nos une. Por eso, aunque el criterio de este Diccionario Biográfico Electrónico es el de incluir únicamente las biografías de personas cuyas vidas ya han llegado a su fin, desde ese punto de vista podemos decir que todos los españoles, cada uno de nosotros, estamos presentes en él.

Porque en él están, como hemos visto y escuchado, Ramón y Cajal y María Goyri o Alfonso X e Isabel Zendal. También viven en el Diccionario Juan Sebastián Elcano o Santa Teresa de Jesús, Camilo José Cela o Pablo Picasso, Isabel de Castilla o Zenobia Camprubí. En él están multitud de artistas, científicos, pensadores, políticos, militares o aventureros que con sus decisiones y triunfos, pero también con sus reveses, han contribuido a conformar nuestro ser colectivo. En él están asimismo numerosos hombres y mujeres que, con sus aportaciones silenciosas y sus enormes cualidades, han ido configurando a través de los siglos esa identidad que compartimos, nuestro ADN como Nación plural y diversa que debe caminar en una misma dirección.

Pero ahí, en esas más de 45.000 vidas, y en todas las que vendrán, estamos también nosotros, porque todos somos hijos de nuestra propia historia y de los hombres y mujeres que la han construido a lo largo de generaciones. Y debemos aprender con las vidas de estos hombres y mujeres que hoy traemos a nuestro presente con esta gran obra.

En este Diccionario está nuestra identidad, y conocerse a uno mismo, con una mirada crítica pero también abierta y plural -como es nuestra propia Historia-, es condición necesaria para aprender del pasado y ser mejores en el futuro. Hemos aprendido que nuestro país ha progresado y alcanzado grandes éxitos cuando se ha contado con todos; cuando hemos afrontado juntos los retos con la voluntad de que nadie quede atrás o que nadie pudiese sentirse excluido o postergado.

Nuestros últimos decenios, aun con sus dificultades, han sido buena prueba de lo que unidos somos capaces de lograr; y ese mismo espíritu debe animarnos para nuestro futuro. Porque la historia de España la siguen construyendo, día a día, millones de hombres y mujeres de todos los rincones de nuestra geografía. Ciudadanos que son expresión de la diversidad de nuestra sociedad; de sus lenguas, de sus tradiciones, de sus costumbres, de sus modos de pensar y sentir; estos mismos ciudadanos son los que, en cada pueblo, en cada ciudad, en la escuela o en la empresa, en el laboratorio o en cualquier entidad pública o privada, representan la continuidad de nuestro país con su trabajo, su compromiso, sus principios y su visión del mundo.

La biografía de España es la biografía de todos los españoles y debemos seguir construyéndola con la participación y con el esfuerzo de todos.

Señoras y Señores,

Termino ya estas palabras que ponen fin a esta presentación oficial, a esta presentación “de Estado” de nuestro DBE. Y para ello permitidme que reitere mi agradecimiento más sincero a todos los que han participado admirablemente en su elaboración, demostrando que son multitud los españoles dispuestos a seguir sumando en esta gran obra colectiva que es España. Gracias, gracias por hacernos a todos este gran regalo; un regalo generoso, hermoso, perdurable, abierto y de un valor incalculable.

Y a todos aquí, gracias por vuestra presencia y compañía.

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