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Palabras de Su Majestad el Rey en el XII Encuentro COTEC Europa

Palacio Nacional y Convento de Mafra (Portugal), 07.02.2018

É​ um prazer voltar a Portugal e uma verdadeira satisfação fazê-lo, para dar continuidade a este grande projeto de cooperação tecnológica que une as nossas três grandes Nações ─Portugal, Itália e Espanha─, que assim demonstram o seu firme compromisso para com o progresso das nossas sociedades e um claro espírito de amizade e colaboração. Obrigado, Sr. Presidente, pelo seu acolhimento e hospitalidade.

Ritengo inoltre un privilegio poter partecipare a questo incontro insieme al Presidente della Repubblica Italiana, un paese che si distingue per la sua vitalità e dinamismo e dimostra giorno dopo giorno la sua costante attenzione nei confronti del progetto comune costituito da Cotec Europa.

Abordar el futuro del trabajo ante los desafíos que imponen las nuevas tecnologías ─temática que centra este 12º Encuentro de COTEC Europa─ nos invita a recordar y reflexionar sobre la incidencia que las tecnologías han ido teniendo en el ámbito laboral a lo largo de la historia. Nos puede ayudar, aunque el futuro, como comprobamos cada vez que nos asomamos a él, siempre nos sorprende…

La historia es, de hecho, un relato complejo que puede contarse también desde el ángulo que nos ofrece la invención y el uso de esas herramientas sofisticadas y versátiles a las que llamamos tecnologías y que son creaciones genuinamente humanas.

La tecnología nos es tan propia que su uso ha llegado a definir lo que consideramos una tarea ajustada a su contexto social e histórico. De la misma manera que lo hicieron la rueda, el arado, la lavadora, el ordenador y tantas otras innovaciones en el pasado, máquinas cada vez más sofisticadas seguirán facilitándonos muchas tareas y terminarán por sustituirnos en otras muchas; y este será, de nuevo, sí, una muestra del progreso humano.

Este es, sin duda, el caso de las tecnologías asociadas a la 4ª revolución industrial y, muy en particular, el de la robótica y la inteligencia artificial, dos realidades que caminan con paso firme e imparable, tal como se ha puesto de manifiesto a lo largo de esta jornada.

Sin embargo, como viene advirtiendo Cotec, el camino que han de recorrer estas y otras tecnologías para alcanzar su máximo potencial al servicio de las personas no está exento de obstáculos y no tiene por qué transcurrir espontáneamente en la mejor y más justa de las direcciones posibles.

No ocurrió así tampoco en anteriores periodos de transición tecnológica. Es cierto que la mecanización de las distintas industrias tradicionales generó temporalmente bolsas de precariedad y exclusión, pero el tiempo y el desarrollo a gran escala de la sociedad industrial acabarían corrigiendo en cierta medida esos desajustes.

De hecho, los países que lideraron aquel proceso industrial constituyen hoy algunas de las sociedades más ricas y avanzadas; y las profesiones y puestos de trabajo desaparecidos acabaron por sustituirse por otros menos tediosos y arriesgados. Las revoluciones industriales posteriores no solo condujeron a mejores trabajos, también crearon más puestos de trabajo. Aunque no podemos negar que en esa evolución muchos sufrieron los costes para beneficio de generaciones posteriores.

En el último siglo, el empleo, cada vez más sofisticado y diverso, no ha dejado de crecer a escala mundial. Esta diversificación ha conducido a la progresiva especialización de los trabajadores, que es la base de los sistemas educativos actuales y también de las estrategias clásicas de formación continua.

Cotec España ha puesto de manifiesto en esta cumbre que la especialización extrema que caracterizó al empleo en las primeras sociedades industriales puede no ser la estrategia de adaptación más adecuada para el entorno laboral presente y futuro.

Por eso, aconseja hoy más que nunca promover en todos los niveles educativos el valor de la adaptación al cambio. Por regla general, cuanto más especializada es una tarea ─física o intelectual─, más fácil es de automatizar. Por el contrario, todavía vemos muy lejana la posibilidad de crear una inteligencia artificial con lo que llamamos “sentido común”, o que un mismo robot sea capaz de realizar con precisión muy diferentes tareas.

Pero no deberíamos caer en el sesgo de asociar exclusivamente la educación con la empleabilidad. Cuando más falta nos hace la integración de saberes -precisamente para poder comprender y afrontar mejor los cambios en los que estamos inmersos-, más debemos hacer frente a la desconexión entre ciencias naturales, ingenierías, humanidades y artes. Si formamos a nuestros jóvenes con el único fin de que desempeñen un número limitado de funciones, nos estaremos equivocando, pues comprometeremos su empleabilidad y también su integridad.

Es cierto que, hoy por hoy, pocos puestos de trabajo son completamente sustituibles por máquinas, pero también lo es que muchas de las tareas de los empleos actuales pueden ser objeto de automatización. En todo caso, como también se ha dicho aquí hoy, no conviene estimar los escenarios futuros en base a las posibilidades actuales. El desarrollo de la sociedad digital es vertiginoso y aunque robots y algoritmos se centren hoy en tareas predecibles y que en principio no requieren creatividad, es seguro que se extenderán a otros muchos ámbitos laborales.

tanto para las profesiones actuales como para las que estén por llegar, será el factor humano que pueda añadir cada trabajador individualmente, combinado con una formación adecuada y en permanente actualización, lo que marque la diferencia. Y si, como individuos, seguimos superando a las máquinas en muchos aspectos, la diferencia es mayor cuando actuamos como una inteligencia colectiva, como una comunidad. De ahí que sea tan importante reforzar todos los aspectos de la educación que faciliten la cooperación, como el trabajo en equipo o el liderazgo, que serán también aspectos claves en los perfiles educativos y laborales del futuro

Por eso, hemos de reconocer que no sabemos de qué serán capaces las máquinas en el medio plazo, pero sí tenemos una idea aproximada de lo que somos capaces mujeres y hombres; y esto es una buena noticia, porque nos permite preparar nuestra sociedad para esa economía más automatizada y enfocar nuestro sistema educativo en las ventajas competitivas del ser humano, que son muchas pero no siempre evidentes. Permitidme que repase con vosotros algunas de ellas.

En primer lugar, la educación debe reforzar lo que se conoce como “habilidades digitales”, un término que en sí mismo está sujeto a permanente evolución pero que, con diferentes matices, se requiere en el 90% de las actuales ofertas de empleo. Estudios elaborados por Cotec han puesto el foco recientemente en la creciente demanda de profesionales en dos ámbitos concretos: los Macrodatos (el “Big Data”) y el Internet de las Cosas (IoT), y en ambos casos se ha detectado un déficit de oferta educativa que es preciso corregir de manera urgente. De acuerdo con los datos publicados por la fundación, a día de hoy el 77% de las compañías españolas consideran que la falta de habilidades digitales de los trabajadores es un obstáculo para su competitividad.

Pero además de ofrecer múltiples alternativas profesionales a quienes estén adecuadamente formados en habilidades digitales, la sociedad 4.0 es una oportunidad para reivindicar y aflorar talentos actualmente marginados o devaluados, como los que tienen que ver con el cuidado de las personas, el acompañamiento, la motivación, el entretenimiento… entre otros. Profesiones que entroncan con nuestra naturaleza más humana y que exigen habilidades difíciles de reproducir por una máquina, pero que además tendrán mayor demanda si se cumplen dos de los pronósticos más comúnmente asociados a una sociedad más tecnológica: mayor envejecimiento  y mayor tiempo de ocio.

Tampoco serán fácilmente sustituibles otros puestos cuyo desempeño requiera el despliegue en paralelo de habilidades dispares -esa inteligencia general de la que carecen todavía las máquinas-. La combinación de destreza manual, conocimientos del oficio y empatía que exhiben muchos profesionales en su día a día es difícil de alcanzar por un robot.

Y me refiero también por último a la necesidad futura de profesionales en el ámbito de las ciencias sociales y humanidades. Sin filosofía, ética, pedagogía, psicología, sociología o antropología y, por su puesto, sin educadores y formadores adecuados, será imposible la transformación social de la que estamos hablando.

No son pocas las profesiones que saldrán reforzadas en el futuro mercado laboral pero, con todo, solo supondrán una parte del empleo disponible. El resto vendrá de profesiones que todavía no existen y que son difíciles de pronosticar.

En todo caso, tanto para las profesiones actuales como para las que estén por llegar, será el factor humano que pueda añadir cada trabajador individualmente, combinado con una formación adecuada y en permanente actualización, lo que marque la diferencia.

Y si, como individuos, seguimos superando a las máquinas en muchos aspectos, la diferencia es mayor cuando actuamos como una inteligencia colectiva, como una comunidad. De ahí que sea tan importante reforzar todos los aspectos de la educación que faciliten la cooperación, como el trabajo en equipo o el liderazgo, que serán también aspectos claves en los perfiles educativos y laborales del futuro.

Ese elemento humano que, en definitiva, implica una comprensión profunda de las emociones y, en general, el dominio de la empatía, no solo será esencial para mantener el trabajo de cada individuo y para construir equipos que cooperen. También desempeñará un papel fundamental en la búsqueda de acuerdos a mayor escala como sociedad, entre otros, aquellos que nos aseguren un desarrollo tecnológico más justo e inclusivo.

Señoras y señores,

Permítanme que felicite a Cotec Europa por haberse centrado este año en el que quizás sea el mayor reto socioeconómico para las próximas décadas: el futuro del empleo a medio plazo.

Hablamos de un desafío transversal que impacta como pocos en nuestro proyecto europeo y que debería ser tomado en consideración desde múltiples ángulos y políticas. También, cómo no, desde las más directamente relacionadas con la investigación, el desarrollo y la innovación.

El nuevo enfoque de la Comisión Europea, con el liderazgo del Comisario Moedas, apuesta acertadamente por grandes misiones europeas orientadas a abordar desde la innovación retos comunes. De este modo, se podrá beneficiar al incorporar reflexiones sobre el impacto de dichas misiones en la cantidad, calidad y naturaleza del empleo. Estoy seguro de que el empleo será también una preocupación permanente en las políticas que se impulsen desde el futuro Consejo Europeo de Innovación, otra de las grandes y valiosas apuestas del Comisario.

Innovación y trabajo son, como hemos visto, realidades entrelazadas con múltiples conexiones que se retroalimentan, muchas de ellas nada triviales. Pero por mucho que el análisis de estas cuestiones sea muy técnico y complejo, el debate ya ha sobrepasado los muros de la industria y la academia y se ha instalado en la calle suscitando no pocas inquietudes e incertidumbres.

En el caso de España, el estudio demoscópico presentado por Cotec hace unos meses revela una población que, pese a valorar positivamente el cambio tecnológico de forma abrumadora se muestra al mismo tiempo preocupada por el efecto de la tecnología en el aumento de la desigualdad y también por su posible impacto negativo en el empleo.

Estos datos, y los demás que hemos conocido hoy, nos remiten a un escenario que demanda nuestra atención pero que no justifica en ningún caso posiciones extremas. Entre el miedo que paraliza y el optimismo que puede incitar a la despreocupación, Cotec Europa se decanta con acierto por un término medio realista y proactivo. Queridos amigos, hay tiempo para actuar, pero no hay tiempo que perder. Pongámonos todos “manos a la obra”.

Muito obrigado, tante grazie, muchas gracias.

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