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Palabras de S.M. el Rey en la Apertura del Curso Universitario 2017/2018

Universidad de Salamanca , 14.09.2017

La Universidad de Salamanca nos acoge hoy para celebrar la apertura del curso universitario en España. Es una ceremonia en la que, en su caso particular, esta insigne universidad no solo asume la representación simbólica de todas las universidades de nuestro país para marcar el comienzo del año académico −para los estudiantes españoles del ciclo de educación superior, se entiende−, sino que la convierte oportunamente en el arranque de la conmemoración de su octavo centenario: fue la primera creada en España, en el lejano año de 1218 por disposición del Rey Alfonso IX, heredando la experiencia del Stadium Generala de Palencia, años antes, bajo el reinado de Alfonso VIII.

Han sido ocho siglos de extraordinaria contribución al patrimonio tangible e intangible de nuestro país a través de la transmisión del conocimiento, de la investigación y la extensión de la cultura.

El nacimiento de la Universidad de Salamanca, una de las cuatro más antiguas de Europa, es, como aquí se ha reiterado, el nacimiento mismo del sistema universitario español, una efeméride que debemos celebrar y poner de relieve como bien merece.

Lo hemos escuchado a menudo y sería verdaderamente largo y prolijo exponer todo lo que esta universidad ha aportado al saber universal. Sin embargo, no podemos dejar de recordar la extraordinaria contribución de la Escuela de Salamanca al pensamiento político, jurídico y económico mundial, o la labor intelectual que situó a nuestro país en las mismas raíces del Derecho Internacional. Igualmente, cabe destacar el carácter precursor de esta universidad en lo que hoy denominamos movilidad académica, si consideramos la capacidad y la licencia especial que desde el mismo siglo XIII tuvieron sus titulados para impartir enseñanzas en todo el orbe cristiano, cuando el latín era lengua franca. Asimismo, Salamanca fue el modelo de Universidad que España fundó y desarrolló en América y Filipinas remarcando también la condición pionera de nuestro país en la proyección de estas instituciones en latitudes no europeas.

Realmente, Salamanca y su universidad nos recuerdan siempre lo mucho que España en su conjunto ha aportado a la Historia Universal a lo largo de los siglos. Algo que nos debe animar a conocerlo más, valorarlo justamente y sentirnos legítimamente orgullosos.

Señoras y señores. En la actualidad, vivimos tiempos de cambios y de profundas transformaciones que afectan a la sociedad en general y a cada uno de nuestros actores sociales, económicos y educativos. En este contexto de rápida evolución, la Universidad ocupa una posición singular, pues el sistema universitario en sí mismo es un factor de atracción de la inversión y un elemento catalizador en el círculo virtuoso de crecimiento y creación de empleo.

de este modo lograremos un sistema universitario sólido y atractivo que promueva la movilidad de estudiantes, profesores, e investigadores, la calidad educativa, el valor del español como lengua para la educación superior, la internacionalización de los programas formativos y las actividades de I+D+i. Un sistema que contribuya de forma eficaz a la mejor formación de nuestros ciudadanos, al desarrollo de nuestro tejido productivo, a la competitividad de España y, con todo ello y como he apuntado al inicio de mis palabras, a la mayor cohesión social en nuestro país

Pero la Universidad supone esencialmente un instrumento que contribuye a la formación de ciudadanos libres y responsables, capaces de decidir sobre su propio destino, ligándolo al interés general y al bienestar de la colectividad. Igualmente, al fomentar la igualdad entre los ciudadanos, desempeña un papel fundamental en la cohesión social. Por ello, es crucial que en todo momento sepamos valorar también la capital aportación de la Universidad a nuestro país.

Efectivamente, la Universidad ha sido un mecanismo innegable ─quizás el más importante─ de movilidad y de progreso social. Hoy día, nuestros estudiantes pueden elegir entre 84 universidades que cuentan con más de 1.000 centros universitarios, más de 500 institutos de investigación y 42 escuelas de doctorado. El número de universidades se ha triplicado desde las 27 que existían en 1975, y esto es un indicador objetivo del peso del capital universitario español.

Sin duda, nuestra Universidad ha avanzado y progresado mucho en los últimos lustros; se ha adaptado a una sociedad en constante evolución que cada día genera nuevas necesidades y requiere nuevas competencias y habilidades de los ciudadanos. Pero también es cierto que ese proceso de cambio y adaptación a las nuevas realidades no ha finalizado porque, aunque tenemos un sistema universitario de calidad ─de buena calidad media, como se ha recordado aquí─, hay campos en los que tenemos que mejorar, y retos que debemos saber abordar en el mundo globalizado, tan interconectado, complejo y altamente competitivo de nuestros días. Para afrontar esos desafíos es preciso tomar medidas siendo muy conscientes del papel clave de la Universidad.

Entre ellas cabe señalar su internacionalización y su acercamiento al tejido empresarial y a los ciudadanos. Asimismo, es muy importante que las instituciones públicas, el sector privado y los ciudadanos se sientan parte de este cambio, y que participen en él, porque su éxito está ligado al futuro de todos.

Para conseguirlo es necesaria la labor coordinada y comprometida de las universidades y centros de investigación, de los profesores, los investigadores, el personal de administración y servicios, y los estudiantes. Solo con la cooperación de los diferentes sectores se podrá impulsar con eficacia la calidad y la equidad de nuestro sistema universitario, dotarlo de la flexibilidad que precisa para adaptarse a los constantes cambios, fortalecerlo y destacarlo a nivel internacional.

De este modo lograremos un sistema universitario sólido y atractivo que promueva la movilidad de estudiantes, profesores, e investigadores, la calidad educativa, el valor del español como lengua para la educación superior, la internacionalización de los programas formativos y las actividades de I+D+i. Un sistema que contribuya de forma eficaz a la mejor formación de nuestros ciudadanos, al desarrollo de nuestro tejido productivo, a la competitividad de España y, con todo ello y como he apuntado al inicio de mis palabras, a la mayor cohesión social en nuestro país.

Queridos miembros de la comunidad universitaria,
Hoy comienza un nuevo curso académico en la Universidad. Por delante, un año de esfuerzo, trabajo y dedicación. Un año para la superación de retos personales y profesionales que todos afrontaréis con la ilusión y la responsabilidad que os da conocer el papel fundamental que la Universidad tiene en el futuro de nuestra sociedad.

Gracias a todos por hacer que la Universidad española siga siendo, como desde hace 800 años, ciencia y cultura, crecimiento y progreso. Felicidades por este extraordinario aniversario que enorgullece a todo el sistema universitario español y a España entera.

Y ahora me cabe el alto honor de declarar inaugurado el Curso Universitario 2017-2018.

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