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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto central de Cotec

Madrid, 23.11.2015

E​n varios momentos de este acto por la innovación bajo el lema “Un nuevo tiempo para Cotec”, se ha planteado la idea del viaje al futuro y, en general, la visión que tenemos del porvenir en sus diferentes aspectos y dimensiones. Lo acabamos de ver en la muestra de murales realizados por niños de distintas ciudades de nuestro país y en la estupenda interpretación que nos han ofrecido sobre este mismo escenario.

Algo similar a esa idea del “viaje al futuro” nos podemos imaginar al pensar en Silicon Valley a finales de los 80, cuna de los ordenadores personales, de la biotecnología, de Internet. Un lugar cargado de energía creativa y dinamismo en el que se estaba gestando la mayor ola de cambio tecnológico desde la revolución industrial y de tantos otros avances que han mejorado nuestras vidas y que modelan la actual economía del conocimiento.

Efectivamente, la California de los 80 representaba el éxito de una sociedad capaz de valorar la formación y de reconocer el talento de sus jóvenes; una sociedad que se atrevió a emprender y a innovar, es decir, que no penalizaba el fracaso. Una sociedad, en suma, orgullosa de sus valores y tradiciones, pero que miraba siempre hacia adelante. El presente de Silicon Valley en aquel tiempo se parecía mucho al futuro que el Rey Juan Carlos deseaba para España, por lo que, al regreso de la visita que realizó a ese entorno industrial y tecnológico, convocó a empresas e instituciones de todo nuestro país para poner en marcha un foro que fomentara en España el desarrollo de una economía y una sociedad más innovadoras. Así nació Cotec.

Y sirvan estas palabras para rendir un homenaje, sencillo pero muy profundo y lleno de gratitud y afecto, a Su Majestad el Rey Juan Carlos I, por ese impulso y apoyo constante dedicados a este proyecto. Pero sirvan, además, para hacerlo por una obra aún mayor: porque ayer recordamos todos que hace 40 años comenzaste tu andadura como Rey, con el gran objetivo y deseo de serlo de “todos los españoles”, convocándoles “a un gran proyecto de concordia nacional.”

Es un proyecto en permanente construcción; sobre nuestros éxitos, nuestras esperanzas y alegrías como Nación. También sobre nuestros errores, aprendiendo de ellos. Pero siempre con el compromiso solidario de generación tras generación para afianzar nuestro progreso y bienestar, y para contribuir al del resto del mundo.

Cotec cumplió su función y se convirtió, un cuarto de siglo después, en un agente clave para entender y acompañar el desarrollo del sistema español de innovación, en una institución de referencia más allá de nuestras fronteras.

El 20 de noviembre de 1990, hace 25 años y pocos días, Cotec iniciaba su actividad pública con un encuentro entre jóvenes investigadores y empresas. Hoy celebramos esta efemérides y nos felicitamos por los logros alcanzados. Además, lo hacemos sin nostalgia, con la mirada puesta en el futuro.

El gran reto pendiente es que el conjunto de nuestra ciudadanía y nuestra economía ─en particular las pymes─, asimilen la innovación como un atributo propio, como parte de nuestra forma de pensar y actuar. Una visión más abierta y colaborativa, más social y más ligada en definitiva a los valores de nuestra cultura. Esta es la visión con la que trabajará Cotec en los próximos años

Es cierto que en materia de innovación aún tenemos asignaturas pendientes y que emergen nuevos desafíos que habremos de saber encarar. Realmente es un reto que no acaba nunca, aunque sí puede evolucionar el foco de atención al que dirigimos nuestros esfuerzos para cambiar y mejorar las cosas.

También es cierto que en los últimos años la crisis ha golpeado con dureza a nuestra economía y que el sistema de I+D+I y el tejido de empresas innovadoras han sufrido un importante desgaste. Pero no cabe duda de que nuestro país es hoy, en esta materia, bien distinto al que vio nacer Cotec. Lo es en términos tangibles o cuantitativos, pero también en cultura y actitudes ante la innovación; aunque quizás es en esto donde mayor ―o más profunda― es la necesidad de mejorar.

Para constatar cuánto hemos avanzado, retrotraigámonos por un momento 30 años atrás cuando la prensa se hacía eco de una predicción científica que se hizo tristemente realidad. Me refiero a la pandemia de SIDA de finales de esa década. Europa en general se encontraba muy retrasada respecto a los EEUU en cuanto a su compromiso con la investigación de esa enfermedad. Sin embargo, finalmente, la aportación de la ciencia europea resultó clave para combatir el SIDA y, en la actualidad y en este contexto de colaboración internacional, la ciencia española avanza con fuerza.

En aquellos tiempos se anticipaban igualmente otros cambios que habrían de tener lugar en nuestra economía y nuestra sociedad. Pero, quizás, la información más relevante respecto a los temas que hoy nos ocupan fue la relativa a la Ley de la Ciencia, texto aprobado en 1986 que sentó las bases del actual sistema español de I+D+I. Una ley que contó con un inusitado consenso político, realmente ejemplar; y que volvió a repetirse hace cuatro años, con motivo de la aprobación de la actual “Ley de la ciencia, la tecnología y la innovación”.

Pues bien, tres décadas después y a pesar de los muchos retos pendientes, España es hoy la décima potencia del mundo en términos de producción científica. En este periodo se ha incrementado sustancialmente el porcentaje del PIB destinado a la I+D, así como la contribución del sector privado a ese rubro. Y en los sectores de alta tecnología el salto ha sido no solo cuantitativo, sino también cualitativo al abordar materias como la microelectrónica, la biotecnología, la investigación aeroespacial o la física de altas energías. España es actualmente un país de ciencia y será cada vez más un país de innovación.

Nuestro país ha cambiado mucho, sin embargo la situación dista mucho de ser óptima y no podemos caer en la autocomplacencia. No se trata sólo de mirar al pasado y felicitarnos por lo mucho que hemos avanzado. Se trata de conocer el pasado y reconocer, en nuestros éxitos, las capacidades para construir un futuro todavía mejor.

Hoy España dispone de talento y capacidades tecnológicas de primer nivel: personas, equipos, instituciones, empresas…; en fin, mucha energía vital, creativa, preparada y con ambición. Pero, como pude señalar en el Simposio de COTEC Europa hace solo unas semanas, debemos dar el salto de escala de lo singular ─y muchas veces puntual y extraordinario─ a lo colectivo y más normalizado y generalizado.

El gran reto pendiente es que el conjunto de nuestra ciudadanía y nuestra economía ─en particular las pymes─,  asimilen la innovación como un atributo propio, como parte de nuestra forma de pensar y actuar. Una visión más abierta y colaborativa, más social y más ligada en definitiva a los valores de nuestra cultura. Esta es la visión con la que trabajará Cotec en los próximos años.

Soy consciente de la enorme talla del reto que estoy señalando, pero también de que nuestra sociedad tantas veces ha demostrado sobradamente su capacidad para plantearse y para superar los mayores desafíos en tantos ámbitos; ha mostrado flexibilidad y apertura para incrementar sus cualidades con la visión puesta siempre en el mayor progreso de nuestro país.

Termino estas palabras deseando todo el éxito a Cotec en esta nueva etapa que ahora comienza en la que, como siempre ha sido desde vuestros inicios, podréis seguir contando con todo el apoyo de la Corona. Muchas gracias.

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