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Palabras de Su Majestad la Reina en su nombramiento como Embajadora Especial de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para la Nutrición

Sede de la FAO. Roma, 12.06.2015

Buenos días. Me gustaría transmitir de forma precisa y certera lo que significa que ustedes hayan confiado en mí para nombrarme hoy Embajadora Especial de la FAO para la Nutrición. Me siento muy agradecida y orgullosa, y les garantizo que mi empeño será desde ahora mismo servir a los objetivos de esta agencia de Naciones Unidas del modo más eficaz posible. Gracias, de corazón, por considerarme acreedora de este honor en un año además en el que iniciamos el recorrido hacia los objetivos de Desarrollo Sostenible post 2015. Y la nutrición, en realidad todo lo que implica, tiene un papel muy destacado por cómo afecta a la salud y al bienestar de las personas.

En un planeta donde se produce más de lo que se consume, es decir, un mundo en el que cada día tiramos comida, es inaceptable, intolerable, que 800 millones de personas padezcan hambre. Es cierto que hemos progresado. Pero hay que continuar. Y no es, sólo, un problema de recursos, o de su distribución. A estas alturas del siglo tenemos la capacidad técnica para producir alimentos saludables y suficientes para todos. Donde debemos incidir, sobre todo, es en movilizar voluntades. Pero seguir avanzando en el desafío que supone mejorar esa cifra aterradora de personas que padecen hambre, requiere el concurso de todos. Una acción colectiva que implica a gobiernos, desde luego, pero también al sector privado, a la sociedad civil y, en definitiva, a cada individuo. Así se recoge en la Declaración de Roma sobre la Nutrición que resultó de la Segunda Conferencia Internacional del pasado mes de noviembre y en la que participé con todo interés.

En aquel momento, hablé de lo importante que es afrontar el desafío de la malnutrición en todas sus formas como una inversión siempre rentable, como la mejor forma de prevenir y de mejorar, por tanto, la vida de las personas. La paradoja contemporánea que vivimos revela que mientras millones de personas no tienen que comer, más de mil millones comen mal y comen en exceso, lo que significa que padecen sobrepeso y obesidad, epidemias ambas que a menudo son discapacitantes y están, como saben, vinculadas a patologías cardiovasculares y metabólicas.

En un planeta donde se produce más de lo que se consume, es decir, un mundo en el que cada día tiramos comida, es inaceptable, intolerable, que 800 millones de personas padezcan hambre. Es cierto que hemos progresado. Pero hay que continuar

A este doble reto se enfrentan las autoridades sanitarias de todo el mundo. Y sólo el abordaje desde todos los sectores implicados hará posible una solución. No me extenderé ni entraré a considerar los equilibrios en los sistemas alimentarios, la agricultura sostenible, la seguridad alimentaria, el cambio climático, comercio agrícola y políticas comerciales, cambio en los hábitos de consumo, globalización en la producción de alimentos, pobreza rural, mejora en los suministros y en la distribución, calidad del agua… en fin, ustedes saben mucho mejor que yo de qué hablo.

Tan sólo quiero incidir en dos puntos que considero, también, capitales. Por un lado, el papel de la mujer. Lo dije en noviembre e insisto ahora, y está, además, contenido en la Declaración de Roma. Una mujer con acceso al conocimiento, y piensen en la magnitud de lo que esto significa cuando me refiero a cada mujer de cada país en los diferentes modelos sociales que existen, es la mejor garantía de que una comunidad mejore. Recuerdo aquí lo esencial que es la alimentación de la madre gestante y lactante, y la del hijo en sus primeros años de vida.

Por otro lado, quiero referirme a la importancia de que la industria agroalimentaria mundial participe de forma activa y responsable en la toma de conciencia general para llevar una vida saludable y, por tanto, libre de enfermedades. Y apunto también el papel que juega la ciencia, como proveedor, a través de la investigación, de evidencias que avalen mejoras en las prácticas de consumo y fabricación en la cadena alimentaria. Sería además deseable capitalizar los avances que ya existen en la investigación del genoma para lograr una medicina preventiva, precisa, personalizada y, por tanto, eficaz.

Mi país, España, está plenamente comprometido con todos los objetivos de la FAO de forma muy activa. No sólo por las diferentes políticas llevadas a cabo desde el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, también, por supuesto, en el desarrollo de nuestra política exterior con las herramientas de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Tenemos, además, en nuestra dieta mediterránea el mejor ejemplo de alimentación saludable y sostenible. Les invito, por cierto, a que comprueben en la Expo Milán 2015 las bondades de esta dieta y la decidida apuesta de España por la salud en el ámbito de la nutrición. Dieta mediterránea que como saben es más que un patrón alimentario, es una forma de vida.

Termino. Gracias de nuevo por su amabilidad y por su confianza. Nuestro deber es contribuir, cada uno desde su responsabilidad, a que esta realidad que todos conocemos cambie. Cuenten conmigo para ello como nueva y feliz Embajadora Especial de la FAO para la Nutrición.

Gracias.

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