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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de las Medallas de Honor de la Emigración Española

Veracruz (México), 07.12.2014

El hecho de que la primera actividad que realizo durante mi primer viaje a México como Rey de España, nos reúna esta mañana en el Círculo Mercantil Español ─ una institución donde ya estuvieron mis padres los Reyes Juan Carlos y Sofía ─ realmente tiene un significado muy especial:

Un significado de cariño y reconocimiento hacia la emigración española; especialmente a la que arribó a Mexico y a este Estado y municipio de Veracruz; y otro de gratitud permanente a la hospitalidad de esta tierra y de este gran país hacia los españoles que llegaron sobre todo por necesidad; un país con el que España está y se siente tan unido.

Los emigrantes españoles siempre se han caracterizado por el amor a sus raíces, por su honestidad y solidaridad, y por su espíritu emprendedor y de trabajo. También por su capacidad de integración respetuosa y constructiva en los países de acogida. Pues estas virtudes se hicieron realidad, desde sus inicios, en el Círculo Mercantil de Veracruz, popularmente conocido como Casino Español, y en la Sociedad de Beneficencia Española de Veracruz. Por esta razón ambas entidades se han hecho acreedoras del mayor reconocimiento y hoy he tenido la satisfacción de entregarles las Medallas de Honor de la Emigración Española, en su Categoría de Oro.

Esas cualidades que he mencionado son las que motivaron a un grupo de españoles afincados aquí a constituir, hace ya 150 años, el Círculo Mercantil de Veracruz. La voluntad de compartir y de remediar el infortunio del compatriota en situación de necesidad habla por sí sola de la excepcional calidad humana y patriótica de sus fundadores.

Sé que el Casino no se limitó a conservar las tradiciones y la cultura españolas, y a socorrer al español vecino de Veracruz, sino que también adoptó otras iniciativas solidarias, incluso en España. Es emocionante pensar que en 1885 prestó ayuda a las provincias peninsulares del sur de nuestro país afectadas por terremotos; y también, pocos años después, a los vecinos de la propia Veracruz, españoles y mexicanos, damnificados por las inundaciones de 1888.

Los emigrantes españoles siempre se han caracterizado por el amor a sus raíces, por su honestidad y solidaridad, y por su espíritu emprendedor y de trabajo. También por su capacidad de integración respetuosa y constructiva en los países de acogida. Pues estas virtudes se hicieron realidad, desde sus inicios, en el Círculo Mercantil de Veracruz, popularmente conocido como Casino Español, y en la Sociedad de Beneficencia Española de Veracruz. Por esta razón ambas entidades se han hecho acreedoras del mayor reconocimiento y hoy he tenido la satisfacción de entregarles las Medallas de Honor de la Emigración Española, en su Categoría de Oro

Ese admirable espíritu solidario impulsó la creación de la Sociedad de Beneficencia Española para procurar asistencia sanitaria a los miembros de la comunidad, así como la fundación del Deportivo Hispano Mexicano llamado a aportar savia nueva para revitalizar, con la ilusión de las nuevas generaciones, las entidades españolas y su incesante actividad en la sociedad veracruzana. Al mismo tiempo, la Sociedad de Beneficencia ha profundizado en la labor social iniciada por el Casino y sigue ayudando a los más necesitados, mejorando progresivamente su nivel de servicios y ampliando su ámbito de actuación a toda la sociedad a través de la prestación de servicios a muy diversos colectivos.

Aquí se conoce bien cómo a lo largo de su trayectoria ambas entidades, Casino y Beneficencia, han generado un valor añadido y han tenido el inmenso acierto de abrirse a la sociedad veracruzana fomentando la convivencia y enraizándose en el generoso tejido social mexicano. Enhorabuena a todos por esa gran labor, por esa extraordinaria trayectoria que hoy celebramos y que ha dado un vínculo más, muy humano y profundo, a la intensa relación fraternal entre México y España.

Y al recordar esta historia llena de valores y de recuerdos emotivos para tantos, no quiero dejar de mencionar tampoco el reconocimiento activo que España hace de sus emigrantes por diversas vías legales e institucionales.

Queridos compatriotas y queridos mexicanos familiares y amigos,
En estos días en los que celebramos la XXIV Cumbre Iberoamericana dedicada a reflexionar juntos sobre Educación, Innovación y Cultura, se hace patente que vosotros encarnáis, de alguna manera, el ideal iberoamericano con el que soñó José Vasconcelos, gran maestro de la renovación educativa y cultural de México. Un universo iberoamericano integrado por hombres y mujeres que contribuyen a articular una comunidad abierta, unida y enriquecida por la diversidad étnica y cultural; una Comunidad Iberoamericana proyectada a un futuro de progreso en paz y libertad.

Esa dimensión universal del emigrante, de los hombres y mujeres que se separan valerosamente de raíces y seres queridos en busca de nuevas oportunidades, merece todo el respeto, admiración y aprecio.

Termino ya mis palabras reiterando mi felicitación y mi agradecimiento al Casino Español y a la Sociedad de Beneficencia Española de Veracruz por la trayectoria ejemplar y la magnífica labor social realizada. Os animo a continuarla, transmitiendo nuestros mejores valores y tradiciones a los jóvenes españoles y mexicanos de vuestros centros y asociaciones con la seguridad de que siempre contaréis con todo nuestro apoyo.

Porque España os tiene permanentemente presentes en la memoria y en el corazón.

Muchas gracias.

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