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Palabras de Su Majestad el Rey en la Ofrenda Nacional al Apóstol Santiago

25.07.2014

Hoy cumplo con emoción mi deseo de venir a Compostela, para hacer personalmente esta tradicional ofrenda del 25 de julio al Apóstol Santiago, patrón de España, en los comienzos de mi reinado. Pero quiero que mis primeras palabras sean para recordar, con un sentimiento profundo de dolor, a las víctimas del accidente ferroviario de Angrois que, el año pasado, llenó de luto a tantas familias, conmovió a toda España y ensombreció esta fiesta.

La Reina y yo lo tenemos muy presente y queremos que, en este aniversario, nuestra presencia aquí sea también testimonio de homenaje y respeto a los fallecidos, de solidaridad con sus familias y de recuerdo a todos los afectados por la tragedia.

Esta tierra gallega concentró en aquellos días el dolor de toda España, y nos dio una extraordinaria muestra de solidaridad, de civismo y de nobleza que nos llenó de orgullo a todos los españoles.

Galicia, gracias de corazón.

Un año después ─ayer─ otro trágico accidente de un avión y muy lejos de aquí, en tierras africanas segaba la vida de 116 personas, entre ellas 6 compatriotas nuestros. Nuestra condolencia profunda para sus familias y sus compañeros, así como para las de las demás víctimas, de distintas nacionalidades. A sus pueblos ─especialmente al pueblo francés, tan querido y tan históricamente vinculado a este Camino─, y a sus autoridades,  la Reina y yo queremos trasladarles el pésame y el sentimiento solidario de todos los españoles.

Llegamos hoy ante esta Catedral también para mantener viva una tradición de nuestra Monarquía: la ofrenda nacional instaurada por Felipe IV, expresión de una relación estrecha y singular entre la Corona y la ciudad de Santiago de Compostela.

Como ha manifestado mi padre, el Rey Juan Carlos, en diversas ocasiones durante su reinado, el Rey de España quiere estar presente en la meta de la peregrinación jacobea para reconocer que este legado histórico, cultural y espiritual posee un enorme y singular valor.

Llevo con muchísimo orgullo que Galicia me haya distinguido como Embajador de Honor del Camino de Santiago. Y por eso, quiero recordar hoy los méritos y cualidades de esta vía histórica y milenaria que pude destacar cuando el Camino recibió, en 2004, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

El Camino, que es símbolo de fraternidad entre pueblos y personas del mundo entero, fue el primer proyecto común de Europa y constituye una muestra temprana de la relación armoniosa que se sustenta en lo que nos une. Con ella, con Europa, España está ─y seguirá estando siempre─ firmemente comprometida.

El Camino es reflexión, experiencia y búsqueda; pero también es respeto, comprensión, solidaridad, diálogo entre culturas y lenguas.

En la configuración de nuestra nación, toda la variedad y riqueza de sus pueblos ha contribuido a definir nuestra identidad. Como dije ante las Cortes Generales hace poco más de un mes, en nuestra España constitucional, unida y diversa, caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben todas las formas de sentirse español. Y eso hace de nosotros una gran comunidad social, cultural y política

La historia de los pueblos no es el mero resultado de unos acontecimientos acaecidos al azar. A lo largo de los siglos, los que nos han precedido en el tiempo han ido sedimentando, con sus vidas y con sus obras, los cimientos que nos hacen ser lo que somos, y que nos proyectan en la construcción del futuro que deseamos. Y una construcción bien cimentada tiene siempre  mayor garantía de conservar su solidez y estabilidad.

En la configuración de nuestra nación, toda la variedad y riqueza de sus pueblos ha contribuido a definir nuestra identidad. Como dije ante las Cortes Generales hace poco más de un mes, en nuestra España constitucional, unida y diversa,  caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben todas las formas de sentirse español. Y eso hace de nosotros una gran comunidad social, cultural y política.

Y las distintas herencias ─en sus dimensiones religiosas y culturales— han marcado el devenir de nuestras gentes. Que haya miles de personas que se lancen todos los años, con sus distintas motivaciones, a recorrer la Ruta Jacobea es muestra de pluralidad y homenaje espontáneo a un patrimonio espiritual y cultural que a todos nos enriquece.

Al igual que los peregrinos tienen fijada su mirada en ese más allá que les va señalando las etapas de la ruta, los españoles ponemos la vista en el futuro. Porque todos, sin excepción, deseamos ir dejando atrás los tiempos de dificultad; porque queremos seguir avanzando en la senda del bienestar compartido, de las ilusiones que crean esperanza, de los proyectos que movilizan energías conjuntas.

La crisis ha golpeado severamente a muchísimos españoles, que han sufrido o están viviendo situaciones difíciles a causa del paro; de la falta de oportunidades laborales para los jóvenes y para muchos hombres y mujeres que ya no lo son. Como también es cierto que revertir esa situación ha sido, está siendo y será la prioridad del Estado y de toda la sociedad española. Así me expresé en mi discurso de proclamación como Rey de España y he querido reiterarlo hoy aquí. Y porque, en palabras del Papa Francisco, “el trabajo es un deber que la sociedad tiene que ofrecer para que todo hombre y toda mujer pueda crecer en dignidad”.

Por eso, son siempre necesarios todos los esfuerzos posibles para ayudar a las personas más vulnerables, para superar desigualdades y lograr la mayor cohesión social entre los españoles.

Patrón de España, Apóstol Santiago,

O futuro pertence sempre aos audaces, a aqueles que sabendo recoñecer as dificultades, considéranas non como un impedimento senón como unha oportunidade. Esta nación, coa que a túa figura está tan avencellada, soupo dar mostras da súa xenialidade e da súa imaxinación para vencelos obstáculos e as contrariedades.

A Raíña e eu queremos hoxe que estas palabras cargadas de plena confianza no pobo español, na súa capacidade de adaptarse aos retos desta hora, enchan o corazón das nosas xentes e fagan resoar sempre en todos nos a esperanza.

Así cho ofrecemos.

Así cho pedimos.

 

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