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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias para la inauguración de la Conferencia de las Partes Contratantes del Convenio de Ramsar.

Valencia, 18.11.2002

C

omo español y como amante de la Naturaleza he aceptado con mucho gusto inaugurar esta Conferencia, tan interesante por su contenido, y que une el nombre de España y de Valencia a los de los países y ciudades en los que desde 1980 ha celebrado sus reuniones.

Quiero que mis primeras palabras sean de saludo a sus promotores y organizadores, y de cordial bienvenida a los representantes de más de cien países, que van a participar en sus trabajos.

Desde que se firmó en 1971, el Convenio de Ramsar ha ido ampliando progresivamente sus objetivos y consolidando la importancia de los humedales en la regulación del ciclo hidrológico y la estabilización del clima, el valor de sus recursos y suministros y sus elementos culturales y tradicionales.

Con estas premisas se ha situado en un lugar preferente en el panorama internacional de defensa de la Naturaleza y protección de las especies migratorias, y mantiene estrechas relaciones con las cuatro ONGs asociadas a estos objetivos, y con instituciones tan destacadas como el Banco Mundial, la Unión Europea, la OCDE y el Consejo Mundial del Agua.

España participa activamente en el Convenio y sus actividades, a nivel nacional y autonómico, desde 1982, mediante medidas legales, Planes Estratégicos, y proyectos como los surgidos, a raíz del grave accidente de Aznalcóllar, en Doñana y el Corredor Verde del Guadiamar.

No es, pues, casual, que muestro país sea este año anfitrión de esta Conferencia. Su lista de humedales es de importancia internacional, con nombres tan brillantes como los de Doñana, el Delta del Ebro, la Albufera de Valencia y el Mar Menor, los tres últimos en el área mediterránea; la próxima incorporación de lugares significativos, como el estuario del Bidasoa y la Bahía de Cádiz; y su vinculación europea e iberoamericana, mediante la Red Natura 2000 y el programa Araucaria, dibujan los perfiles de un compromiso que la reunión que hoy comienza contribuirá sin duda a relanzar.

Bajo el lema "Humedales: agua, vida y cultura", vais a examinar la aplicación del Convenio en cada uno de los países firmantes, poner a punto su organización y establecer su plan de acción en los próximos años.

Pero lo que me parece más interesante, por su inmediata aplicabilidad y su directa proyección en la sociedad y la opinión, son las sesiones técnicas que van a realizarse, y en particular la que presentan expertos de las Universidades de esta tierra sobre la gestión de los humedales para el uso sostenible y el bienestar humano, y sus aspectos culturales.

La cultura del agua es una vivencia básica de la fisonomía de Valencia y el carácter de sus habitantes. El Tribunal de las Aguas es su manifestación más visible y con mayor impacto, al ser única en su genero. Además, el agua y sus vicisitudes se han retratado y relatado, en sus tonos vitales y optimistas, y en sus secuencias conflictivas e incluso trágicas, en las pinturas, novelas y versiones cinematográficas de Sorolla y Blasco Ibáñez, dos de los nombres más ilustres de la cultura valenciana y española moderna.

Pero la democratización de la cultura supone hoy un nuevo punto de vista, al que quisiera referirme brevemente.

En este sentido, cultura es, en primer lugar, comprensión de los humedales como recurso natural, fuente de riqueza y motor de crecimiento. Tenemos que sacar a la Naturaleza y su biodiversidad del ámbito ambiguo de lo acomodaticio, de lo que se dice sin pensarlo ni creerlo para amoldarse a los imperativos del pensamiento débil, y crearnos una convicción auténtica del valor de lo natural.

Cultura es también profesar, como una parte importante de nuestra educación y convivencia civil, un respeto y un uso racional de estos recursos naturales, evitando una explotación abusiva que los agoten, aniquilando no sólo los paisajes, sino la vida y el futuro de sus habitantes.

Cultura es, en fin, fomentar y renovar, conforme al tiempo que vivimos, la malla de actividades personales y de relaciones vecinales y sociales, los ritos y los símbolos que nacen y la vez sostienen un ecosistema que es obra admirable del ingenio humano, y no una actividad meramente marginal y sin importancia.

Por ello, deberíamos animar a nuestros especialistas, y los tenemos excelentes, a bucear en estos temas y tratarlos al nivel y con la dignidad que merecen, haciéndolos asequibles y atractivos al gran público, que, quizá por culpa un poco de todos, no ha llegado a captar el interés y singularidad de nuestros humedales.

Confío que la reunión de esta Conferencia en Valencia, tanto por la densidad de los temas que va a tratar, como por el impulso de las instituciones, de España y de las personas que van a participar en sus sesiones, nos marque el camino a seguir para convertir en realidades estas reflexiones e ilusiones.

Con esta esperanza, declaro inaugurada la VIII Conferencia de las Partes Contratantes del Convenio de Ramsar.

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