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Palabras de Su Majestad el Rey en la Recepción al Cuerpo Diplomático acreditado en España

Palacio Real de Madrid, 23.01.2002

S

eñor Nuncio Apostólico,Señoras y Señores Embajadores:

Quisiera agradecer en primer lugar las acertadas y afectuosas palabras del Decano del Cuerpo Diplomático y daros la bienvenida a esta tradicional recepción. La Reina y Yo queremos expresaros, al comenzar el año, nuestros deseos mejores de felicidad personal y de prosperidad para los países que tan dignamente representáis.

Hace poco más de doce meses asistíamos al nacimiento de un nuevo siglo y manifestábamos nuestra fe en la capacidad del ser humano para seguir superando dificultades y obstáculos en el largo camino hacia la libertad, la paz y la justicia.

Nuestras esperanzas se vieron sometidas a dura prueba con los acontecimientos del pasado 11 de septiembre, que conmocionaron a hombres y mujeres en el mundo entero. A nadie podía caber ya duda alguna sobre la magnitud del desafío terrorista contra los valores comunes a todas las civilizaciones y contra la paz y la seguridad internacionales.

El año recién concluido fue también el de la reacción firme y admirable del pueblo norteamericano y de su Gobierno, que contaron con la solidaridad y el apoyo de todas las naciones amantes de la paz y del Derecho.

No es posible todavía medir plenamente las consecuencias de unos acontecimientos tan graves y recientes, que parecen el preludio de una nueva época. Sin embargo, en la solidaridad universal hacia las víctimas y en la decidida reacción internacional contra la barbarie terrorista podemos encontrar la inspiración para nuevas y más intensas formas de cooperación internacional.

Debemos mirar hacia el futuro con esperanza. La eficaz cooperación que la Comunidad Internacional ha comenzado a desarrollar para combatir el terrorismo, debe convertirse en la pauta para hacer frente a los graves problemas de la humanidad.

La pobreza, la ignorancia, o las violaciones de los derechos humanos, que están en el origen de tantas tensiones y conflictos, no pueden ser resueltos sin una acción de todos, tenaz y decidida. En el siglo XXI, la cooperación internacional es condición indispensable para garantizar un marco general de estabilidad, que permita el progreso de la democracia y el desarrollo económico y social de los pueblos.

Señoras y Señores Embajadores:

La política exterior de España mantiene su compromiso esencial con la paz y los derechos humanos.

Las Naciones Unidas están llamadas a desempeñar un papel esencial en el orden internacional en el nuevo milenio. España enfoca las grandes Conferencias y reuniones de Naciones Unidas en este año desde la convicción de que es necesario promover un esfuerzo colectivo para hacer frente a los grandes problemas de la globalización. Emplearemos nuestras mejores energías en esta tarea.

Con este espíritu, España ha presentado la candidatura para ser elegida, el próximo mes de octubre, miembro del Consejo de Seguridad en el bienio 2003-2004 y desea contar para ello con el apoyo del mayor número posible de países.

Los derechos humanos se han convertido en uno de los ejes más firmes de la acción exterior de España. En este sentido, continuaremos nuestra activa labor en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas e impulsaremos la entrada en vigor del Estatuto del Tribunal Penal Internacional.

El año que ahora empieza es importante para España y para Europa.

Corresponde a España ejercer, por tercera vez, la Presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea durante los próximos seis meses. Ello supone sin duda una gran responsabilidad, pero también una oportunidad de contribuir a lograr una Europa cada vez más integrada, más libre y más próspera. España ha iniciado ya con entusiasmo esta tarea al servicio de todos los ciudadanos de la Unión.

Estamos convencidos de que, al trabajar para conseguir "Más Europa" -como reza el lema de nuestra Presidencia-, los españoles impulsamos de la manera más efectiva la causa de la libertad, de la solidaridad y de la dignidad del ser humano, que es la razón de ser de la integración europea.

Las prioridades de la agenda de nuestra Presidencia reflejan el doble deseo de fortalecer, a un mismo tiempo, la integración europea y el papel de Europa en el mundo.

La gran prioridad, sin duda, es la lucha contra el terrorismo, que ha pasado a ser el objetivo principal de los Quince ante la necesidad perentoria de alcanzar rápidamente un Espacio Único de Libertad, Justicia y Seguridad en el ámbito de la Unión.

En segundo lugar, España velará para que el éxito del lanzamiento del euro se confirme como un paso decisivo hacia una integración más completa y ambiciosa.

Con este espíritu, España desea impulsar el proceso, iniciado en Lisboa, de reformas estructurales y de flexibilización de la economía comunitaria, para consolidar en la Unión un espacio económico próspero, competitivo y con más empleo. España aspira a que el Consejo Europeo Extraordinario de Barcelona constituya un referente esencial en este proceso.

En relación con el futuro de Europa, corresponde a nuestra Presidencia iniciar el debate institucional, que permitirá acometer las reformas constitucionales que Europa necesita con vistas a la futura ampliación. España concede una gran importancia al éxito de las negociaciones para la ampliación de la Unión, que pondrá fin a los últimos vestigios de la división de Europa, integrando en el gran proyecto europeo a aquellos países que durante largas décadas no pudieron participar en nuestro espacio común de democracia y progreso.

Para reforzar el papel de Europa, la Presidencia española pondrá todo su empeño en el desarrollo de la Política Exterior y de Seguridad Común, de forma que la Unión Europea pueda actuar con eficacia en el escenario mundial. Dedicaremos una atención especial a lograr un avance significativo en la Política Europea de Seguridad y Defensa, plenamente compatible con el indispensable fortalecimiento del vínculo trasatlántico.

No quisiera concluir mis palabras relativas a la dimensión europea de España en el nuevo año, sin destacar la importancia que concedemos a las relaciones con otros países del continente no integrados en la Unión, como es el caso de Rusia, actor indispensable en la política europea. Es necesario subrayar nuestro empeño en lograr que la libertad, la democracia y la seguridad se extiendan por toda Europa. En este sentido, deseo destacar la contribución de nuestras Fuerzas Armadas, a las que deseo rendir tributo, cuyos contingentes en Kosovo, Bosnia y Macedonia contribuyen a la pacificación de los Balcanes.

Señoras y Señores Embajadores:

Iberoamérica es una prioridad permanente para España porque forma parte de nuestra propia identidad. Compartimos una comunidad de valores e intereses que abarca todos los campos y que, en los últimos años, se ha visto sin duda fortalecida con el estrechamiento de vínculos económicos con muchos países de la región.

Este componente económico ha venido a robustecer nuestra interdependencia y ha comprometido a grandes empresas españolas en el desarrollo y la prosperidad de Iberoamérica. Se trata de un compromiso estratégico y vinculante con el futuro de ese continente, mas allá de situaciones o circunstancias coyunturales.

Estamos firmemente comprometidos con la paz, la estabilidad y la prosperidad de Iberoamérica y recordamos con gratitud la actuación generosa de tantos países hermanos que supieron estar a nuestro lado en momentos difíciles. España no escatimará esfuerzos ni energías para apoyar en toda circunstancia y lugar a los países de la Comunidad Iberoamericana. En este contexto, quiero reiterar la solidaridad incondicional y el apoyo de España al pueblo y al Gobierno de la gran nación Argentina.

Es mi firme deseo que este año la Decimosegunda Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar en Santo Domingo, permita a nuestra Comunidad de Naciones demostrar su dinamismo frente a los desafíos que nos afectan.

En este año que comienza, las relaciones de España con Iberoamérica estarán positivamente marcadas por la celebración de la Segunda Cumbre de la Unión Europea y América Latina y Caribe, que tendrá lugar en Madrid en el próximo mes de mayo, durante la Presidencia española de la Unión. Esta Cumbre es la más alta expresión del diálogo político euro-latinoamericano y permitirá impulsar la asociación estratégica, en la que España está empeñada, entre ambas regiones.

España comparte los problemas y esperanzas de los pueblos mediterráneos, de los que somos parte por geografía, historia y cultura. El Mediterráneo ha ocupado siempre un lugar central en nuestra identidad colectiva y en los horizontes vitales de España y por ello otorgamos gran importancia a la creación de una zona de paz y seguridad en torno al Mare Nostrum.

Durante su Presidencia, España se propone insuflar un nuevo vigor al Proceso de Barcelona y prepara con gran ilusión y esperanza la celebración en Valencia, en el mes de abril, de la Conferencia Euro-Mediterránea, destinada a revitalizar el Proceso en todos los ámbitos.

La actual situación en Oriente Medio constituye un persistente factor de inestabilidad y una preocupación permanente para España, que tantas energías ha dedicado a hacer avanzar el Proceso de Paz y que no ahorrará esfuerzos, junto con sus socios comunitarios, para lograr el cese de la violencia en la zona y facilitar el diálogo entre las Partes.

España ha intensificado su acción exterior en nuevos escenarios.

España ha comenzado a dar un nuevo impulso a sus relaciones con los países de Asia y del Pacífico y acaba de cumplir la primera fase de un Plan Marco para la región con un balance positivo. Se han desarrollado lazos políticos y económicos con los países asiáticos y se ha profundizado en un mejor conocimiento entre nuestras respectivas sociedades. Por lo que se refiere al África Subsahariana, contribuiremos, desde nuestra Presidencia de la Unión, al desarrollo del diálogo Europa-África y apoyaremos la iniciativa del Nuevo Partenariado Africano.

Con los Estados Unidos, además de la tradicional y muy estrecha colaboración en el ámbito de la defensa, nuestra cooperación bilateral se ha reforzado en nuevos campos sobre la base de la Declaración Conjunta firmada el pasado año. Como aliados y amigos, estamos dispuestos a dar un impulso decisivo a nuestras relaciones políticas, económicas, culturales y tecnológicas, así como a profundizar en la colaboración para hacer frente a los nuevos riesgos y amenazas, como es el caso del terrorismo.

La sociedad española está cada vez más comprometida con la causa del desarrollo. Desde hace años y como fiel reflejo de esta sensibilidad, que anida en tantas ONGs españolas, la Cooperación al Desarrollo, cuyo eje fundamental es la lucha contra la pobreza en todas sus manifestaciones, ha pasado a ser un elemento básico de la política exterior española.

Componente esencial de esta solidaridad con otros pueblos son nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad, que se han distinguido por su participación en misiones humanitarias en todo el mundo. Deseo destacar la actuación de la Guardia Civil en Timor Oriental, donde desde el año 2000 realiza una encomiable labor en el campo de la seguridad. Asimismo, muy pronto, un contingente de casi 500 hombres y mujeres se desplazará a Afganistán donde, bajo la égida de Naciones Unidas, contribuirá a facilitar la gobernabilidad del país y a asegurar la ayuda humanitaria.

Por último, no quisiera dejar de señalar la importancia y el auge crecientes de la lengua española en el mundo. El Instituto Cervantes está desempeñando una labor encomiable para responder al interés que despierta nuestro idioma, al tiempo que contribuye de manera decisiva a su difusión.

El pasado año tuvo lugar en Valladolid el II Congreso Internacional de la Lengua Española, que reunió a las 21 Academias de la Lengua en torno al tema "El Español en la Sociedad de la Información", cuestión esta crucial para el futuro del español.

Señor Nuncio, Señoras y Señores Embajadores.

El año que ha concluido fue testigo de acontecimientos dramáticos, pero también de una extraordinaria manifestación de solidaridad por parte de la Comunidad Internacional, que ha sabido reaccionar con energía para defender con eficacia los valores de la civilización.

Este espíritu de cooperación en el que han participado, con magnífica sintonía, naciones grandes y pequeñas, debe servirnos de inspiración en el Nuevo Año para hacer progresar la seguridad, la justicia y la paz. La defensa de la dignidad del ser humano y la pasión por la libertad deben ser el objeto permanente de nuestros desvelos.

Hago votos para que el mundo avance por el camino de la concordia en el año 2002 y por la ventura de cuantos nos acompañáis en esta ceremonia de Año Nuevo, y os ruego trasladéis a vuestros respectivos Jefes de Estado y a los pueblos que representáis, nuestros mejores deseos de prosperidad y de paz.

Muchas gracias.

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