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Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey

Madrid(Palacio de La Zarzuela), 24.12.1986

C

on mi deseo de felicidad para todos, una vez más me dirijo a vosotros en estas fechas de la navidad, en las que el encuentro con los seres queridos estimula el ánimo hacia el diálogo y la reflexión en común.

Hemos vivido en este año que pronto va a terminar hechos de singular significación en la marcha hacia el futuro de nuestra democracia. Todos ellos, los positivos y los negativos, los momentos alegres y los tristes, nos impulsan a profundizar en la convivencia libre, pacífica y generosa entre todos los españoles. Ese es el camino por el que hemos decidido concluir nuestra andadura como nación, y por el que discurre también el quehacer y la comparecencia de la Corona en la vida ciudadana.

Viene a mi recuerdo, entre los acontecimientos de estos doce meses, el momento en que el Príncipe de Asturias, Heredero de la Corona, juró en el solemne recinto de las Cortes Generales, ante los legítimos representantes del pueblo español, la Constitución que rige nuestra vida colectiva.

Este acto, que me llenó de emoción, tuvo un trascendente significado de continuidad y de responsabilidad en la vinculación regia a los valores democráticos y a la leal colaboración que la Corona facilita y requiere para consolidar el juego de las libertades.

Y no olvido tampoco la lealtad y simpatía que expresó el Presidente del Gobierno a mi hijo al serle impuesto el collar de la Orden de Carlos III aquel mismo día en que el Príncipe Felipe alcanzaba la mayoría de edad, en un acto solemne y significativo para el normal funcionamiento de nuestras instituciones constitucionales.

Concluimos también nuestro primer año de participación plena y activa en las instituciones europeas. La realidad y la vocación europea de España, siempre presentes en nuestra historia, encuentran ahora el marco adecuado para desarrollarse y expresar todo su vigor.

Los esfuerzos que la sociedad española debe realizar para cubrir satisfactoriamente un período de adaptación no exento de dificultades, deben ser un estímulo para nuestro propio desarrollo y progreso.Nuestra participación en un marco político y económico como el europeo ofrece grandes posibilidades, y a la vez nos plantea importantes retos que debemos afrontar con la confianza y la tenacidad que requieren las grandes empresas. Así podremos contribuir también con entusiasmo a la realización moral y material de esa gran Comunidad Europea que queremos construir. Una Comunidad en la que, como tantas veces me enorgullezco en proclamar, trabajaremos sin descanso para garantizar una relación intensa y solidaria con las naciones hermanas de Iberoamérica.

Al cumplirse diez años desde que se inició el proceso democrático, hemos de recordar también el cincuentenario de una guerra civil que enfrentó a españoles con españoles. Lo ocurrido está ya escrito en la historia y alejado de nuestro presente, pero su recuerdo debe servir para que cada uno de nosotros, viejos o jóvenes, protagonistas, testigos o simplemente conocedores de aquellos hechos, reflexionemos en la intimidad de nuestras conciencias y obtengamos conclusiones del recuerdo, borrando cicatrices, eliminando de nuestro ánimo todo vestigio de enfrentamiento o violencia y afirmando el espíritu de paz y armonía que ha de inspirarnos.

Ahora que la convivencia pacífica y las libertades son una realidad definitivamente alcanzada, debemos fortalecer el propósito de guiar para siempre nuestra vida colectiva a través del diálogo y el respeto mutuo como únicos instrumentos válidos para resolver los problemas.

Hemos construido entre todos un sistema político basado en la libertad, la voluntad democrática de las mayorías y el respeto a las minorías, la representación pacífica y constructiva de los intereses y de las ideas y la autoridad legítima de las instituciones.

La insistencia y claridad con que el pueblo español ha manifestado sus deseos consagran y justifican normas, acuerdos y esfuerzos dirigidos a facilitar el entendimiento y la colaboración entre sectores sociales, tendencias y comunidades. Un entendimiento que responde a la voluntad de la gran mayoría de nuestro pueblo, y que sólo el egoísmo y la ignorancia han impedido en algunos momentos de nuestra historia.

Con sensibilidad y altura de miras, con una educación ciudadana ejemplar, habéis acudido a las urnas en las consultas electorales realizadas a lo largo de este año.Podemos decir y reconocer que la democracia, basada en el sufragio universal, ha funcionado en sus mecanismos esenciales. Pero además, es preciso que todos, los gobernantes desde las instituciones, las organizaciones políticas y sociales desde su representación y los ciudadanos desde el trabajo cotidiano de cada uno, sigamos esforzándonos por hacer cada día más reales los valores que proclama nuestra Constitución.

El derecho al trabajo, la cultura abierta y plural, el bienestar económico y laboral, la igualdad de oportunidades, la extensión de las atenciones sociales, la seguridad de las personas, el servicio a los ciudadanos desde los poderes públicos, son aspiraciones en las que hemos de profundizar inspirados por una voluntad de progreso y de reforma de nuestra vida nacional.

Me siento orgulloso de proclamar mi fe en el pueblo español, al que me honro en servir, y sé que desea libertad, justicia y bienestar. Hacia esos objetivos hemos de caminar unidos por encima de discrepancias, de intereses particulares y de las acciones que tratan de imponernos el temor.

El terrorismo no ha cejado este año en su empeño criminal. Tampoco nosotros cejamos en combatirlo. Esta plaga, cuya víctima es toda la sociedad, no nos va a derrotar ni ahora ni nunca. Tenemos la razón frente a sus sinrazones. Queremos la paz, frente a la barbarie de unos pocos.

Los próximos años serán decisivos para el destino de nuestra patria. Del acierto con que sepamos afrontar los retos que nos aguardan depende en gran medida que podamos dejar a nuestros hijos una España más justa, más próspera y con un renovado papel en el concierto internacional. Dentro de seis años, en 1992, celebraremos el V Centenario del descubrimiento de América, fecha histórica del encuentro con los pueblos del otro lado del Océano. Ese mismo año tendrán lugar en España grandes acontecimientos, que atraerán sobre nuestra patria la atención del mundo entero. Debemos estar preparados para responder a esa cita, que no sólo ha de servir para fortalecer el prestigio de España sino también para dar un paso adelante en el diálogo y la convivencia entre los pueblos del mundo.

Se abre ante nosotros un futuro lleno de posibilidades, de incógnitas y de desafíos. El acelerado avance tecnológico al que no podemos ni debemos dar la espalda, puede permitir, si se pone al servicio del hombre, albergar la ilusión de un mundo mejor para todos. Pero a la vez no podemos olvidar en estas fechas que subsisten en muchos lugares situaciones de hambre y miseria, de graves conflictos bélicos, de discriminación racial, de ausencia de libertad. Situaciones que repugnan a la conciencia y ante las cuales, hoy más que nunca, la solidaridad constituye una obligación ineludible.

Contemplemos, pues, el futuro con esperanza. Con la esperanza que da la fe en nuestras propias fuerzas, la voluntad de seguir avanzando día a día, con serenidad y firmeza, y el orgullo del patrimonio de civilización y cultura legado por nuestros mayores y que hemos de preservar y enriquecer.Hacia vosotros, hacia todos los españoles, en esta noche entrañable va mi corazón para desearos paz y ventura.

A cuantos estáis en la patria y a los que fuera de ella sentís la nostalgia de vuestra tierra.

A los que disfrutáis de la felicidad y a quienes sois víctimas del sufrimiento y del dolor.

A todos, en este espíritu de armonía consagrado por la navidad, mi cordial afecto y el de mi familia.

Buenas noches.

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Mensaje de Navidad de S.M. el Rey