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Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey

Madrid(Palacio de La Zarzuela), 24.12.1983

C

on el propósito de dirigiros un entrañable saludo en estas fiestas de la navidad, comparezco en vuestros hogares, como en ocasiones anteriores.

Permitidme, a la vez, ofreceros esta Casa y el afecto de mi Familia.

A lo largo del año que está próximo a concluir, hemos recibido numerosas muestras de cariño y de adhesión. Aprovecho esta oportunidad para agradecerlas públicamente, al mismo tiempo que os reitero el permanente abrazo con que la Corona quiere unir, en un sentimiento fraternal, a todos los españoles.

Deseo también, en estos instantes, pediros que me acompañéis brevemente en una sincera reflexión sobre España. Ella representa la dimensión que nos proporciona el sentido profundo e histórico de nuestras vidas, como miembros de una gran comunidad.

Todos formamos parte, como tantas veces he dicho con firmeza y con sinceridad nacidas de un compromiso histórico, de una gran familia. De una gran empresa. De un destino que nos une a todos en esta España nuestra.

Recuerdo haber afirmado en una oportunidad como ésta de las fiestas navideñas, que debíamos estar orgullosos de ser españoles.

Pero también es imprescindible que hagamos todo lo posible para que ese orgullo esté justificado, porque hayamos sabido aportar a la Patria nuestra ayuda, nuestra colaboración.

Hemos de llenar nuestro espíritu de los valores de la nación. El bien de la nación. El bien de España ha de constituir nuestro empeño, nuestra ilusión y nuestra esperanza.

Toda opción política debe tener también ese objetivo. Podremos discutir apasionadamente, pero de forma correcta y civilizada, nuestros criterios dispares sobre la forma de alcanzar ese bien para nuestra patria.

Pero reservemos para nosotros cuanto sea posible las diferencias sin propalarlas ni extenderlas y mostremos en cambio abiertamente nuestra unión y nuestra colaboración para conseguir lo que España desea y necesita.

Es preciso que unidos nos alegremos de todas las ventajas que nuestro esfuerzo consiga y que lamentemos juntos los males que en cualquier aspecto puedan afectar a nuestra patria.

Porque lo que no resulta admisible, ni eficaz, ni patriótico, es dar la sensación de que nos congratulamos de las desgracias que a España perjudican, por el hecho de que ocurran bajo el mandato político de aquéllos con cuyas ideas no se coincide en un momento dado.

Aprendamos a distinguir el bien y el mal de lo que en España suceda, por el bien y el mal en sí mismos y por sus consecuencias para nuestra patria.

Alegrémonos del primero y lamentemos el segundo, por encima de intereses políticos o de circunstancias temporales, unidos en las alegrías y en las dificultades.

Como Rey os felicito y me felicito al finalizar un año, porque en él ha brillado especialmente esa solidaridad nacional.

Recordad que en especiales circunstancias dramáticas hemos sabido comportarnos, como en el caso de las inundaciones del norte, con un alto sentido de responsabilidad comunitaria.

Para aquéllos que en esos hechos ofrendaron su vida al servicio de los demás, quiero que compartamos un recuerdo emocionado.

Reconozcamos también el valor de las instituciones. En su funcionamiento correcto y en el respeto a sus decisiones, está una de las claves de nuestra convivencia democrática.

Un pueblo en marcha necesita de instituciones libres, responsables y abiertas, al servicio de la gran política que exige nuestra hora y que hemos de ofrendar a España.

Sí. España entera, generosa, noble y estimulante, está aquí entre nosotros, por encima de avatares, fechas y problemas que nunca nos acobardaron, invitándonos a profundizar en el diálogo permanente de nuestro destino común.

Hagamos a España un sitio de honor esta noche entre nosotros, en el fondo de nuestro corazón, en las palabras familiares, en nuestras esperanzas.

Vivimos momentos de crisis universal. Una crisis que afecta a valores de distinto signo y que condiciona inexorablemente la vida familiar y social de los pueblos.

Y por causa de esa crisis que como al resto del mundo nos atañe, estoy seguro de que a lo largo de este año hemos transmitido a veces impresiones negativas, desalientos y cansancios colectivos. Pero también energía para superar los problemas.

Es imprescindible apartar de nosotros esa tentación tan española del pesimismo. Resulta necesario resistir a cualquier impresión de desánimo.

Precisamente en los tiempos de crisis es cuando más claramente se manifiesta la importancia de lo fundamental, la decisiva trascendencia de lo que somos, la profunda fuerza que se aloja en nuestro ser más íntimo.

Tiempos de crisis que nos ponen de manifiesto la necesidad de unirse: juntos podemos mucho, casi todo. Por separado, muy poco.

No nos arrojemos unos a otros nuestra historia. Más bien aprendamos de ella lo que es la clave del avance en los pueblos. Acertar a articular la diversidad, la espontaneidad social y la eficacia política, para alcanzar los fines y resolver los problemas comunes de un modo beneficioso para todos, respetando siempre el área propia del otro, con un espíritu de conciliación y no de conflicto.

La alternativa de poder realizada hace un año, ha reforzado nuestra experiencia democrática y la capacidad de diálogo. Porque cualesquiera que sean las discrepancias o las adhesiones que se despierten, ha servido y sirve cada día para asentar nuestra convivencia en libertad, para habituarnos a vivir las mutaciones políticas que la voluntad popular desea.

Estamos viviendo y conviviendo una experiencia histórica nueva, capaz de superar antagonismos y de borrar cicatrices seculares.

La democracia es también en este aspecto una cura del excesivo orgullo y la seguridad absoluta en la permanencia en el poder. Ese poder hay que intentar conservarlo, ganárselo día a día ante el pueblo que lo otorga y es preciso esforzarse en hacer méritos para conseguirlo lícitamente, pensando siempre en que hay otros sectores que aspiran también con legitimidad a que sus acciones meritorias y sus aciertos sean reconocidos por el pueblo para concederles su confianza.

Pero es que, además, más allá de estos sectores distintos, de estas diferentes alternativas de los partidos políticos, hay una serie de cuestiones básicas sobre las que tiene que producirse una coincidencia que ha de redundar en beneficio de España.

Por eso debemos profundizar sin recelo y sin pausa, en el diálogo entre los españoles. Entremos con lucidez en esa propuesta plural. Unámonos a ella. Cada persona, cada familia, pueden ser distintas entre sí. Pero no serán nada si no se entienden en algo, si no encuentran de alguna forma puntos de coincidencia, si no se nutren con valores morales, políticos y sociales, madurados en la razón y en la palabra.

En estas navidades, con todos vosotros, desde todos nosotros, en la paz de la familia, digamos no a la violencia.

Sí al diálogo. Sí al entendimiento entre las personas y los pueblos. Sí a la libertad, a la justicia, al respeto a los débiles, a la fraternidad que haga prevalecer la naturaleza espiritual del hombre y despertar la buena voluntad.

Sintámonos hoy, en esta navidad que celebramos; sintámonos para siempre españoles que se honran en serlo y que están unidos para el bien de España.

En nombre de ella, envío un saludo lleno de cariño a nuestros compatriotas emigrantes y a los que en estos momentos, fuera de nuestras fronteras, sienten la nostalgia de la patria.

A cuantos sufren; a quienes se encuentran solos; a las familias de los que cayeron víctimas del terrorismo inútil y cruel; a quienes experimentan el dolor causado por las tragedias que últimamente nos han llenado de amargura; a los que velan por nuestra paz en las Fuerzas Armadas y en las de Seguridad...A todos los españoles, nuestro abrazo sincero.

En el momento en que estamos próximos a pisar el umbral que separa un año del siguiente, ámbito que los antiguos consideraban sagrado, os pido que nos consagremos a conseguir en 1984, por encima de los avatares concretos y las personas que los encarnen, lo que más nos importa. Incrementar nuestra confianza, profundizar nuestra democracia, afianzar nuestro progreso en la paz y en la libertad.

Muchas gracias y que Dios nos conceda una feliz navidad.

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Mensaje de Navidad de S.M. el Rey