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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto conmemorativo del inicio del año Xacobeo 2004

Navarra(Real Colegiata de Roncevalles), 09.02.2004

C

on el vivo recuerdo de mi visita hace 11 años por igual motivo, me satisface de manera muy especial encontrarme con todos ustedes en la Real Colegiata de Roncesvalles para inaugurar este Año, que reúne voluntades e ilusiones en torno a un patrimonio común, el de la historia, el arte y la espiritualidad que es el camino de Santiago para España y para Europa.

Mi saludo muy cordial a cuantos han acudido a esta celebración, y un particular a los Presidentes de las ocho Comunidades Autónomas por las que transcurren las varias corrientes de este río, fecundo en enseñanzas duraderas.

Las rutas milenarias, fijadas en el siglo XII con la divulgación del Codex Calixtinus, parten de lugares remotos y dispersos, y sus distintos acentos enriquecen a lo largo de los siglos el discurso espiritual y cultural de una Europa que tiene en Santiago de Compostela uno de sus símbolos distintivos.

"Calle Mayor de Europa" llamó al Camino el rey Carlos I, y efectivamente lo es. Metáfora de la vida que pasa y va creciendo, símbolo que une y construye, de la mano de todos, avances sustanciales de nuestra historia, sociedad y civilización comunes.

Desde sus orígenes, el Camino jacobeo fue ruta de integración con la Europa transpirenaica, y también de los españoles entre sí. Un proceso que impulsó Sancho el Mayor, y completaron sus hijos y sus nietos, reyes navarros, castellanos y aragoneses. Hoy lo reproducen y perpetúan las palabras de los Presidentes de las Comunidades que acabamos de escuchar, y que expresan un sentir general y compartido de vinculación y hermanamiento, como el que une y alienta a los peregrinos en la senda compostelana.

Senda de muchas tierras y paisajes, aragoneses, navarros, riojanos, castellanos y leoneses, y también vascos, cántabros y asturianos, hasta llegar a Galicia, límite del continente europeo, y al Monte del Gozo cumplido y trabajado con esfuerzo.

Viaje esmaltado desde su nacimiento de poblaciones creadas o renacidas por y para la peregrinación, de hospitales y albergues, de templos, cofradías y solidaridades que acompañan, señalan y confortan.

Si las antiguas peregrinaciones nos dejaron como balance la fraternidad con Europa, el comienzo de la burguesía mercantil y de negocios, la renovación de las infraestructuras y la civilización del románico, el Jacobeo 2004 nos invita a plantearnos sus propios objetivos, los que corresponden a nuestro tiempo.

El de las arraigadas convicciones, necesarias para traducir en metas y promesas las crisis e inquietudes de la época que nos ha tocado vivir. El orgullo de contribuir al crecimiento de una ciudadanía europea más plena y ambiciosa. El ejercicio de la convivencia y coincidencia que respeta a los demás y promueve su progreso. La eficacia para gestionar un acontecimiento de gran impacto social, económico y cultural, que exige una organización, maneja medios e instrumentos, y procura y consigue resultados positivos.

Todos estos temas confluyen en Roncesvalles, umbral del Camino encomendado  a la protección de Santa María de Orreaga, vértice de la principal epopeya medieval, la Chançon de Roland, refugio confortable de una hospitalidad que, según el poema latino "La preciosa", no excluía en el siglo XIII a judíos, paganos ni aun herejes.

Y confluyen aquí  gracias a la acogida generosa dispensada, siglo a siglo, por su cabildo, cuyo emblema, a la vez cruz, espada y cayado, simboliza el espíritu religioso y caminante de los miles de peregrinos que eligen este rincón pirenaico para iniciar su andadura española hacia Compostela.

Bajo estos auspicios, venerables a la vez que familiares, inauguramos el Jacobeo 2004, y lo ofrecemos como un tesoro inagotable a cuantos van a recorrer sus sendas.

De entre ellos quiero dirigirme en particular a los jóvenes, protagonistas mayoritarios y habituales del Camino, animándoles a identificarse y realizar la llamada a la esperanza, la paz y la concordia que su recorrido nos propone.

A todos ustedes les agradezco su presencia y su apoyo, con mis mejores augurios de éxito para la empresa que aquí y ahora comienza.

Muchas gracias.

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