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Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Elena en la inauguración de la exposición "Time to hope, las Edades del Hombre"

EE.UU.(Catedral de San Juan el Divino. Nueva York), 27.09.2002

E

s para mí una gran satisfacción presentar en la ciudad de Nueva York esta magnífica exposición denominada "Tiempo para la Esperanza", que contiene obras de gran categoría del rico y variado patrimonio español. A través de ella, el público neoyorkino tendrá, con este motivo, una gran oportunidad para contrastar la pujanza de las corrientes artísticas del pasado con la diversidad y eclecticismo del arte actual, del que esta ciudad es pionera.

Las obras que aquí se muestran, por primera vez en Estados Unidos, son un exponente destacado del impresionante patrimonio histórico y artístico de España, y en particular de la Comunidad de Castilla y León. Una Comunidad cuyo rico legado ha sido reconocido por la UNESCO, al otorgar en diversas ocasiones la distinción de Patrimonio de la Humanidad a sus ejemplos culturales más significativos. Entre ellos el prehistórico de Atapuerca, que ustedes tendrán oportunidad de admirar en el Museo de Historia Natural de Nueva York en enero del año próximo.

La originalidad de la muestra que hoy inauguramos comienza con la elección de esta catedral de San Juan el Divino para su exhibición. Al igual que ha sucedido con precedentes exposiciones celebradas en España de "Las Edades del Hombre", en las que el ámbito que las ha acogido ha tenido siempre un carácter solemne y de monumentalidad, esta Catedral es también un escenario singularmente adecuado para albergar, por medio del arte, la memoria colectiva de los hombres que a través de los siglos expresaron la rica vivencia cultural de España.

Esta exposición no trata, por tanto, de mostrar únicamente una serie de valiosos tesoros, sino de insertarlos en un relato humano en el que las obras de arte son al tiempo palabras y maravillosas metáforas de una hermosa realidad artística, cultural y religiosa.

Por eso, sus protagonistas no son ni los autores, ni las épocas, ni los estilos artísticos, sino el hombre, con sus alegrías, tristezas, deseos, ilusiones y esperanzas, de acuerdo a como las ha vivido en el transcurso de la historia o a través de las grandes preguntas que desde siempre han constituido el fundamento de la cultura y que el ser humano se ha venido planteando y replanteando continuamente, una y otra vez.

Esta exposición pretende ser, finalmente, una parábola. La de un tiempo para la esperanza, que es el título de esta exhibición, y que deseamos entender como una esperanza para nuestro tiempo. A través de esa esperanza, y de la fe en un mundo mejor, más justo y solidario, esperamos dar respuesta a tantos interrogantes como todavía se nos plantean a los seres humanos en los inicios de un siglo tan cargado de incertidumbres.

La ciudad de Nueva York, que es considerada como sofisticado y paradigmático centro del mundo y del arte contemporáneo, nos ha dado en el último año un ejemplo permanente de esperanza y amor a la vida. Sus ciudadanos, sin distinción de razas, orígenes y credos, han manifestado un profundo sentimiento de fraternidad para superar los terribles acontecimientos del 11 de septiembre, cuyo aniversario acabamos de rememorar.

Este sentimiento ha sido también, finalmente, la fuerza que nos ha animado a los españoles a remontar el curso de nuestra Historia, y conducirla por caminos nuevos de libertad, dignidad, prosperidad y progreso.

En nombre de cuantos nos reunimos hoy aquí, expreso nuestro agradecido reconocimiento a la Junta de Castilla y León, a la Fundación "Las Edades del Hombre", a los rectores de esta catedral y a los ilustres patrocinadores del acontecimiento que celebramos. Su apoyo y entusiasmo han hecho posible la realización de este acto tan gratificante.

También les deseo que su labor tenga el éxito que merece, y que todos ellos pretenden: el reconocimiento de la obra bien hecha, el logro de la excelencia, objetivo con el que tradicionalmente se han identificado los pueblos norteamericano y español.

Muchas gracias.

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