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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del Premio Velázquez de las Artes Plásticas

Madrid(Museo del Prado), 21.06.2005

M

ucho me alegra poder presidir la entrega del Premio Velázquez de las Artes Plásticas, que hoy nos congrega en el Museo del Prado y que, en ésta su Cuarta Edición, reviste sin duda un significado particular.

El Premio Velázquez recae por primera vez en un creador iberoamericano, en una figura emblemática de la cultura mexicana del siglo XX, en el protagonista de una ejemplar y renovadora trayectoria artística que se extiende a lo largo de más de setenta años.

Los lazos entre las culturas iberoamericanas, hermanadas por un lenguaje y una historia comunes, se enriquecen gracias a las múltiples vinculaciones, americanas y europeas, de un artista esencial y fascinante.

De ahí que este galardón consolide su vocación como premio artístico español e iberoamericano de primer orden, al otorgarse a tan excelente artista de vocación universal.

Nuestra más sincera felicitación y vivo reconocimiento se dirigen al premiado, Don Juan Soriano.

Con ello, expresamos nuestra admiración y respeto a la trayectoria de un gran creador plástico, y dedicamos nuestro elogio al conjunto de una obra profundamente integradora.

El Jurado del Premio Velázquez 2005, que ha concedido este galardón por unanimidad, ha subrayado la singularidad de Juan Soriano en el arte iberoamericano.

En su fecunda obra se combinan tradición y vanguardia, realismo e imaginación visual, además de la profundidad del clasicismo y la magia del arte primitivo.

Su trabajo nos muestra cómo la libertad y el impulso pueden manifestarse y perdurar dentro del proceso creativo, dando lugar a una visión y a una obra impregnadas de memoria, ímpetu, individualismo, inteligencia y fuerte personalidad. A lo largo de toda una vida, Juan Soriano ha sabido transmitirnos su profunda concepción del arte, sirviéndose de muy diversos medios y soportes; pintura, escultura, grabado, cerámica, dibujo y escenografía.

En 1997, pudimos admirar una exposición retrospectiva de su obra en el Museo Reina Sofía y, en 2002, una muestra de su producción escultórica en la Real Casa de Correos de Madrid.

María Zambrano, quien mantuvo una prolongada amistad con Juan Soriano, decía de sus obras que están dotadas del valor de una profecía creadora del futuro y que nos enseñan, al mismo tiempo, el retorno de la pintura a lo que fue su origen.

Su obra también ha merecido el respeto y la admiración de otros grandes escritores, como Octavio Paz, Julio Cortázar, Álvaro Mutis, Milan Kundera o Carlos Fuentes.

Antes de concluir, quiero reiterar mi más sincera enhorabuena a Juan Soriano, agradeciéndole su maestría al haber sabido transmitirnos con sus obras una asombrosa lección de pintura y de arte, mediante un lenguaje lleno de lirismo y originalidad.

Mucho me alegra que el Premio Velázquez haya recaído este año en un creador, de inquebrantable y prolongada trayectoria artística, con una magistral capacidad para tender puentes entre la cultura europea y la cultura iberoamericana.

Muchas gracias.

 

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