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Palabras de Su Majestad el Rey al Ayuntamiento de Zaragoza y a los zaragozanos

Zaragoza, 17.11.1981

Z

aragozanos:

Quiero que mis primeras palabras sean la expresión de un compromiso profundo que la Reina y yo tenemos con vosotros y con Aragón.

Venimos en viaje oficial a solidarizarnos con vuestros problemas, con vuestras aspiraciones, con vuestra lucha difícil y valiente por un futuro mejor.

Estamos con vosotros en cuerpo y alma y en la medida que podamos luchar por el desarrollo de cada trozo de la Patria, estad seguros que Aragón, sus hombres, sus tierras ahora resecas, ocupan un lugar angustioso en nuestras preocupaciones.

Esperaba esta bienvenida y estas aclamaciones de saludo a España, a la democracia, a la Corona. No podía ser de otro modo y para mí la explicación es muy sencilla: Vosotros sois una lección viva de responsabilidad nacional. Lo fuisteis en el pasado -y en esta Plaza de las Catedrales hay pruebas suficientes para la Historia- y lo sois ahora.

En cada momento, los aragoneses decís lo que tenéis que decir, con sobriedad y con rotundidad. Muchas veces, o casi siempre, olvidando los problemas e intereses propios por los más amplios de la Nación.

Los aragoneses sabéis que todos los españoles debemos sentirnos estrechamente unidos en los ideales de progreso, libertad, justicia y amor a la Patria que nos define como una sociedad plena. Vosotros habéis sido y sois los primeros en arrimar el hombro en esta tarea. Gracias por ello, en nombre de España.

Y porque España es Aragón, vamos todos a luchar por un mejor futuro. Son muchas las dificultades en estos delicados momentos. La sequía; los problemas de un desarrollo adecuado de las estructuras agroindustriales; el despoblamiento; los conflictos del trasvase del Ebro; las necesidades de los municipios de esta tierra que los historiadores han llamado "honrada y recia". La transformación de un paisaje de colonización en otro de desarrollo de los recursos agropecuarios; la realización de las posibilidades de trabajo para miles de jóvenes aragoneses.

Todos estos problemas requieren nuestro esfuerzo. Contadme entre vosotros, como uno más, para trabajar en las soluciones precisas.Y como estamos hablando con palabras comprometedoras, yo desearía que vuestras necesidades estimularan de forma inmediata y sin inhibiciones, a la clase política, a las instituciones de gobierno, a las áreas económicas.

Porque la política -y debo decirlo aquí desde esta lúcida visión que tenéis los aragoneses- para ser buena ha de ser generosa y sacrificada. La política, para que merezca el respeto de todos, no debe caer en la ineficacia, en la perduración de los cargos, en las luchas intestinas, sino que debe ser una dinámica enérgica y resolutiva.

A lo largo de un milenio habéis luchado por una mejor administración.

Yo creo que en la España democrática sois acreedores a un justo reconocimiento de vuestras aspiraciones, en paz, progreso y libertad.

Gracias por las palabras de bienvenida que recojo con profundo respeto y atención, con mi deseo de un pronto y total restablecimiento de vuestro Alcalde.

Gracias por esta hospitalidad que brindáis a la Reina y al Rey en la ciudad que es para nosotros, por razones de convivencia y de estudio en el pasado, nuestra propia casa.

Ahora lo es desde la cordialidad y el entendimiento con el pueblo de Zaragoza.

Gracias, en definitiva, por esta lección, oportuna como puede ser habitual en Aragón, de patriotismo y solidaridad.Estoy seguro que cuantos nos ven y nos oyen recogen con atención este mensaje.

¡Viva Aragón!

¡Viva Zaragoza! ¡Viva España!

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