Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Activities and Agenda
  • Listen it
  • Imprimir la página
  • Send to a friend
  • Suscribe to RSS
  • Share it on Facebook
  • Share it on Twitter
  • Share it on Linkedin
  • Share it on Google+

Palabras de Su Majestad el Rey a las Fuerzas Armadas en la aprobación de las Reales Ordenanzas Militares

Madrid, 28.12.1978

C

on ocasión de haber sido promulgadas las Reales Ordenanzas Militares es mi deseo, como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, dirigirme a todos vosotros exhortándoos a cumplirlas con exactitud.

Me siento profundamente satisfecho al reanudar la antigua tradición que llevó a muchos de mis antecesores a dictar normas y leyes de disciplina y buen gobierno para el Ejército y la Armada.

La noble y fecunda recopilación que de las viejas ordenanzas españolas se realizó durante los reinados de Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, significó, merced a la atinada incorporación de los elementos morales y materiales característicos de su tiempo, un decisivo impulso para la vertebración de las instituciones militares y para el régimen de vida de los ejércitos.

Desde finales del siglo XVIII la legislación ha venido bebiendo en sus fuentes, y a pesar de los importantes cambios producidos en las técnicas de combate durante los siglos XIX y XX, de las grandes alteraciones en la estructura de la sociedad y de la notable evolución de las ideas sobre el ejercicio de la autoridad, las ordenanzas han logrado mantenerse vigentes en alguna medida hasta nuestros días.

El nuevo texto, que, junto al tradicional espíritu militar español, recoge las aportaciones de este proceso evolutivo, constituye la regla moral de la institución y el marco que define las obligaciones y derechos del militar. Debéis, por tanto, tener la confianza de que ateniéndoos a ellas incorporaréis a vuestro modo de ser cuantas virtudes os serán necesarias para el cumplimiento responsable de vuestra misión.

Quiero destacaros que los ejércitos españoles han venido siendo a lo largo de la historia herederos y depositarios de la fe colectiva que ha impulsado a la nación a luchar por los ideales con los que se identifica nuestro pueblo. Por ello están exclusivamente consagrados al servicio de la patria y encuentran en el patriotismo, además del origen de las virtudes castrenses, el más firme estímulo para el cumplimiento del deber.

En la disciplina, que nos obliga a todos por igual, se fundamenta la cohesión de los esfuerzos individuales y la eficacia en las acciones colectivas. El hábito de la disciplina requiere una actitud espiritual de obediencia al que manda, de acatamiento a la ley y de adhesión personal a unos valores superiores.

El sentimiento del honor que impulsa a obrar siempre bien y la mutua lealtad que debe inspirar las relaciones entre mandos y subordinados, os llevarán a la íntima satisfacción del deber cumplido.

La eficacia en el servicio, y muy especialmente en el combate, os exige la debida competencia profesional, el sereno valor al afrontar cualquier riesgo y la abnegación precisa para sobrellevar la dureza de la vida militar.

La dignidad del hombre y sus derechos inviolables, que en las antiguas ordenanzas quedaban reflejados en alguno de sus preceptos, han sido recogidos y expresamente destacados en las que ahora se promulgan, sin otras limitaciones que las derivadas de la necesaria protección de la defensa nacional, la exigencia de la disciplina y la salvaguardia de la unidad de las Fuerzas Armadas.

En el mensaje que os dirigía el 22 de noviembre de 1975, al asumir la jefatura de las Fuerzas Armadas, expresaba el convencimiento de que el alto concepto del amor a la patria que tenéis, y que os hace depositarios de sus más altos ideales, os impulsa a no escatimar vuestro esfuerzo para lograr una España cada vez mejor. Con este espíritu afirmo mi confianza en que las nuevas Reales Ordenanzas han de servir al fin propuesto, pues sabréis cumplirlas con el mismo entusiasmo con que los militares españoles observaron puntualmente las dictadas por mis predecesores. Y espero que sirvan de orgullo a las generaciones venideras en igual medida que aquéllas nos enorgullecieron a nosotros.

Back to Speeches
  • Listen it
  • Imprimir la página
  • Send to a friend
  • Suscribe to RSS
  • Share it on Facebook
  • Share it on Twitter
  • Share it on Linkedin
  • Share it on Google+