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Palabras de Su Majestad el Rey a las Fuerzas Armadas en la Pascua Militar

Madrid, 05.01.1981

Q

ueridos compañeros, al continuar este año la grata tradición de reunirme en el día de la Pascua Militar con la representación de las Fuerzas Armadas y de las de Seguridad, quisiera que los deseos de felicidad que de corazón os transmito, para vosotros y vuestras familias, tuvieran un contenido muy real y, en consecuencia, muy distinto del que normalmente supone la simple utilización formularia de una frase hecha.        Porque estoy seguro de que mis deseos coinciden con los vuestros en cuanto a las condiciones que deben darse entre nosotros y en nuestra Patria, para que quienes la amamos por encima de todo y hacemos de la entrega a su servicio nuestra ilusión suprema, podamos considerarnos verdaderamente felices.

Y yo os deseo a todos la felicidad que supone la confianza en la seguridad de nuestro destino nacional; la certeza absoluta en el mantenimiento de la unidad de España, que es norma fundamental de nuestra Constitución, de nuestra misión y de nuestras vidas; la fe profunda en la superación de cuantas dificultades se presenten para lograr la estabilidad y la grandeza de nuestra nación; el fundado optimismo en nuestro porvenir, porque sabemos a dónde vamos y de dónde no se puede pasar; la dignidad de nuestra profesión y el respeto del pueblo del que procedemos y al que servimos; la tranquilidad de las familias; el fin de esa sangría absurda y dolorosa del terrorismo que mantiene una angustiosa e indignada tensión en todos nosotros y arrebata inútilmente unas vidas, entregadas de antemano a la patria para empresas bien diferentes de la inmolación en el atentado criminal, alevoso y cobarde. La felicidad que significa la paz de nuestras ciudades, de nuestros pueblos, de nuestros hogares, de nuestras conciencias.

Felicidad es también disfrutar de la libertad y observar el orden dentro del mutuo respeto: el trabajo y el esfuerzo entusiasta en el ejercicio de nuestros cometidos; la firmeza en la observancia de la ley y el rigor inexcusable en la exigencia de su cumplimiento.No ignoro que para vosotros, como para mí, la felicidad se cifra, asimismo, en ver honrada y respetada en todas partes la enseña de la patria que un día solemne juramos defender y en la que simboliza nuestra historia, nuestro presente y nuestro porvenir.

Felicidad es comprobar que entre nosotros se mantiene siempre la disciplina, que el compañerismo es auténtico, que constituimos una gran familia sin divisiones ni fisuras, en la que no se consienten infiltraciones nocivas; que la experiencia, el temple y la veteranía de los antiguos militares se funde en perfecta amalgama con los impulsos entusiastas y el ardor ilusionado de las jóvenes promociones para producir un conjunto firme y sólido en el que se conserven las clásicas virtudes castrenses.

Felicidad es sentirnos orgullosos de integrar unas Fuerzas Armadas competentes y eficaces.Felicidad es entregarse al cumplimiento del deber con entusiasmo y dedicación, sin afán de mezclarse ni sentir que os mezclen en actividades políticas distintas de esa política elevada que a todos interesa: la gran política de la grandeza de España y de la vigilancia permanente por su seguridad. Es disfrutar la tranquilidad de vivir en paz, sin que se especule con vuestras intenciones o se imaginen hasta vuestros pensamientos.

Yo tengo la certeza de que si permanecéis unidos, entregados a vuestra profesión, respetuosos con las normas constitucionales en las que se basa nuestro Estado de derecho, con fe y confianza en los mandos y en vuestro jefe supremo, y alentados siempre por la esperanza y la ilusión, conseguiremos juntos superar las dificultades inherentes a todo período de transición y alcanzar esa España mejor en la que ciframos nuestra felicidad.Estos son, repito, los deseos que en esta Pascua quiero haceros llegar, junto con mi agradecimiento por vuestra serenidad, vuestros servicios y vuestro espíritu.

Mi abrazo para todos, a la vez que os pido gritéis conmigo:

¡Viva España!

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