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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Senegal Leopold Sedar Senghor y al pueblo senegalés

Madrid, 13.11.1978

S

eñor Presidente, conocéis bien mis sentimientos y admiración y gratitud hacia Senegal y vuestra persona, que explican la satisfacción con que la Reina y yo os recibimos hoy, junto a vuestra ilustre esposa, entre nosotros. A través de mis palabras, es España entera quien da la bienvenida al amigo, al intelectual esclarecido, al estadista excepcional, que ha consagrado su vida a fortalecer el entendimiento y la concordia entre los pueblos.

Vuestra gran obra, señor Presidente, que le ha granjeado la admiración de la intelectualidad universal, ha consistido precisamente en el reencuentro con los denominadores comunes que constituyen la tradición cultural africana. Vuestra excelencia ha hecho que el africano se sienta orgulloso de su arte, de su música, de su literatura, de una cultura que trabajaba el oro y la plata hace dos mil años, y que ha dejado dispersas por toda la geografía africana, muestras soberbias del arte plástico.

La nota más relevante, y a la vez más singular, de esa obra vuestra está en que la ingente tarea de liberalización cultural la ha realizado vuestra excelencia desde una perspectiva de paz, ajena a toda idea de violencia. Este ha sido, a nuestro juicio, timbre de gloria y la razón profunda del éxito de vuestras obras. Siempre he leído con admiración los versos de vuestra excelencia en Hosties noires, dedicados a los senegaleses que luchaban por la libertad. Son versos henchidos de generosidad y de «palabras que perdonan», seguros de la fuerza irresistible de la verdad y de la razón. Nosotros, que también estamos contra la violencia, y que creemos en el cambio pacífico y en la convivencia como medios de superar las confrontaciones, saludamos en el autor de esos versos no sólo al poeta, sino al estadista que, con prudencia y sabiduría, ha sido capaz de lograr y consolidar para su pueblo la paz en la libertad y en la justicia.

Este sentido de la justicia y de la libertad, unido a vuestra capacidad de diálogo y al profundo respeto por los derechos humanos, han marcado la política interna del Senegal que se han convertido en un verdadero modelo de democracia con la implantación de un auténtico pluralismo político, una genuina libertad de expresión y la existencia de una oposición, no sólo tolerada, sino plenamente integrada en el sistema.

La armonía en el orden político es resultado de vuestra constante preocupación por evitar en un país como Senegal, donde conviven diferentes razas y distintas religiones, la aparición de cualquier tipo de discriminación por razones étnicas o religiosas. Gracias a vuestro esfuerzo en este sentido, y a una acertada política de descentralización y desarrollo regional, los hombres del norte y del sur, del río o de la sabana, cristianos o musulmanes, tienen hoy idénticas posibilidades de promoción, se sienten libres e iguales y se consideran, por encima de todo, senegaleses.

Africa sigue necesitando hoy del impulso vivificador de esa voluntad de paz y de concordia. Mi país ve con preocupación las tensiones y conflictos que todavía existen en ese continente, y no escatimará ningún esfuerzo para que se establezca un clima que permita abordar con realismo y espíritu constructivo estos problemas, de manera que sea posible, con el esfuerzo común, encontrarles una solución duradera y justa que tome en cuenta todos los legítimos intereses en presencia.

Lo africano siempre ha despertado interés entre nosotros. Nuestras bibliotecas están repletas de libros y manuscritos, en cuyo estudio encontrarán los investigadores una parte sustancial de la historia de vuestro continente. Desde hace más de mil años, lo africano y lo español han vivido una estrecha relación mutuamente enriquecedora, que no ha dejado de producir frutos fecundos hasta nuestros días. Granadino fue el geógrafo y escritor Juan León, llamado «el Africano», cuyo libro «Descripción de Africa», publicado en 1526, fue obra de consulta obligada en Europa durante mucho tiempo, acerca de los reinos y las costumbres negro-africanas. Y malagueño era Pablo Picasso, que en sus «Señoritas de Aviñón» consagró la incorporación al arte moderno occidental de los elementos plásticos de la cultura africana.

Pero el recuerdo de la historia conjunta de España y Africa no debe quedar sólo en materia de estudio para los investigadores y eruditos, sino que ha de ser el punto de partida para renovar una política de creciente cooperación cultural, comercial y técnica entre españoles y africanos. España, que está convencida de que ha llegado el momento de potenciar todas estas posibilidades, considera la necesidad de cooperación con Africa una de las dimensiones importantes de su política exterior, como vehículo de fortalecimiento de las relaciones con unos países con los que nos unen, además de la vecindad, tantos vínculos históricos, culturales y humanos.

En el marco de esa política, Senegal y España están llamados, por muchos motivos, a una fecundad actividad común, y vuestra presencia entre nosotros rubrica la voluntad conjunta de asentar esas relaciones sobre bases cada vez más firmes y operantes. Constituye una honda satisfacción para nosotros saber que en las escuelas, liceos y universidades de Senegal hay más de diez mil alumnos que estudian la cultura española en nuestra propia lengua, poniendo así de manifiesto las posibilidades de cooperación cultural entre nuestros dos países. En el terreno de la asistencia técnica, y en el importante campo de la pesca marítima, existen también excelentes condiciones para una fructífera relación, de la que sólo pueden derivarse mutuos beneficios. Quiero asegurar a vuestra excelencia que encontrará por nuestra parte la mejor disposición para hacer realidad, en beneficio de nuestros pueblos, estas perspectivas de cooperación.

Por el éxito de esta cooperación, por la amistad entre nuestros dos pueblos, por la salud y el bienestar de Vuestra Excelencia y de vuestra ilustre esposa y por la grandeza y prosperidad del vigoroso y noble pueblo senegalés, deseo ahora levantar mi copa.

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