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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de la República Helénica Constantino Karamanlis y al pueblo griego

Madrid, 09.10.1984

S

eñor Presidente, nuestros países, en los extremos oriental y occidental de la ribera norte del Mediterráneo, han conocido una milenaria historia de contactos enriquecedora para ambos, contactos que debemos seguir estimulando y protegiendo. Así, en la antigüedad, los griegos fundaron en la costa mediterránea de Iberia ciudades tan florecientes como Ampurias, Rosas y Denia.

Así también, muchos siglos más tarde, la escuela de traductores de Toledo, que funcionó brillantemente durante los siglos xii y xiii, vertió al latín y al castellano y difundió por toda Europa las grandes obras de la sabiduría helénica que habían traído a la península los árabes.

Posteriormente, en el siglo xv, bajo el impulso de la Corona de Aragón, se fundaron en la península helénica los ducados de Atenas y Neopatria. Cuentan las crónicas de la época que los catalanes y aragoneses, al subir a la Acrópolis, quedaron maravillados de la perfección y de la hermosura del Partenón, que estaba entonces intacto todavía.

Aún más tarde, algunos patriotas españoles, cuyos ideales se forjaron en nuestra propia lucha de independencia frente a la ocupación napoleónica, participaron esforzadamente en la campaña griega de liberación nacional. Este es el caso del sevillano García de Villalta, que llegó a asumir, en 1844, la representación diplomática española en Atenas.

Quizás en recuerdo suyo, la vigésimo-tercera estrofa del himno nacional griego dice: «Desde la cumbre de su castillo, agitando su soberbia cabellera, nos grita el león de España: yo te saludo.»

Vuestro país también está muy presente en mi vida a través de la que conocí como Princesa Sofía de Grecia y hoy es Reina de España.

Señor Presidente, en vuestra localidad natal de Proti, en la Macedonia entonces ocupada, recibisteis el legado de una familia que durante generaciones había luchado por la independencia de su país.

Crecisteis entre gentes que, usando vuestras palabras, vivían «con la mano en el cañón del fusil» y, como los jóvenes de vuestro entorno, soñasteis con ser un capetanos lleno de afán de recuperar para su país el puesto que le corresponde en Europa.

Este profundo sentimiento os habría de llevar a apoyar con empeño y con entusiasmo el ideal de una unidad europea en una actividad que os haría merecedor de los premios Shuman y Carlomagno, distinción esta última con la que también me honro.

Asimismo os impulsó a promover con todas vuestras fuerzas la adhesión de Grecia a las Comunidades Europeas.

España, tras un laborioso pero ilusionado proceso de negociación, se dispone a franquear los últimos pasos de su acceso a las Comunidades. Somos sensibles a la favorable disposición griega y estamos seguros de que la ampliación redundará en un mayor acercamiento entre nuestras naciones y en un engrandecimiento de los ideales europeos.

Señor Presidente, habéis dedicado la vida al servicio de vuestro país, desde que, todavía muy joven, fuisteis elegido diputado, y le habéis servido en situaciones bien distintas; sufristeis el dolor de Grecia en la II Guerra Mundial y se os confiaron después las más altas tareas de gobierno. Hubo también, desde la lejanía de vuestra tierra, otros momentos de grave pesar ante el sojuzgamiento del pueblo griego por una dictadura, pero el destino os llamó nuevamente, franqueando la nación de vuestra mano el retorno a la democracia y a la reconciliación.

Nuestros dos pueblos, viejos en historia y tradición pero desde el brío de una renacida juventud, miran con ilusión de futuro la construcción de un mundo mejor, más justo y solidario, empezando por nuestro entorno europeo occidental y mediterráneo.

España ha tenido siempre muy presente su dimensión mediterránea y ha dedicado a ello lo mejor de sus esfuerzos. Son muchos los lazos históricos y actuales que nos ponen en contacto con la ribera sur mediterránea y el mundo árabe.

Nuestro mar común, aquejado todavía de conflictos y focos de tensión, nos plantea un reto de cooperación al que como europeos no podemos ser indiferentes, dada la complementariedad de ambas riberas. Deseamos ver al Mediterráneo como ejemplo de fecunda convivencia entre culturas y sistemas. Nuestros pueblos pueden contribuir a ello de forma muy importante.

Al desearos una grata estancia entre nosotros, levanto mi copa por la prosperidad del noble pueblo griego, por la ventura personal de Vuestra Excelencia y por el futuro de unas relaciones cada vez más estrechas entre Grecia y España.

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