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Palabras de Su Majestad el Rey a los pueblos iberoamericanos con motivo del Día de la Hispanidad

Radiotelevisado, 13.10.1985

P

odría parecer paradójico que en unos momentos como los presentes, en los que la mayor parte de los pueblos de Iberoamérica se enfrentan a unas dificultades económicas, con la presencia imborrable de la reciente catástrofe que ha afectado a miles de familias mexicanas y con diferencias internas aún pendientes de resolver, hablemos de la celebración de este 12 de octubre de 1985 como de una festividad.

Sin embargo, ni son éstos los primeros ni van a ser desgraciadamente los últimos avatares a los que nuestros pueblos han tenido que enfrentarse. Es precisamente en los momentos de dolor o de preocupación cuando más profundamente se deja sentir la palabra y la mano del amigo.

Nuestras naciones, reunidas para siempre ante la historia por una lengua, una cultura y un pasado comunes, pueden encontrar en el hecho mismo de la celebración un camino de unidad y de poner en vías de solución todos esos problemas. Nuestros pueblos forman una comunidad que tiene su origen en un 12 de octubre. Superar los recelos, olvidar los agravios, enfrentarnos al futuro conjuntamente con espíritu decidido no significa desprenderse de ninguna de las peculiares señas de identidad de nuestras respectivas naciones.

La del 12 de octubre es una fecha para recordarnos a todos que tenemos una difícil empresa por delante y que juntos seremos capaces de superarla felizmente. Como un iberoamericano más quiero unir mi voz a la de quienes solidariamente pretenden que nuestro futuro no se limite a una unidad de lengua, de historia y de cultura, a las voces de quienes buscan también una nación de corazones y de esfuerzos que permitan hacer de nuestra comunidad iberoamericana un mundo decididamente mejor del que las futuras generaciones puedan sentirse legítimamente orgullosas.

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