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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor del Presidente de Uruguay, Sr. Julio María Sanguinetti

Palacio Real de Madrid, 02.10.1985

S

eñor Presidente, damos hoy la bienvenida a España a Vuestra Excelencia y a la señora de Sanguinetti con especial alegría y satisfacción.

Vuestra presencia entre nosotros nos complace de modo especial al ser ésta la primera vez que España tiene la ocasión de recibir a un presidente de la República Oriental del Uruguay.

La Reina y yo, señor Presidente, tenemos vivo el recuerdo de la primera acogida que nos brindó el pueblo uruguayo, hace poco más de dos años.

En aquel entonces, vuestro pueblo estaba avanzando valientemente en el camino del retorno a las libertades. Un camino que era el de la genuina tradición política del Uruguay, asentada en la dignidad de la persona y en el respeto a los derechos que le son propios.

Tuvimos ocasión de conversar con los dirigentes de todos los partidos políticos. Y me complazco en recordar que, mientras estábamos reunidos en la Embajada de España, nos emocionó oír la voz de las gentes en la calle que, indiferentes a los riesgos, vitoreaban a la democracia y a España.

Hoy nos llena de alegría comprobar que habéis alcanzado la meta deseada y que, pese a las dificultades propias de toda transición, el pueblo uruguayo avanza en libertad y democracia.

Como bien sabéis, señor Presidente, España hace otro tanto. Concluye así una desgraciada coincidencia histórica a la que algunos analistas se han referido diciendo que Uruguay y España llevaban el «paso cambiado», España y Uruguay caminan hoy con un mismo y buen paso.

Señor Presidente, nuestros dos países comparten un pasado que escribieron españoles-americanos como Solís y Zabala y americanos-españoles como Artigas y San Martín. Un pasado común es la mejor base para aspirar a un futuro de entendimiento y colaboración.

Hoy, cuando algunos países hermanos de Iberoamérica ven en peligro la paz y padecen serias dificultades económicas, España quiere reiterar esta voluntad de entendimiento y colaboración.

Sabéis que mi país se esfuerza por contribuir a una solución pacífica y global de los problemas centroamericanos. Que somos valedores de soluciones solidarias y viables para el problema de la deuda exterior.

Entendemos que sólo así se pueden dar pasos hacia un orden internacional político y económico más justo, evitando males mayores.

Por ello, apreciamos, señor Presidente, los esfuerzos que estáis realizando en pro de la integración iberoamericana. Vuestros recientes viajes a Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia; los encuentros con los Presidentes de Brasil y Argentina. El papel desempeñado por Uruguay en acuerdos como el de Cartagena y el hecho de que Montevideo sea la sede de la ALADI lo demuestran.

Por otra parte, la experiencia de colaboración en diversos campos entre nuestros dos países ofrece resultados positivos y pone de relieve que entre Uruguay y España existe ese entendimiento que la historia fundamenta y el futuro reclama. Pero los tiempos que vivimos no permiten la complacencia. Quieren que el entendimiento y la colaboración entre nuestros dos países y entre todos los países iberoamericanos alcancen cotas más altas.

Señor Presidente, en un salón cercano al que nos encontramos tuvo lugar hace pocos meses un hecho de trascendental importancia para la historia de mi país; la firma del tratado de adhesión de España a las Comunidades Europeas. Mi país se integra así en la Europa que tiene su base en los principios de libertad, solidaridad y respeto a los derechos de la persona.

Uno de los documentos que figuran en el tratado, y en el que se puso por parte de España el mayor empeño en su defensa, es el relativo a las futuras relaciones de la Comunidad con los países de Iberoamérica.

España prolonga así, en el seno de los organismos europeos, la política que ha mantenido desde hace años: tratar de abrir Europa a la fraternidad y a la cooperación con los países de Iberoamérica. Cuando sea firme nuestra integración en la Comunidad Europea, España seguirá teniendo presentes las especiales relaciones que la unen con Uruguay y con los demás países hermanos de Iberoamérica, a fin de que puedan desarrollarse relaciones más solidarias.

Señor Presidente, hace escasos días habéis presidido la inauguración de un monumento a Isabel la Católica en una plaza de Montevideo.

Vemos en este gesto, que Uruguay comienza a celebrar el V Centenario del descubrimiento de América, y me complazco en manifestaros el reconocimiento del pueblo español y el mío propio por tan significativo proceder.

La celebración del descubrimiento de América, que representa el encuentro entre dos mundos y dos culturas, ofrece una oportunidad de valor inapreciable para que los pueblos iberoamericanos ofrezcamos a todos los pueblos del mundo una referencia positiva y estimulante de que la paz y la cooperación en el presente constituyen la mejor esperanza para el futuro.

Señoras y señores, les invito a brindar, haciendo votos por la felicidad de Sus Excelencias, el Presidente de la República Oriental del Uruguay y señora de Sanguinetti, y por la fraternidad entre los pueblos uruguayo y español.

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