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Palabras de Su Majestad el Rey a los Reyes Carlos Gustavo XVI y Silvia de Suecia y al pueblo sueco

Madrid, 22.03.1983

M

ajestades, la Reina y yo sentimos la mayor alegría y satisfacción por teneros entre nosotros. Renovamos así el recuerdo de aquella inolvidable visita a vuestro hermoso país en 1979, en que tan cálida acogida se nos dispensó por Vuestras Majestades y el pueblo de Suecia.

Nos hemos vuelto a reunir, esta vez en Madrid, como símbolo del encuentro profundo de nuestras naciones y con el mismo deseo de expresar la comprensión cada vez mayor y el acercamiento cada vez más intenso entre los dos pueblos a los que servimos.

El encuentro y la acción paralela de nuestros dos países a lo largo de la historia intraeuropea y de la expansión marítima de nuestro continente, en cuyos procesos han desempeñado un papel tan central Suecia y España, fueron posibilitados en el pasado por nuestras monarquías respectivas, que de nuevo contribuyen ahora a la historia común.

Me enorgullece pensar en esta continuidad que se facilita gracias al nuevo papel que en el mundo contemporáneo han querido asumir tanto la Monarquía sueca como la española, aunando su tradicional misión de encarnación de la identidad histórica nacional con la del servicio escrupuloso a una Constitución democrática y pluralista.

La identidad de nuestros regímenes políticos se acompaña, además, de toda la admiración que la España democrática experimenta por el modelo de sociedad que vuestro país representa, tanto en lo interior como en el planteamiento constante de su política exterior.

Vuestro país ofrece para nosotros el ejemplo de una sociedad industrial que ha sabido conquistar una de las mayores cotas de riqueza y de igualdad en su distribución en el mundo actual. Sostiene, al mismo tiempo, el más estricto cumplimiento de los valores liberales que distinguen a nuestra tradición occidental y no renuncia a una decidida actitud solidaria respecto de las naciones más débiles y menos favorecidas.

Por encima de los programas científicos de vuestros partidos políticos, Suecia ha alcanzado una incontestada continuidad en su política exterior, basada en una neutralidad de hondas raíces históricas, que sabe combinar el mayor grado de autonomía -sobre la base de todos los esfuerzos defensivos necesarios- con la preocupación más atenta por el equilibrio nórdico, europeo y global.

España, desde la dimensión occidental que es característica definitoria de su identidad como nación y dentro de esa órbita en la que está firmemente anclada, se propone, a su vez, mantener un margen de autonomía suficiente para defender sus intereses nacionales. Y, desde esa autonomía, poder contribuir eficazmente a la causa de la paz y de la libertad en la esfera internacional.

Todo ello dentro del respeto de los equilibrios regionales o globales que son un hecho de nuestra historia contemporánea.

En el mismo sentido, la identificación esencial y no partidista de vuestro país con las causas de la paz, y la distensión, el desarme, la lucha por los derechos humanos y el diálogo entre el norte y el sur, se enlaza asimismo con los ejes permanentes de la acción exterior de la España democrática.

Por consiguiente, aunque nuestros dos países se encuentren en confines distantes de Europa, son numerosos los lazos que nos unen y las posibilidades para estrechar aún más estos puntos de unión.

Por eso hago votos para que este nuevo encuentro entre nosotros lleve a una intensificación de la cooperación de nuestros dos países, tanto a nivel bilateral como a nivel diplomático general, de cara a los grandes problemas internacionales a que se enfrenta el mundo.

Desde el punto de vista bilateral, es necesario que prosigamos la cooperación cultural y tecnológica emprendida, que se refuerce la enseñanza de nuestras lenguas respectivas en escuelas y universidades, y se ensanchen los intercambios académicos, artísticos, científicos y tecnológicos entre nuestras instituciones más representativas.

El mismo espíritu de profundización debe existir en la cooperación empresarial, económica y financiera existente, ya que contamos además con el hecho de que nuestras economías son prácticamente complementarias.

Es también esencial que prosigamos nuestra cooperación consular y que atendamos, del modo más eficaz posible, tanto a los trabajadores españoles en vuestro país como a los numerosos visitantes suecos en España.

A nivel diplomático general, el campo posible de cooperación ofrece las mejores perspectivas.

Como países europeos, debemos proseguir la colaboración entre nosotros, que ya existe en el seno del Consejo de Europa y acentuar en la medida de nuestras posibilidades la coordinación entre las distintas instituciones europeas. Contribuiremos así a vigorizar el papel de nuestro continente en el contexto internacional que en estos momentos de tensión, tanto necesita de la aportación de un actor internacional que, como Europa, basa precisamente su actuación en unas originales condiciones de diversidad, pluralismo y refinada decantación histórica.

Nuestras dos naciones pueden asimismo contribuir a elaborar una estrategia común de cara al diálogo norte-sur y a los esfuerzos en pos de un nuevo orden económico internacional, un nuevo orden que sepa dar así a la comunidad internacional las mayores garantías de paz, basada en esa solidaridad entre países ricos y pobres que han pedido en su última reunión en Nueva Delhi los neutrales y no alineados y a la que han asistido como invitados tanto Suecia como España.

Un mismo afán une también a nuestros Estados en la Conferencia Europea de Seguridad que se celebra actualmente en Madrid y para la que deseamos un final satisfactorio en un plazo corto de tiempo.

Durante esta larga negociación que trata de reducir la tensión y la confrontación en nuestro continente y ensanchar el respeto de los derechos humanos en todos los países, hemos tenido la oportunidad de comprobar el extraordinario papel que el vuestro ha desempeñado en la búsqueda de un terreno para el entendimiento entre el este y el oeste, tanto en materia de seguridad militar como en materia de derechos humanos.

Tengo, por consiguiente, la mayor esperanza en que, gracias a vuestros esfuerzos y a los del resto de los países participantes, podamos contribuir todos a un resultado feliz que ayude al restablecimiento de unas mejores condiciones para la distensión.

En el área de los derechos humanos nuestras dos naciones pueden proseguir su camino común y exigir con firmeza y sin desmayos un cumplimiento más estricto de las obligaciones internacionales contraídas por los Estados en esta materia, cuyo respeto constituye un factor esencial para la paz internacional.

De otro lado, nuestros dos países pueden proseguir su colaboración en la lucha contra la contaminación de nuestros mares y contra el deterioro de la calidad de vida. Así se ha puesto de manifiesto recientemente en la Conferencia de Londres contra contaminación marítima, en que vuestro país apoyó las propuestas españolas a favor de una suspensión de los vertidos nucleares en el mar.

Por último, pero no con menos importancia, España espera de Suecia una actuación solidaria y cooperadora en la represión del terrorismo, verdadero azote y elemento desestabilizador en numerosos Estados europeos.

Por todo ello, permitidme, pues, levantar mi copa por la amistad y cooperación entre nuestras dos naciones, por la ventura personal de Vuestras Majestades y por la felicidad y prosperidad del noble pueblo de Suecia.

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