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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de la República Federal de Alemania Richard Von Weizsäcker y al pueblo alemán

Alemania(Bonn), 25.02.1986

S

eñor Presidente, quiero agradecer muy sinceramente el calor de la hospitalidad y la cordialidad que acabáis de mostrar para con España, para con la Reina y para conmigo.

Quiero también expresaros la satisfacción profunda con que hemos emprendido esta visita de Estado que nos trae de nuevo a la República Federal de Alemania.

Desde nuestra primera visita en la primavera de 1977 hasta hoy, han transcurrido nueve trascendentales años en los que se ha afianzado y enriquecido la amistad existente entre nuestros pueblos.

Ese período de tiempo ha contemplado cómo los gobiernos de ambos países han puesto lo mejor de sus esfuerzos en aras de la intensificación de los contactos bilaterales en los que siempre ha estado presente un diálogo sincero y directo.

La tarea no ha sido difícil, ya que contamos creo poder decirlo sin riesgo de incurrir en exageración- con una excelente predisposición al entendimiento entre nuestros pueblos.

La historia de nuestros países se encuentra repleta de constantes encuentros en un camino ausente de disputas, en el que nuestros pueblos intercambiaron su capacidad creadora para el enriquecimiento espiritual y cultural mutuo y de Europa.

Es significativo que Beatriz de Suabia fuera Reina de Castilla y León, y diera a España uno de sus más grandes Reyes: Alfonso X El Sabio. Una presencia real que alcanza su mayor esplendor con Carlos I de España y V de Alemania.

Esta estrecha vinculación ha sido un legado imperecedero que a lo largo de tantos años de historia se ha revelado fructífera en todos los órdenes de la vida de nuestros países.

Ello ha sido así, tanto en el intercambio de ideas e iniciativas, como en la creación de riqueza, que alcanzó ya uno de sus más grandes exponentes en las activísimas relaciones comerciales entre Alemania meridional y el Levante español en fechas tan lejanas como los siglos XV y XVI.

Hoy contáis, señor Presidente, con los más altos grados de simpatía y afecto de mi pueblo hacia el vuestro y podéis estar seguro, igualmente, de nuestra más sincera admiración por los logros de vuestra sociedad, que han hecho de ella una de las más avanzadas en el mundo contemporáneo.

Al hablar de las relaciones entre nuestros pueblos, no quiero dejar de rendir un homenaje a tantos miles de españoles que dejan en esta tierra lo mejor de sus esfuerzos e ilusiones, contribuyendo al desarrollo y prosperidad de vuestra sociedad.

Estos hombres y mujeres constituyen un orgullo para nosotros por el ejemplo y testimonio que dan de la capacidad del español para adaptarse, con su espíritu laborioso y sentido de la responsabilidad, a nuevas exigencias y retos.

Señor Presidente, la energía de vuestro pueblo, caracterizada por el ingenio, la laboriosidad de sus hombres, el rigor en el trabajo y el amor a la obra bien hecha, han hecho de la República Federal de Alemania una sociedad moderna y vigorosa. Vuestros ciudadanos pueden estar legítimamente orgullosos de haber sabido elevarla a un lugar destacado de la comunidad internacional, no sólo por los niveles alcanzados de libertad, justicia social y bienestar material, sino también por sus permanentes esfuerzos en pro de la paz y la unidad de Europa.

España comparte con la República Federal de Alemania, la fe en unos mismos valores: justicia, libertad, pluralismo político y respeto de los derechos humanos.

Desde esos valores, España se esfuerza por promover soluciones a los conflictos internacionales que asolan el mundo y en los que se hallan inmersas zonas tan queridas para España como Iberoamérica o tan ligadas a nuestro pasado y nuestro presente como es el mundo árabe.

Una vez más, como tantas veces a lo largo de la historia, sabemos los españoles que en esta tarea, como en la de buscar soluciones a la opresión, la miseria y a tantas lacras de la humanidad, nos encontramos unidos con el pueblo alemán, junto con los demás países de la Comunidad Europea.

Señor Presidente, quisiera subrayar que ésta es la primera visita que realizo a un país de la Comunidad tras el ingreso efectivo de España, el pasado uno de enero. Podéis ver en ello una muestra de reconocimiento del apoyo activo que vuestro país ha prestado al legítimo deseo de España de participar en la construcción de una Europa unida. Sabemos que en esa empresa la República Federal de Alemania ha sido tradicionalmente uno de sus más firmes valedores, siendo así fiel no sólo a los permanentes vínculos con España, sino sobre todo a una cierta concepción del ser y del devenir de Europa.

Un eminente español, José Ortega y Gasset, señalaba en una famosa conferencia pronunciada en Berlín, en 1949, que Europa existía con anterioridad a las naciones que la componen y que el hombre europeo ha vivido siempre en dos sociedades: una menos densa, pero más amplia, Europa; y otra más densa pero territorialmente más reducida: el área de su propia nación, alternándose cíclicamente el predominio de una y otra.

Insistía, ya entonces, Ortega, en que Europa no es una figura utópica sino algo que está ahí desde su pasado remoto y ha llegado un momento en que las naciones europeas sólo pueden salvarse si logran superarse a sí mismas como tales.

Hoy, casi cuarenta años después, ése es nuestro objetivo y ésa es nuestra empresa. A esa aventura común aporta España, con su experiencia de vieja nación civilizadora, fraternalmente unida a las naciones de su estirpe, su ilusión y su esfuerzo de pueblo joven volcado hacia el futuro.

Señor Presidente, en nombre de la Reina y en el mío propio, permitidme levantar la copa por la feliz culminación de este proceso histórico, por el pueblo alemán, por la amistad entre España y la República Federal de Alemania, por vuestra ventura personal y la de vuestra esposa y por la de todos los presentes.

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