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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Chipre Spyros Kyprianou y al pueblo chipriota

Madrid, 12.07.1987

S

eñor Presidente, constituye para la Reina y para mí un motivo de especial satisfacción recibiros, en compañía de vuestra esposa, en el primer viaje oficial que realiza a España un Presidente de la República de Chipre.

Estoy seguro de que vuestra estancia entre nosotros va a permitiros conocer más profundamente la realidad del pueblo español y ha de servirnos para dar nuevo impulso a las excelentes relaciones que nuestros pueblos han mantenido tradicionalmente.

Las importantes huellas, a la vez religiosas y culturales, que la historia dejó en vuestro país, como la reliquia de la Santa Cruz, conservada en el Monasterio de Stavrouni, y el icono de la Virgen atribuido a San Lucas, en el Monasterio de Kykkos, fueron razones más que suficientes para que los peregrinos españoles hicieran alto en Chipre durante su viaje a Tierra Santa.

Más allá de nuestras relaciones históricas, los vínculos entre las dos naciones se asientan hoy en día sobre una natural corriente de simpatía entre el pueblo español y el pueblo chipriota y sobre el conjunto de intereses comunes derivados de nuestro ser mediterráneo.

Por ello, España sigue con interés y preocupación la evolución actual de la situación en la isla de Chipre. Conocemos la importante actividad que se está desarrollando a fin de conseguir un acuerdo comprensivo y satisfactorio entre las dos comunidades que constituyen la población de la Isla.

Somos conscientes de vuestro esfuerzo por conseguir que greco-chipriotas y turco-chipriotas convivan en un Chipre unido, independiente y soberano, un Chipre dueño de su futuro y preparado para llevar a cabo su función histórica de encrucijada en la delicada región del mundo en que está situado.

No ignoramos los obstáculos y las dificultades para conseguir estos objetivos, pero es preciso crear el ambiente propicio para que puedan celebrarse conversaciones eficaces entre las dos comunidades, bajo los auspicios del Secretario General de las Naciones Unidas.

Sobre la confianza, el diálogo y el entendimiento podrá reunificarse la sociedad chipriota de manera que consiga vivir en auténtica paz y en un clima de respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos. España seguirá con la mayor atención cuantos esfuerzos se hagan para restablecer estos principios, y se mostrará solidaria con el pueblo de Chipre en su tarea de construir un futuro de convivencia democrática y pacífica.

Señor Presidente, las relaciones entre nuestros dos países no se limitan a lo político sino que, siguiendo el mandato de los tiempos, se extienden también a lo económico y a lo cultural.

Conocemos el interés mostrado por vuestro país en aproximarse a la Comunidad Europea, sin perder por ello la idea central que inspira vuestra política exterior de permanecer como país no alineado y neutral en el conjunto de los países mediterráneos. La conclusión del acuerdo aduanero con la Comunidad Europea demuestra la decisión firme de vuestro país de mantener unos sólidos vínculos con la Europa occidental, de la que ya participa en cuanto Estado miembro del Consejo de Europa.

En esa tarea, Chipre puede contar con la comprensión española en el mismo ambiente de amistad y colaboración que siempre ha distinguido nuestros contactos.

Las relaciones culturales entre España y Chipre, enmarcadas hoy en un acuerdo cultural, deben fomentarse y profundizarse a fin de que ambos pueblos se conozcan mejor y colaboren más como consecuencia de pertenecer a la misma comunidad geográfica mediterránea y a la misma tradición cultural.

Toda vinculación política y económica que tenga firmes raíces debe basarse en un estrecho conocimiento mutuo. Puedo aseguraros que en esta dirección se encaminan nuestros esfuerzos y que no cejaremos mientras sea posible mejorar los resultados.

Señor Presidente, venís a España en un momento en que nuestra democracia, basada en la Constitución de 1978, ha llegado a su plena madurez, y en que mi país vuelve a ocupar el lugar que le corresponde en el concierto internacional, especialmente en tres áreas fundamentales para nuestra historia y para nuestro presente: Europa, de la que somos parte integrante; Iberoamérica, con la que compartimos lengua y cultura; y el Mediterráneo, con el que nos vinculan lazos antiguos e indelebles.

La paz en el Mediterráneo, la comprensión entre los pueblos ribereños del viejo mar, y su libertad y progreso, son cuestiones que nos afectan profundamente y que constituyen y constituirán aún más en el futuro la base de un quehacer común para los pueblos de España y Chipre.

Sabemos que vuestro país, por razones de geografía y de historia, siente una preocupación especial por la situación conflictiva de Oriente Medio. Por nuestra parte, hemos fomentado y apoyado la toma de decisiones dentro de la Comunidad Europea a favor de una iniciativa de paz razonable y equilibrada, pues todos tenemos la obligación de aportar nuestros esfuerzos para la causa suprema de la paz.

En esta labor común, es mucho lo que podemos ganar y nada lo que podemos perder. Nuestros pueblos desean que exista una paz duradera y estable donde ahora hay conflictos dolorosos. Nuestros pueblos desean también, para sí y para los demás, el progreso y la prosperidad.

Con este deseo compartido, levanto mi copa por vuestra ventura personal, la de vuestra esposa y por la de todo el pueblo amigo de Chipre.

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