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Palabras de Su Majestad el Rey a los participantes en la X Conferencia Interpalamentaria Comunidad Europea-América Latina

Sevilla, 02.04.1991

S

eñoras y señores parlamentarios, no me resulta fácil expresar hasta qué punto y cuán hondamente me satisface dar mi más cordial bienvenida a todos ustedes, representantes de los pueblos de Europa y de América, y dársela, además, en Sevilla.

Me parece éste un lugar privilegiado para que sea aquí donde se celebre el encuentro entre los representantes de dos grandes espacios geopolíticos, a los que España está estrechamente vinculada: la Comunidad Europea, de la que somos parte integrante, y América Latina, con la que nos unen lazos extraordinariamente vigorosos de historia, de cultura y de proyectos comunes.

Como dijo Miguel de Unamuno, la lengua es la sangre del espíritu. Y esta lengua en la que me dirijo a ustedes se habla desde la Tierra del Fuego a los barrios hispánicos de Nueva York, sus escritores la ennoblecen cada día y sus pueblos la enriquecen con los hallazgos fértiles de su imaginación y de su ingenio.

En diversas ocasiones y, en particular, en la declaración final de la Conferencia de los Parlamentarios de los países miembros de la Comunidad Europea, celebrada en Roma en 1990, se ha insistido en que la Comunidad debe abrirse al resto del mundo, evitando cualquier tentación de convertirse en una fortaleza ensimismada en sus propios problemas y ajena a los de los demás.

En este sentido, la Comunidad, firmemente empeñada hoy en el proceso de construcción de una Unión Europea, cuya realidad parece cada vez más próxima y alcanzable, debe ampliar su interés por los problemas del continente americano, como lo hace ya el Parlamento Europeo.De ello es buena muestra la ocasión que nos reúne hoy aquí y, por tanto, constituye para mí un motivo de especial orgullo que esta Conferencia se celebre en España y en el momento en que la presidencia del Parlamento Europeo es ostentada por un español.

Desde el mismo momento en que España se incorporó a la Comunidad Europea, insistió en la necesidad de que se desarrollaran los vínculos entre ambos continentes. La Declaración sobre las relaciones entre la Comunidad Europea y América Latina, que constituye parte integrante del Tratado de Adhesión, es reflejo de ese decidido propósito y base de partida de nuestros esfuerzos.

Sobre ese jalón inicial, España se ha empeñado en que se dote de contenido a esa relación, más allá de las declaraciones solemnes. Nos congratulamos, por tanto, de ver los primeros frutos plasmados, no sólo en reuniones periódicas de los Ministros europeos con sus homólogos de Centroamérica o del Grupo de Río, sino también en acuerdos de amistad y cooperación y en proyectos concretos de carácter común.

Nuestros esfuerzos no se han limitado al terreno político y hemos procurado abarcar también ámbitos económicos, de derechos humanos, de bienestar social y de integración. Con todo ello, unos y otros intentamos contribuir, también conjuntamente, a la satisfacción de esa legítima aspiración de democracia, bienestar y desarrollo que todos deseamos para nuestros pueblos.

Es ésta una reunión parlamentaria y en la propia esencia del concepto de parlamento están el diálogo, la tolerancia y la comprensión. Y esto es especialmente significativo cuando este diálogo se produce entre países democráticos, cuyos representantes lo son precisamente por la voluntad libremente expresada de sus pueblos.

Yo querría por ello que ahora, con esta nueva reunión entre los representantes de unos y otros pueblos, el ya viejo intercambio entre ambos continentes se hiciera más sólido y estrecho cada día; que este contacto supusiera solamente un punto de partida hacia un futuro de mejor entendimiento y de mayor cooperación entre las naciones y los individuos de Europa y de Iberoamérica.

Tengo también la certeza de que las discusiones que van a tener lugar en estos días aportarán ideas fecundas y elementos de gran utilidad para los gobiernos de los estados europeos y americanos, en su búsqueda de renovadas vías de aproximación mutuamente provechosas.

Me permito rogar a todos que tengamos la humildad suficiente como para entender lo mucho que tenemos que admirar en los demás y que aprender de ellos; que seamos plenamente conscientes de cuánto nos necesitamos y de los beneficios que nos reportará a todos un estrechamiento de nuestras relaciones y el establecimiento de unos contactos periódicos, abiertos, más estrechos, donde se pueda debatir noblemente y acordar con generosidad lo que sea mejor para los pueblos que les han otorgado su confianza y su representación.

Se da la circunstancia, a la vez feliz y excepcional, de que el próximo año 1992, en que conmemoremos el V Centenario de la apertura de Europa hacia el continente americano, la Comunidad Europea habrá culminado la construcción de su mercado interior y sentado las bases de su posterior desarrollo con la terminación de los trabajos sobre unión económica y monetaria y la unión política.

Emergiendo de su largo proceso de transformación, parece natural que la Comunidad Europea mire aún más a su alrededor y entre sus primeros objetivos se fije el reforzamiento de sus vínculos con Iberoamérica.

Así, vuestra labor sería, con toda seguridad, un trabajo para la paz, esa paz que deseo de corazón para sus pueblos y para el mío desde esta Sevilla que ha sido siempre y seguirá siendo nexo de unión privilegiado entre España, Europa y América.

Queda clausurada la sesión inaugural de la X Conferencia Interparlamentaria Comunidad Europea-América Latina.

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