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Palabras de Su Majestad el Rey en el Honorable Congreso Nacional de Paraguay

Paraguay(Asunción), 23.10.1990

S

eñor Presidente de la Cámara de Senadores, señor Presidente de la Cámara de Diputados, señores Senadores y Diputados, quiero agradecer, en primer lugar, las palabras que acaba de pronunciar el señor Presidente y manifestarle mi satisfacción por encontrarme ante este honorable Congreso que, como expresión del sistema de representación popular, debe ser el protagonista por excelencia del proceso político que vive el Paraguay.

Del mismo modo que a las Cortes españolas incumbió, hace sólo pocos años, perfilar y afirmar el sistema democrático que reclamaba el pueblo español, a esta Asamblea le corresponde ahora trazar el camino por el que el pueblo paraguayo transite pacífica y ordenadamente desde formas autoritarias de gobierno, condenadas ya al olvido, hacia un sistema político pluripartidista de democracia plena en el que el régimen de libertades que han sabido ustedes ganar quede definitivamente consolidado.

La destacada labor de esta Asamblea supone crear y perfeccionar día a día el marco legislativo que ha de regir la vida de todos los paraguayos en una sociedad más justa, sentando las bases del nuevo Estado de derecho y sus instituciones, cuyo diseño a su responsabilidad incumbe.

En este cometido, que complementa al del gobierno, encontrarán, sin duda, dificultades y el permanente riesgo de que intereses ajenos al proceso de transición empañen sus trabajos. Para superarlos, no cabe olvidar, en este crucial momento de vuestra historia, que defienden ustedes los intereses del pueblo paraguayo, junto con sus legítimas aspiraciones. Y es justo que aquéllos a quienes representan exijan prontas soluciones al cúmulo de problemas a los que se enfrenta una sociedad joven, ilusionada e impaciente por resolverlos en una auténtica democracia en la que la norma, fruto del compromiso social, y la justicia, constituyen principios irremplazables.

En el camino que ustedes emprenden, deben quedar atrás la inquietud, el desasosiego y las divisiones. En esa nueva andadura, deseo que les acompañen la imaginación, el valor y la altura de miras.

En la comunidad iberoamericana, todos seguimos con particular interés y apoyamos sin reserva la alta misión en la que ustedes están empeñados. Me atrevo a decir que su responsabilidad no es solamente frente al pueblo paraguayo, sino que también tiene una dimensión más amplia, en su esfuerzo por integrar a este país en esta corriente democrática iberoamericana que felizmente hoy rige los destinos de millones de hombres.

Les animo a que desplieguen todas sus fuerzas en la consecución de este noble proyecto que su pueblo y nuestra comunidad sabrán valorar y agradecer.

Paraguay no necesita mirarse en espejos ajenos imitando fórmulas extrañas. Su misma historia, proporciona ejemplos admirables de responsabilidad histórica.

El tradicional pensamiento comunero de la soberanía popular, latente en el Paraguay de 1811, llevó a la formación de un Congreso General del que surgió la idea de proclamar la independencia. Entonces, sus predecesores, constituidos en la Junta Superior Gubernativa, presidida por Yegros e integrada por hombres como Francia, Caballero, Bogarín y Fernando de la Mora, cumplieron con la llamada del pueblo y establecieron los principios del sufragio universal y la representación proporcional.

Dos años más tarde, pudieron lograr el objetivo último para el que fueron convocados: la proclamación de la República, la primera en Sudamérica.

Señores senadores y diputados, en el proceso que les ha tocado vivir, van ustedes a contar con la comprensión y el apoyo del pueblo español. Normalizadas nuestras relaciones, nos disponemos a estrecharlas, profundizando en el terreno de la cooperación.

Hace sólo unos meses, se firmó en Asunción un convenio básico que nos ha de permitir desarrollar proyectos concretos. Algunos ya felizmente en marcha. Es voluntad del Gobierno español el que podamos llegar cuanto antes a niveles adecuados de cooperación para la ejecución de programas que contribuyan a avanzar en el campo institucional y que incidan en áreas socialmente prioritarias, tales como la salud, la educación, la vivienda, el desarrollo rural integrado y la rehabilitación del patrimonio histórico y cultural del país.

Este especial interés de mi país por el devenir del Paraguay y, en general, por todas las naciones que durante siglos han unido vínculos de sangre, lengua y cultura, responde a la dimensión iberoamericana de España, que se expresa, no sólo en la cooperación bilateral con todos y cada uno de los países hermanos, sino en el firme compromiso que hemos adquirido desde nuestro ingreso en la Comunidad Europea. Estamos decididos a trabajar para que el diálogo entre la Comunidad Europea y América Latina sea más fluido y se profundicen las relaciones entre ambos mundos. En ello trabajamos intensamente y nos congratulamos de que esa labor empiece a dar sus frutos.

Así, el encuentro, cuyo V Centenario conmemoraremos próximamente, se convertirá en la fructífera realidad de un mejor conocimiento mutuo y un mayor bienestar para nuestros pueblos.

En estos últimos años del siglo XX, comprobamos con profunda satisfacción que la América hispana ha vuelto a los principios de libertad por los que desde sus orígenes luchó, lo que ha permitido establecer sistemas democráticos de gobierno a lo largo de su geografía.

Sin embargo, la favorable evolución política no cuenta con una apropiada situación económica que contribuya a su afianzamiento. Por ello, frente a los retos que se nos plantean a las puertas de un nuevo siglo, no cabe sino actuar conjuntamente, abandonando esfuerzos individuales estériles, propios de sociedades que responden a modelos ya caducos.

Es necesario multiplicar las acciones que nos lleven a una mayor integración de nuestros pueblos. En pro de tan noble objetivo, todos los esfuerzos son bienvenidos y así observamos con el mayor interés, el acierto de los gobernantes paraguayos que están incrementando en los últimos tiempos, los contactos de toda índole con los países vecinos.

En este contexto, estamos convencidos de que en el orden mundial que nos ha tocado vivir, la comunidad iberoamericana de naciones puede y debe jugar un papel relevante. Lo mucho que nos une, junto con una decidida voluntad política, harán posible el empeño.

1992 no debe limitarse a ser el año en que conmemoremos los acontecimientos que originaron el comienzo de la Edad Moderna, con el encuentro entre dos mundos. Debemos aprovechar la efemérides que a todos nos pertenece por igual, para compartir un gran proyecto hacia el futuro.

Señores senadores y diputados, la normalización democrática de su país, tras el esfuerzo realizado para recuperar un sistema de libertades en el que los derechos humanos queden plenamente garantizados, requiere el continuo y arduo trabajo que el pueblo exige.

Los afanes de protagonismo político, las diferencias conceptuales y los intereses partidarios deben quedar subordinados, en los decisivos días que vive esta Asamblea Legislativa, al bien común de todos los paraguayos, en cuyo logro las ideas de libertad, justicia y progreso deben prevalecer.

La Reina y yo os deseamos el mayor de los éxitos en vuestra trascendental tarea.

Muchas gracias.

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