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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala en honor del Presidente de Polonia, Sr. Wojciech Jaruzelski

Palacio Real de Madrid, 11.06.1990

S

eñor Presidente, al daros hoy la bienvenida a España, quiero aprovechar la oportunidad para deciros, una vez más y ya en suelo español, cuánto hemos agradecido la Reina y yo la calurosa e inolvidable acogida que nos dispensasteis cuando visitamos Polonia en el pasado otoño.

Quiero reiterar también nuestra gratitud por la hospitalidad y el cariño que nos brindaron en aquella ocasión el gobierno y todo el pueblo polaco. La Reina y yo guardamos un vivo y memorable recuerdo de la visita: de los momentos de Varsovia y de Cracovia, de un Chopin oído una tarde de otoño en su casa natal, de las interesantes conversaciones mantenidas con tantas personalidades de la vida polaca.

Sobre todo, guardamos muy clara en nuestra memoria la imagen de un pueblo que, habiendo recuperado su soberanía, se preparaba con alegría y con audacia a reorganizar sus instituciones y a reconstruir el Estado y sus bases económicas, de forma que se pudiera convivir pacíficamente en una sociedad pluralista y democrática.

Desde entonces hasta hoy, día en que iniciáis vuestra visita oficial a España, muchos son los acontecimientos trascendentales que se han sucedido en Europa y en vuestro propio país. Semanas después de nuestra visita, se desmoronaba el muro de Berlín, símbolo de la división de nuestro viejo continente en dos campos que durante medio siglo se miraron con hostilidad y recelo.

Las naciones de vuestro entorno geográfico se apresuraban, al compás del fin de esa división europea, a seguir el camino que Polonia comenzó a principios de 1989, cuando el poder y las fuerzas de oposición se sentaron en torno a una Mesa Redonda para labrar conjuntamente y en paz el futuro democrático de vuestro país.

Al mismo tiempo, los dos Estados alemanes, divididos también por la guerra, iniciaban el proceso de su unificación en la paz. El ordenamiento político, militar y económico de la posguerra ha quedado superado y los pueblos de Europa se enfrentan con el reto de elaborar unas nuevas normas de convivencia y colaboración, sobre la base del Acta Final de Helsinki, que parte sabiamente del principio de la estabilidad territorial.

En Polonia, el nuevo gobierno surgido de las elecciones abordaba, en el momento de nuestra visita, el proceso de reformas políticas y económicas que se ha desarrollado desde entonces. Desde España y desde todo occidente, estamos siguiendo con interés y con esperanza la evolución de este proceso histórico.

La Dieta polaca se encuentra redactando una nueva Constitución que se piensa proclamar el 3 de mayo de 1991, día en que se conmemorará el Centenario de la primera Constitución de Polonia; la segunda Constitución escrita en el mundo, después de la Constitución de los Estados Unidos de América.

Ciertamente, es difícil concebir una manera mejor de celebrar una fecha tan señalada para la nacionalidad polaca y para la historia de las conquistas de las libertades en todo el mundo.

La democracia en Polonia puede considerarse ya como un hecho, y las reformas políticas que se están produciendo tienden fundamentalmente a organizarla para mejor asegurar su funcionamiento en la práctica. A ello contribuye poderosamente la voluntad unánime del pueblo polaco, cuyas instituciones representativas trabajan día a día en la superación del enorme reto que esa transformación supone. Esa labor ya ha sido reconocida por el Consejo de Europa, al invitar a Polonia a asociarse a muchas de sus actividades, en el ámbito parlamentario, jurídico o cultural.

Paralelamente a esas reformas políticas, vuestro país está poniendo en práctica unas importantes reformas económicas. Vuestro gobierno está intentando llevar a cabo con éxito la ardua tarea de convertir una economía planificada y centralizada en una economía de mercado abierta e integrada en la vida económica mundial.

Ante estos esfuerzos por mejorar el nivel de vida en vuestro país, España no es indiferente. Os rogamos que nos consideréis como unos socios que saben que los éxitos económicos de Polonia serán también los éxitos del resto de Europa.

Señor Presidente, España ha contribuido al Fondo creado para la estabilización de la moneda polaca. Nuestro país colabora en la ayuda multilateral que presta a Polonia el Grupo de los veinticuatro, en el que participa toda la Comunidad Europea, con la que Polonia ha concluido un Acuerdo de Comercio y de Cooperación Comercial y Económica.

El Gobierno español ha querido hacerse solidario con ese esfuerzo y por ello, recientemente, una Comisión mixta hispano-polaca permitió arbitrar medidas y créditos para que exportadores e inversores españoles puedan colaborar en proyectos en Polonia.

El futuro está lleno de promesas, pues la historia nos enseña que en momentos de crisis, en las horas difíciles en que un pueblo tiene que dar de sí todo lo mejor de su ser, españoles y polacos reaccionamos de forma muy parecida. Pero ese futuro está también lleno de retos importantes. La distancia geográfica que nos separa y que en otras épocas era una barrera casi insalvable, ya no lo es ni lo debe ser más.

Creo que esos retos a los que me refiero serán fácilmente superados si seguimos por el camino de colaboración directa que emprendimos el pasado año. En el tiempo transcurrido desde entonces, han proliferado los encuentros hispano-polacos a todos los niveles y se ha ido tejiendo una espesa red de amistades y de intereses que será la más firme garantía de nuestra cooperación.

Los contactos hispano-polacos se multiplican y ello facilita un diálogo que servirá de instrumento para que nuestros dos países, en unión con los demás del resto de Europa, contribuyan a crear el nuevo orden europeo que hay que edificar sobre las ruinas del que siguió a la II Guerra Mundial.

Todos juntos hemos de crear estructuras eficaces de paz y de trabajo en común, para lo que es pieza esencial la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa. Este nuevo orden europeo, por primera vez en la historia, será fruto de una paz que hemos sabido ganar entre todos.

Señor Presidente, en Varsovia brindé hace meses por el futuro de vuestro país. Permítame ahora que alce mi copa por la realidad actual y el futuro de las relaciones hispano-polacas, por vuestra ventura personal y por la de la señora Jaruzelska.

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