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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida por el Presidente de Austria, Sr. Thomas Klestil

Austria(Viena), 10.07.1995

S

eñor Presidente, quisiera corresponder con la expresión de nuestra gratitud a vuestra amable invitación para realizar esta visita de Estado a Austria que se ha visto acompañada por el calor con que el pueblo austriaco sabe expresar sus gestos de bienvenida.

Interpreto esta acogida como un homenaje a España, cifrado a la vez en el recuerdo de nuestro pasado y en el interés por nuestro presente.

A través de la ya larga historia de los dos países se entrelazan empresas grandes, esfuerzos aunados y sucesos relevantes. Pero, a mi entender, el pasado común no debe constituir objeto de reflexión nostálgica. Antes bien, es un impulso, una esperanza, apoyada en el desarrollo armónico que experimentan los vínculos entre las dos naciones, alentadas por la construcción de la nueva Europa que se esboza ante nosotros.

España ha sido testigo apasionado de los profundos cambios que el viejo continente ha experimentado en el último decenio: el triunfo de la libertad y el despertar de sociedades largo tiempo adormecidas. Hoy es necesario ayudar a que el esplendor con que se anunciaba el mundo nuevo ilumine un mañana sereno y estable.

En el conjunto de esfuerzos que requiere la realización de tantas esperanzas, es necesario destacar el papel preeminente que tiene la Unión Europea, porque uno de los mayores éxitos del proceso comunitario de integración viene determinado por la consolidación de la paz y la convivencia entre las naciones de Europa.

Cada uno de los Estados miembros se ha visto favorecido por esta atmósfera, ha tomado parte en su formación mediante una relación intensa y creciente con sus interlocutores y ha dispuesto de una capacidad adicional de proyección fuera de sus fronteras, más allá del espacio común.No desearía dejar pasar, señor Presidente, una realidad constitutiva, esencial, que sin duda se incluye entre los intereses prioritarios de nuestras poblaciones. En Europa, unidad nunca ha significado uniformidad. Por el contrario, la pluralidad de nuestros ordenamientos constitucionales, de nuestras políticas, de nuestras culturas nacionales, pone de manifiesto todas las facetas en que está tallado el acervo común y lo enriquecen hasta el punto de que, sin ellas, poseeríamos una piedra, quizá valiosa, pero informe y probablemente inútil.

El filósofo español, José Ortega y Gasset, enunció el sentido más fértil del europeísmo al señalar que Europa equivale a estar dispuestos a colaborar. De esa colaboración depende la viabilidad de las esperanzas fundadas en el proyecto de solidaridad en que nos hallamos comprometidos.

La perspectiva de la Unión Europea hubiera estado incompleta sin Austria. Incontables páginas de la vigorosa biografía de este continente llevan el indeleble sello austriaco. Somos herederos de las glorias de Austria, de su diplomacia, de los avances que aquí ha experimentado la ciencia, de ese amor por la belleza que, si me lo permite, señor Presidente, consideramos también patrimonio nuestro. En el amplio campo de las relaciones contemporáneas el buen hacer de Austria ha sabido ganar el merecido crédito internacional de que disponen, entre otras, sus actuaciones a favor del mantenimiento de la paz.

Así, puede explicarse la profunda satisfacción con que España recibió la decisión soberana del pueblo austriaco de integrarse en la Unión Europea.

Austria es parte, por fin, de un proceso que le pertenece. Europa enriquece su experiencia y sus capacidades con la aportación del pueblo austriaco, que a lo largo de toda su historia ha sabido mantener una perspectiva continental en sus relaciones internacionales.

Su papel se acrecienta aún más en el contexto de las posibilidades de diálogo y entendimiento surgidas tras la desaparición de la frontera ideológica que dividía el viejo continente. Y así, recuperamos para la historia común al conjunto de estados del espacio centroeuropeo, los cuales comparten con nosotros una cultura, una geografía y la voluntad de desarrollar el sistema democrático.

Puedo aseguraros, señor Presidente, que el camino de los países centroeuropeos hacia su integración en la Unión Europea es un esfuerzo que cuenta y contará siempre con el apoyo de España.

Señor Presidente, tenemos ante nosotros una inexcusable tarea común: la defensa de la justicia y de la paz en aquellas tierras próximas donde han sido sustituidas por la guerra. Tenemos que acabar con las semillas del odio. Hay que sembrar la simiente de la tolerancia, de la igualdad y de la comprensión.

Reconocemos que Austria ha sabido hacer honor a su tradición de asilo y refugio, sin dejar de llevar adelante una extraordinaria acción humanitaria, en las tierras vecinas asoladas por el conflicto, cooperando para encontrar una solución para la crisis armada.

En ella, los hombres de nuestro país, bajo la bandera de las Naciones Unidas, están ofreciendo una generosa contribución, con pérdida de vidas, para restablecer el derecho en la región y paliar el infortunio de sus moradores.

Señor Presidente, la amplia y generosa perspectiva que caracteriza las relaciones internacionales de Austria y España, junto con la sólida tradición de su diplomacia, nos anima a colaborar en dos grandes temas: Ibeoamérica y el Mediterráneo.

Las relaciones entre Europa e Iberoamérica no han dejado de acrecentarse con el paso del tiempo. La consolidación de la democracia y un desarrollo sostenido producen ya efectos beneficiosos para los dos continentes, que habrán de incrementarse en el futuro. Nuestra tarea común será impulsar el progreso en toda Iberoamérica y lograr una creciente intensidad de las relaciones entre las dos áreas.

Al mismo tiempo, nuestro objetivo conjunto en favor de la estabilidad en el Mediterráneo es mucho más que una prioridad.

España y Austria coinciden en la voluntad de asegurar la paz, la prosperidad y la estabilidad en la región dentro del mayor respeto a las distintas culturas.

La conferencia euromediterránea de Barcelona debe ser el punto de encuentro y de impulso para fomentar el desarrollo integrado de la región.Todo ello, en el marco de la presidencia española de la Unión Europea, en la que mi país, estoy convencido, contará con las aportaciones constructivas de Austria.

Señor presidente, cuando el Emperador Carlos V se proponía el lema Plus Ultra, que figura en el escudo de España, daba vida a la perspectiva amplia, abierta y llena de posibilidades, de una política exterior que en Austria y en España encuentra eco inmediato. Las construcciones de nuestro pasado común y la voz actual de nuestras naciones llenas de esperanza de cara a un futuro compartido nos permiten concebir una relación sólidamente asentada en la amistad y la colaboración.

Ante este horizonte les invito a brindar por la prosperidad de Austria, por el bienestar personal de Vuestra Excelencia y por ese porvenir común, lleno de bienestar, progreso, paz y estabilidad.

Muchas gracias.

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