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Palabras de Su Majestad el Rey a las Fuerzas Armadas en la Pascua Militar

Madrid, 06.01.1994

Q

ueridos compañeros, una vez más me reúno con satisfacción con todos vosotros como representantes de las Fuerzas Armadas, en la tradicional celebración de la Pascua Militar.        Debo agradeceros ante todo vuestra disciplina, vuestra lealtad y los servicios que habéis prestado a lo largo del año que acaba de concluir, que ha sido especialmente significativo para las Fuerzas Armadas, inmersas en un proceso de modernización y de proyección internacional.

Hace poco, el mundo ha entrado en un nuevo período en el que los hechos positivos se combinan con las preocupaciones. Hemos sido testigos de acuerdos de paz que cierran contenciosos abiertos dramáticamente durante décadas. También hemos asistido al estallido de nuevos conflictos localizados a los que la acción coordinada de la comunidad internacional no consigue poner fin. No lejos de nuestras fronteras aparecen enfrentamientos civiles latentes que son alentados con argumentos sociorreligiosos.

España está cada vez más integrada en la comunidad internacional que confía crecientemente en nuestra capacidad para desempeñar un papel importante en la resolución de esos conflictos.

Debemos sentirnos orgullosos de que nuestra nación, identificada con el ideal de la paz, que es el supremo bien de las sociedades, haya mantenido y mantenga un comportamiento vigilante, sin egoísmos ni dudas en cuanto a lo que nos corresponde hacer dentro del concierto internacional.

El conflicto de la antigua Yugoslavia ha producido una conmoción en la conciencia de los ciudadanos europeos ante los dramas humanos que genera. Su proximidad golpea nuestra sensibilidad y nos preocupa la falta de éxito de los intensos esfuerzos desplegados por la diplomacia para forzar a las partes enfrentadas a llegar a un acuerdo.

Es obligado que hoy, al celebrar esta fiesta castrense, recordemos con admiración y afecto a nuestros compañeros que se entregan cada día a tareas humanitarias y de asistencia a las poblaciones de toda la Bosnia central.

Transportar todo tipo de ayuda humanitaria para la población civil, aliviar los sufrimientos de enfermos y heridos, intercambiar prisioneros entre las partes y atender ciudadanos desplazados de sus hogares, constituye su trabajo diario. Todo ello en un clima de dificultades, de hostilidad y riesgo debido a su decidida voluntad de permanecer neutrales, como corresponde a fuerzas de las Naciones Unidas.

Debo extender este recuerdo a las tripulaciones de nuestros buques en el Adriático y en el estrecho de Otranto, que integradas en las flotas de la Alianza Atlántica y la Unión Europea Occidental, vigilan el cumplimiento del embargo decretado por la ONU, así como a las de la Guardia Civil que lo efectúan en el Danubio. También a las dotaciones de los aviones que patrullan estas zonas y a quienes componen los equipos de controladores aéreos avanzados y a los observadores procedentes de los tres Ejércitos distribuidos por todo el territorio en conflicto.

Dedicamos un emocionado y admirado recuerdo a los oficiales, suboficiales y soldados que han caído en 1993 en cumplimiento de tan hermosa labor. Una vez más, en nombre de todos los españoles hago llegar a sus seres queridos nuestra más sentida condolencia y el agradecimiento por su serenidad y patriotismo demostrados en su comportamiento y en sus manifestaciones, ejemplares en todos los casos.

No quiero olvidar a los soldados españoles aún presentes en El Salvador, Angola y Mozambique, deseándoles el mayor éxito en su labor de pacificación.

En estos tiempos en que afortunadamente las sociedades más avanzadas parecen volver sus ojos a los tradicionales valores de solidaridad, sacrificio y aprecio por lo no material, superando otros valores más efímeros, estos españoles son objeto de creciente estima en todos los estamentos sociales de la nación.

Junto a ellos, figuran otros conciudadanos nuestros, tanto laicos como religiosos, que desprendidamente dedican lo mejor de su vida a la cooperación internacional aliviando el sufrimiento de los pueblos aquejados por la pobreza o las guerras.

Este es el camino que todos debemos apoyar, afianzándonos en nuestro propósito de avanzar en la defensa de la convivencia entre los hombres y de la seguridad internacional.Reforzar la unidad europea exige no sólo la unidad económica y monetaria, sino que afecta también a la política exterior y de seguridad.

Recientes decisiones adoptadas por el gobierno de la nación para la participación española en las iniciativas dirigidas a que Europa sea capaz de garantizar su propia seguridad, como la apertura de conversaciones para nuestra incorporación al Cuerpo de Ejército Europeo, van en esa dirección.

Hemos dejado para siempre nuestro aislamiento. Hoy los miembros de nuestros ejércitos se relacionan con los compañeros de armas de otros países, se integran en organismos internacionales y realizan misiones propiciadas por la comunidad de las naciones. Lo hacen con una eficacia y una profesionalidad que nos llenan de orgullo.

Eso no hubiera sido posible sin la tarea callada y esforzada que habéis emprendido, en ocasiones no siempre bien comprendida por la sociedad, de modernizaros, adaptar vuestros sistemas de formación, actualizar las mentalidades y cambiar vuestra organización en el breve tiempo de los dos últimos lustros.

Todo ello, sin perder la unidad que proporciona el compañerismo, fortalecidos por la disciplina y combinando en perfecta armonía la conservación de las virtudes militares tradicionales con las modernas exigencias de la organización y de la técnica.

He venido repitiendo en otras celebraciones como la de hoy la necesidad de que exista una perfecta integración de los militares en la vida del país y que todos los ciudadanos se sientan orgullosos de sus ejércitos.

Me congratula comprobar que nuestro pueblo comienza a comprender mejor el esfuerzo realizado por sus Fuerzas Armadas, su valor y su capacidad para enfrentarse a los retos de hoy.También agradece que como Fuerzas Armadas, penséis ante todo en las necesidades de la sociedad, y después en las que son vuestras. Es justo que así se os reconozca, especialmente en época de crisis, cuando otras necesidades sociales exigen imponer un ritmo más lento en vuestro proceso de modernización y reorganización.

Las sociedades libres necesitan siempre la presencia y seguridad de sus Fuerzas Armadas, y muy particularmente en momentos de cambios históricos tan acelerados como el que vivimos. Fieles cumplidoras de la Constitución, conscientes de sus deberes y derechos, inspiran confianza y respeto y sirven de ejemplo para la sociedad.

Agradezco al señor Ministro su felicitación en esta conmemoración de la Pascua Militar. Las informaciones y planes que nos ha expuesto ponen de manifiesto vuestro compromiso de ser cada día más eficaces. Gracias en mi nombre y en el del Príncipe de Asturias por las palabras que ha pronunciado en este acto.

Con profundo pesar debo recordar a quienes han sido víctimas de la cobarde lacra terrorista. Aunque todos la repudiemos y se hayan conseguido avances en su erradicación, su irracionalidad no le permite ver este rechazo frontal de todo nuestro pueblo. A nuestros compañeros militares, a los miembros de las Fuerzas de Seguridad y a los ciudadanos que han perdido su vida, así como a sus familias, mi especial y emocionado recuerdo.

El año que acaba de terminar ha sido pródigo en acontecimientos que a muchos pueden haber inducido al pesimismo.

Sin embargo, pocas veces en la larga historia de los españoles, nos hemos encontrado con tantas posibilidades y tantos deseos colectivos de hacer las cosas bien.Estamos construyendo día a día una España mejor, que nos obliga a superar las tradicionales desuniones que, en ocasiones, han malogrado etapas de nuestra historia.

La diversidad que nos enriquece debe de unirnos en lugar de separarnos y servir de estímulo a nuestra convivencia, que ha sido cimentada durante siglos por el trabajo de generaciones que han hecho de España la tierra de nuestros padres y la tierra de nuestros hijos.

Que en este año, Dios nos conceda la paz por la que vosotros veláis y que nuestra conducta, nuestra entrega y nuestro amor a España, nos hagan dignos de merecerla con la satisfacción del deber cumplido.

¡Viva España!

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