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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Costa Rica Rafael Ángel Calderón y al pueblo costarricense

Madrid, 26.01.1993

S

eñor Presidente, la Reina y yo tenemos hoy especial satisfacción al recibir en España a Vuestra Excelencia y a la señora de Calderón, en esta primera visita de Estado que realizáis a España.Al mismo tiempo que os deseamos una muy feliz estancia entre nosotros, quiero recordar, con todo afecto y agradecimiento, la visita que la Reina y yo hicimos a Costa Rica en abril de 1991.

Durante la misma, pudimos sentir con intensa emoción vuestra generosa bienvenida y la acogida directa, viva y llena de afecto del pueblo costarricense.Fue aquél, significativamente, nuestro segundo viaje a Costa Rica, y quiero deciros que, junto a los importantes actos oficiales que realizamos, nos emocionó muy sinceramente el contacto humano, vivo y lleno de afecto con el pueblo costarricense que, gracias a vuestra iniciativa, disfrutamos en las calles y plazas de Grecia y de Sarchí, y en la provincia de Limón.Aquel encuentro en el campo con el pueblo Tico, con sus típicas carretas, con la riqueza de su folklore, las marimbas, los coloridos bailes caribeños y la alegre elegancia del «punto guanacasteco» nos acercó aún más, como españoles, a vuestro país.

Vuestra presencia hoy en Madrid viene a continuar y enriquecer la tradición ya existente entre nosotros, de frecuentes y fraternales encuentros. Se produce, además, cuando ya hemos dejado atrás el año del V Centenario del descubrimiento de América.

Españoles y costarricenses hicimos, desde un primer momento, la misma interpretación del sentido que debía tener la conmemoración de fenómenos históricos tan complejos como el descubrimiento, la fusión de culturas y pueblos y el surgimiento, con su identidad propia y prometedora, del nuevo mundo iberoamericano.

Estuvimos de acuerdo, en definitiva, en interpretar la conmemoración del V Centenario como un ejercicio de análisis histórico con el fin de examinar mejor nuestro destino compartido.Creo que, en ese empeño, hemos tenido éxito. Hoy, en 1993, sabemos todos más de nuestro pasado, comprendemos mejor los valores y las aspiraciones de los pueblos indígenas, conocemos más nuestras posibilidades de acción y, a la vez, el resto del mundo tiene una más clara percepción de la imagen, el peso y el papel de las naciones iberoamericanas en el escenario internacional.

Señor Presidente, estamos en una década con carácter de encrucijada entre el fin de una época y el comienzo de algo nuevo; una década, por todo ello, llena de la carga contradictoria de preocupaciones, dudas e ilusiones que siempre comporta lo nuevo.Hemos sido testigos y actores de una sorprendente aceleración de la historia que ha revolucionado el orden internacional en el que vivíamos instalados desde el final de la II Guerra Mundial.

En nuestro mundo, en Iberoamérica, los esfuerzos y sacrificios de los años ochenta, en el marco de modelos difíciles de reestructuración y ajuste, han conducido de manera general a una consolidación de la corriente democrática, aunque a veces con agravamiento de los costes sociales e incluso con riesgo, en alguna ocasión, para la estabilidad de las propias instituciones democráticas.

Celebradas las Cumbres de Guadalajara y Madrid y cuando avanzamos hacia el tercer encuentro en la ciudad de Salvador de Bahía, la Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno se percibe ya como un nuevo y útil espacio político.

Nos encontramos ante una novedosa experiencia surgida sin estridencias, con pragmatismo y con una sólida cimentación en los principios e ideales que compartimos de defensa de la democracia y de los derechos y libertades fundamentales, de cooperación y de solidaridad.La Conferencia está ya aportando resultados tangibles, tanto en el ámbito de la concertación política y de la salvaguardia del derecho internacional, como en la ejecución de programas específicos dirigidos al bienestar de nuestros pueblos, en ámbitos tan inmediatos como la educación, la salud, la cultura o los problemas de los pueblos indígenas.Creo que en ese proceso de gestación de un orden nuevo, todavía no claramente definido, los países de la Comunidad Iberoamericana ofrecemos ya una imagen distinta, de lucha contra el pesimismo, de reafirmación de los valores democráticos, de los derechos fundamentales del ser humano y de cohesión y de trabajo conjunto.

Vuestra excelencia nos señaló ya, en la II Cumbre Iberoamericana de Madrid, en julio pasado, que nos encontramos ante un nuevo Renacimiento y que «la década de los noventa debe ser la década de Iberoamérica».

Costa Rica, con su ejemplar y centenaria democracia, con su sensibilidad social, sus sólidas instituciones y las bien conocidas virtudes de su pueblo, está llamada a jugar un papel relevante en esta empresa.

Señor Presidente, las relaciones entre nuestros dos países, hoy como ayer, y siempre a lo largo de una amistad multisecular, siguen siendo ejemplares, fructíferas y dinámicas.Hemos proseguido, en los últimos años, el esfuerzo de llenar esa amistad de contenidos sustanciales, perfeccionando el cuadro institucional de la cooperación, intensificando y concentrando nuestra colaboración en sectores de impacto directo sobre la población, como la sanidad, la educación y la cultura, el denominado sector social productivo o la administración municipal.En este sentido, me complace comprobar que la firma, durante vuestra visita, de un programa global de cooperación, permitirá continuar y ampliar esa estrecha colaboración por el bien de nuestros dos países.Con ello se impulsarán las relaciones económicas y comerciales y se intensificará la presencia, además, en Costa Rica de importantes inversiones privadas españolas en el sector clave del turismo.

No quiero terminar, señor Presidente, sin reiterarle nuestra felicitación y nuestro reconocimiento por la muy destacada presencia de Costa Rica en la Exposición Universal de Sevilla.El pabellón costarricense despertó interés y admiración pues logró transmitir, con especial brillantez, la imagen de un bello y entrañable país, de una nación a la vez rica en tradiciones y moderna, culta y dinámica.El prestigio mundial de Costa Rica como casa de la naturaleza, defensora del medio ambiente y de la ecología y como baluarte de la libertad y la democracia, nos llena a nosotros, como españoles y amigos suyos, de un profundo y legítimo orgullo.

Por todo ello, deseo invitar a todos ustedes a unirse conmigo en un brindis por la amistad hispano-costarricense, por el progreso del pueblo de Costa Rica y por la ventura personal de Vuestra Excelencia y de la señora de Calderón.

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