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Palabras de Su Majestad el Rey en la conmemoración del CL aniversario de los Insitutos de Bachillerato San Isidro y Cardenal Cisneros

Madrid, 21.04.1995

E

s una gran satisfacción para mí volver a este Instituto de San Isidro en el que tuve la suerte de recibir estudios y rendir cuentas en exámenes. El recuerdo de aquellos profesores, de su competencia y buen hacer, me hace sentir gratitud, no sólo personal para con ellos, sino para el conjunto de la institución a la que pertenecían.

Conmemoramos hoy el ciento cincuenta aniversario de los Institutos de San Isidro y del Cardenal Cisneros, antiguo del Noviciado, así como de la creación de los estudios de segunda enseñanza. Una efeméride que es motivo de orgullo y satisfacción para todos.

El plan de estudios de don Pedro José Pidal inauguró, en 1845, una nueva era en la que la segunda enseñanza elemental pasó a ser impartida en los dos Institutos establecidos en nuestra Villa y Corte, ambos agregados a la universidad y llamados institutos superiores.

Apenas once años después, la primera Ley de Instrucción Pública desligó completamente en su aspecto administrativo a los institutos de la universidad, adquiriendo desde entonces vida propia, que se proyectó en sabiduría en todos lo ámbitos de España e Hispanoamérica.

De estas instituciones egresarían ilustres nombres que se situaron al frente de excelentes obras y empresas, desempeñando las principales dignidades en el Estado y en el mundo de las artes, las ciencias, las letras y la pedagogía. Son, así, los frutos de la educación los que, a través de la instrucción y formación integral de la persona, hacen grande a una nación.

La educación no es simplemente un medio al servicio de la sociedad, sino uno de los mejores activos de nuestro patrimonio. Por ello, a todos los que concierne esta delicada responsabilidad de enseñar y educar, compete la obligación de su continua dedicación y puesta al día en su labor. Pero también son acreedores del respeto y la consideración de todos, porque tienen en sus manos aspectos decisivos del porvenir de la sociedad.

Hace unos momentos, cuando saludaba a los consejos escolares de ambos institutos, veía en ellos, además de la representación de todas las instituciones educativas de España, un signo de los tiempos que afecta a todas ellas: la enseñanza en libertad.

Una libertad que integra participativamente en la educación a todas las personas comprometidas en esta noble empresa: profesores, alumnos, padres y personal de servicios y administración, para hacer todos juntos de estos centros faros que irradien la grandeza de una nación que prospera.

Dedicamos nuestro mejor recuerdo a todos los que, con su diario quehacer, han contribuido desde estas aulas a la formación de muchas generaciones de estudiantes, y nuestro reconocimiento a los distinguidos antiguos alumnos que hoy nos acompañan, figuras sobresalientes de la vida nacional e internacional.

Por último, la Reina y yo queremos expresar a ambos institutos y, a través de ellos, a todos los institutos de España, nuestros mejores deseos y todo nuestro apoyo para que sigan ejerciendo su trascendental labor con la misma abnegación y espíritu de servicio.

 

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