Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Activities and Agenda
  • Listen it
  • Imprimir la página
  • Send to a friend
  • Suscribe to RSS
  • Share it on Facebook
  • Share it on Twitter
  • Share it on Linkedin
  • Share it on Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida al Presidente de la República Italiana, Sr. Oscar Luigi Scalfaro

Palacio Real de Madrid, 27.06.1996

S

eñor Presidente,

Deseo, en esta su primera visita oficial a España, darle la bienvenida más calurosa.

Para la Reina y para Mí constituye una satisfacción especial recibirle en Madrid. En primer lugar, porque Vuestra Excelencia ostenta la primera Magistratura de un gran país europeo, ligado a España por antiquísimos lazos de historia, amistad y cultura, que hoy es uno de nuestros principales socios en la Unión Europea y del que los españoles se sienten muy próximos.

Después, porque compartimos con Italia objetivos e intereses de cara al inmediato futuro de la Europa que entre todos hemos de construir.

Y, finalmente, porque Roma no es sólo la capital de Italia y de la cristiandad: también es, como reza el habla popular, mi "patria chica". Cuando voy a Roma, como siempre que piso suelo italiano, Señor Presidente, puedo decir, sin retórica alguna, que me siento "como en mi casa".

Así quisiéramos la Reina y Yo que se sintiera Vuestra Excelencia en nuestro país: como en su propia casa.

Señor Presidente,

España e Italia siempre han estado unidas: por su proximidad geográfica, por los vientos civilizadores que invariablemente nos han venido del Mediterráneo, creando un tronco lingüístico y cultural común, y por los avatares de la historia, que unieron a España con Italia durante varios siglos en la Antigüedad y en la Edad Moderna.

Hasta tal punto hemos estado unidos, que es imposible entender la historia moderna italiana sin la referencia política española; pero del mismo modo, no cabe penetrar en la cultura española -especialmente la del Siglo de Oro- sin la permanente relación con Italia.

Pero España no puede reclamar la exclusiva de haber recibido esta influencia: el fenómeno artístico, filosófico, arquitectónico, literario e incluso político que fue el Renacimiento italiano desde sus albores medievales, es patrimonio de la humanidad del que participamos todos.

Es cierto que nuestras dos naciones siguieron desde la desaparición del Mundo Romano caminos históricos diversos, pero también lo es que a partir de los últimos decenios del siglo XIX se produjo una convergencia de situaciones y de problemas, que han ido acercando nuestra experiencia histórica hasta el día de hoy.

En la actualidad, España e Italia son dos grandes naciones aliadas, que comparten el espacio geoestratégico mediterráneo y participan plenamente en el mayor desafío político y económico de nuestro tiempo: la construcción de una Europa fuerte, unida y capaz de garantizar la seguridad y la prosperidad de sus ciudadanos.

Durante los últimos doce meses, España e Italia, por una de esas bienvenidas casualidades de la historia, se han sucedido al frente de la Unión Europea. Hace escasos días, el Consejo Europeo de Florencia concluyó brillantemente el semestre de Presidencia italiana, que ha supuesto un nuevo impulso en ese camino.

Pero la Europa unida es un ideal que lleva desde sus inicios el sello italiano, no sólo por haberse firmado en la Ciudad Eterna sus Tratados fundacionales, sino porque la concepción misma de la idea que debería acabar para siempre con las guerras fratricidas que han asolado su historia, debe mucho al genio de los italianos y singularmente a ese gran padre de la República Italiana, Alcide de Gasperi.

Aún estamos lejos de ese ideal: Podría incluso decirse que nos encontramos, quizás, ante este ya casi inmediato fin de siglo y fin de milenio, en la etapa más compleja y difícil que ha atravesado la construcción europea desde sus comienzos.

Los cambios operados en nuestro continente y en el mundo desde el fin de la guerra fría han generado una dinámica nueva, a la que la mayoría de los países miembros de la Unión Europea hemos respondido con valor y decisión. Nuestros gobiernos han asumido compromisos de enorme trascendencia: completar el proceso de unión económica y monetaria; concluir positivamente la Conferencia Intergubernamental, que deberá permitir una Europa más cercana y más segura para nuestros ciudadanos; y construir una auténtica política exterior y de seguridad común. Sobre esta base, podremos propiciar la adhesión de las nuevas democracias europeas a la Unión. Paralelamente, y en plena consonancia con nuestros aliados y con la OTAN, deberemos asumir el desafío que suponen los nuevos tiempos.

Tenemos, en definitiva, ante nosotros una ambiciosa e ilusionante tarea, que requerirá imaginación, generosidad y altura de miras por parte de todos. Con el éxito de esta empresa, consolidaremos el futuro de estabilidad y de bienestar económico de nuestros pueblos.

Señor Presidente,

Nuestras relaciones bilaterales vienen desarrollándose en modo altamente satisfactorio en los últimos tiempos.

Tenemos mucho más persistente ausencia de conflictos; tenemos una provechosa colaboración, ya sea en el terreno económico y comercial, en el militar, en el cultural o en el puramente político.

Esa cooperación se basa en unas concepciones muy similares no sólo acerca de los valores sobre los que se sustentan nuestras democracias y que orientan nuestras relaciones internacionales, sino también respecto de cuál debe ser nuestro papel en las instituciones a las que pertenecemos.

Nos incumbe una responsabilidad especial sobre la estabilidad en el Mediterráneo que debe convertirse en un área de paz, cooperación y prosperidad en ambas orillas: más allá de iniciativas comunes como la Conferencia de Barcelona, me complace constatar que los dos Gobiernos se han ocupado de desarrollar una cooperación bilateral sobre estas cuestiones al tiempo que participan, junto con otros países ribereños, en iniciativas subregionales como EUROFOR Y EUROMARFOR.

Es en el marco de estas responsabilidades, donde no puedo dejar de recordar a los militares y policías de nuestros países que, bien en IFOR o encuadrados en otras organizaciones, han contribuido y contribuyen de forma abnegada al proceso de paz en Bosnia y Herzegovina, pieza clave en la estabilidad del Mediterráneo y, por consiguiente, de Europa entera.

Nuestra colaboración económica se ha desarrollado mucho en los últimos tiempos, como lo demuestra el interés de nuestros empresarios por estar presentes en el otro país. La cultura debe ser también un vehículo privilegiado de nuestro acercamiento y debemos impulsar el conocimiento mutuo en los jóvenes de ambos países. Y debemos poner quizás más énfasis en la cooperación científica y técnica, que es la llave para dominar el futuro

Señor Presidente,

Hace escasas semanas presidía Vuestra Excelencia las celebraciones del primer cincuentenario de la República italiana, que han servido también para recordar la unidad de ideales y la nobleza de miras de aquella generación que asumió la responsabilidad de reconstruir la patria después de los desastres de la guerra.

Al recibiros hoy en Madrid, deseo también destacar la determinación y lucidez con que Vuestra Excelencia viene desempeñando sus altas funciones constitucionales, en momentos nada fáciles, que os han granjeado el respeto y la admiración de vuestros conciudadanos.

Quisiera, Señor Presidente, terminar proponiendo a todos los presentes un brindis por vuestra ventura personal, por la prosperidad de Italia y por la felicidad y el bienestar del pueblo italiano.

Back to Speeches
  • Listen it
  • Imprimir la página
  • Send to a friend
  • Suscribe to RSS
  • Share it on Facebook
  • Share it on Twitter
  • Share it on Linkedin
  • Share it on Google+