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Palabras de Su Majestad el Rey ante el Congreso Nacional de Bolivia

Bolivia(La Paz), 17.07.2000

E

xcelentísimo Señor Vicepresidente Constitucional de la República y Presidente nato del Congreso Nacional,Honorable Señor Presidente de la Cámara de Senadores,Honorable Señor Presidente de la Cámara de Diputados,Honorables Señores Senadores,Honorables Señores Diputados:

Quisiera comenzar estas palabras expresando mi agradecimiento por la oportunidad que se me da de dirigirme a los Representantes de la Nación, reunidos en este Congreso Nacional.

Al hablar ante esta Honorable Asamblea siento que lo hago también a cada uno de los bolivianos a través de sus representantes. A los habitantes de la Amazonia, del Chaco, de las ricas llanuras del Oriente, de los valles, el Altiplano y la Cordillera Andina. Este Congreso, representante de la Nación Boliviana, en su pluralidad y diversidad, ha sabido cumplir su papel constitucional con la aprobación de leyes de tanta transcendencia como la del Tribunal Constitucional, la del Consejo de la Judicatura, la de la Defensoría del Pueblo,  la de Reforma de las Aduanas y la del nuevo Código de Procedimiento Penal. Todas son elementos básicos para la vigencia de las libertades y las garantías del Estado de Derecho en Bolivia.

El Congreso Nacional de Bolivia tiene además la responsabilidad de designar a las Autoridades que dirigirán Instituciones de la importancia del Consejo de la Judicatura y la Defensoría del Pueblo. Del correcto ejercicio de esa función depende en gran medida el éxito futuro de esas Instituciones.

Cuando en 1987 visitamos Bolivia, el país estaba saliendo de una crisis económica de enormes y dramáticas proporciones. En esas circunstancias, Bolivia supo dar ejemplo de la madurez política de sus gobernantes y de la capacidad de trabajo e iniciativa de su pueblo. Así consiguió superar una situación que muchos habían juzgado insalvable.

Hoy, a pesar de la recesión generalizada que tuvo su origen en 1997 y ha afectado a toda la región, Bolivia ha logrado concluir el año 1999 con una tasa de crecimiento positiva, gracias a la disciplina económica que se ha sabido imponer y a la estabilidad de sus instituciones democráticas.

Para superar estas dificultades, Bolivia ha elegido el camino del diálogo y de la concertación. En la búsqueda del acuerdo, que es un compromiso con el futuro de Bolivia, participan todos los partidos presentes en esta Cámara, representantes departamentales y municipales, así como los agentes sociales. Quiero felicitar al pueblo de Bolivia, al que vuestras Señorías representan, por haber elegido esta vía del consenso y el entendimiento. En España también tenemos la experiencia de que conseguir acuerdos básicos es un camino seguro para que las Naciones progresen.

Bolivia, al tiempo que ha sabido consolidar su marco institucional y adaptar sus estructuras económicas, ha desarrollado sus relaciones con los países de su entorno, como miembro de la Comunidad Andina de Naciones y como miembro asociado al MERCOSUR. Apertura exterior e integración son la mejor garantía de progreso y desarrollo. Así lo ha entendido Bolivia, recordando el pensamiento de Simón Bolívar: "Una sola debe ser la Patria de todos los Americanos".

La inauguración oficial el pasado mes de febrero del gasoducto Bolivia-Brasil, la obra energética más grande del continente, con casi tres mil kilómetros de longitud, concebida hace 25 años y destinada a convertirse en uno de los nexos integradores más importantes de América del Sur, es ya una realidad que abre nuevas perspectivas y oportunidades, no sólo para los dos países por los que transcurre, sino para toda la región.

Esta adaptación de Bolivia a las nuevas circunstancias ha quedado también patente con el proyecto de creación de los corredores bioceánicos. Hago votos por el éxito de esta iniciativa que supone una respuesta inteligente y audaz a las exigencias de un mundo cada vez más interdependiente.

España, nación europea y americana, que tiene puesto su empeño en el proyecto de la Unión Europea, apoya con decisión los procesos de integración regional en Iberoamérica, así como el diálogo político y los contactos económicos y comerciales entre la Comunidad Iberoamericana y Europa, como mejor garantía para nuestro desarrollo común.

Nuestras dos Naciones, en el seno del mundo occidental, comparten unos mismos valores en los que se asienta nuestra convivencia en libertad: La dignidad de la persona como base de toda política, los Derechos Humanos que deben ser respetados por todos los poderes públicos, la democracia como único sistema legítimo de organización social, el Estado de Derecho como garantía frente a la arbitrariedad. Esos valores nos reclaman un nivel alto de exigencia, de vigilancia y de responsabilidad. Y son también, lo sabemos por experiencia, la condición para crear sociedades más libres, más justas y más prósperas.

Bolivia y España son miembros activos de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Una Comunidad que surge fruto de un impulso político, pero que existe de modo espontáneo, natural, que tiene sus bases en la Historia y en valores compartidos. Nuestra Comunidad tiene una proyección y un peso crecientes en el mundo abierto del siglo que comienza.

Las Cumbres Iberoamericanas son, a la vez que su expresión más visible, el motor de un proceso de diálogo y cooperación que a todos nos importa y beneficia.  Estas reuniones de Jefes de Estado y de Gobierno favorecen un diálogo fructífero y el intercambio de ideas sobre el futuro de nuestros países y de nuestra Comunidad.

Las Cumbres Iberoamericanas se acercan cada vez más a las necesidades concretas de nuestras sociedades. La cooperación en Iberoamérica, que se expresa de forma tan intensa y espontánea ante necesidades urgentes, como es el caso de desastres naturales y actúa de forma estable en el campo de la salud, la educación, la cultura y el medio ambiente, se extiende también a proyectos de fortalecimiento institucional, como la Justicia, o la Administración  Pública.

El establecimiento de la Secretaría de Cooperación Iberoamericana, con sede en Madrid, ha sido un paso decisivo y será sin duda un impulso para la colaboración entre nuestros países.

En los últimos años, Bolivia ha abierto sus fronteras a la inversión extranjera. Me felicito de que hayan sido muchas las empresas españolas que han acudido a esa llamada y, solas o asociadas con otras empresas bolivianas o extranjeras, han  decidido instalarse aquí confiando en las oportunidades que ofrece el país y participar de forma activa en su desarrollo económico y social.

El Tratado General de Cooperación y Amistad suscrito en La Paz el 16 de marzo de 1998 ha supuesto un nuevo impulso a las relaciones entre nuestros países. En el marco del mismo, quiero destacar: el programa de microcréditos para contribuir a la lucha contra la pobreza; la mejora de la salud pública; el apoyo a la Reforma Educativa; la capacitación de jueces y fiscales para consolidar el Estado de Derecho; el programa de desarrollo sostenible "Araucaria"; la continuidad en los proyectos de preservación y restauración del patrimonio histórico; se trata de programas en que la coordinación y la suma de esfuerzos ayuda de manera decisiva a elevar el bienestar de los bolivianos.

Atención especial merecen los programas de desarrollo alternativo al cultivo ilegal de hoja de coca. España es consciente de la responsabilidad compartida que tenemos en esta materia. Quiero dejar patente, junto con nuestro compromiso de ayuda, la admiración que sentimos por el éxito que está obteniendo todo el pueblo boliviano en la tarea de acabar con la lacra del narcotráfico en el marco del Plan Dignidad.

Esta enumeración de los estrechos lazos que nos unen no quedaría completa sin mencionar el agradecimiento que los españoles sentimos por Bolivia, por la generosa acogida que siempre ha dispensado a aquellos de entre nosotros que eligieron, impulsados por motivos muy diversos, este bello país para establecerse y labrar su futuro. Su presencia en Bolivia y su integración en la sociedad boliviana ha contribuido en gran manera a reforzar nuestros vínculos.

Quiero, para terminar, Honorables Senadores y Diputados, felicitarles por los logros alcanzados en su labor legislativa y desearles éxito en su gestión parlamentaria, ya que éste, además de recompensar sus esfuerzos, redundará en el progreso y el bienestar del pueblo boliviano.

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