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Palabras de S.A.R. el Príncipe de Asturias al iniciar su Visita Oficial a Galicia

Santiago, 14.09.1998

Q

uiero en primer lugar agradeceros el afecto sincero con que me recibís hoy y que he sentido también en cada una de mis visitas a esta tierra. Muchas gracias por vuestra calurosa bienvenida.

Comienzo con ilusión mi visita oficial a este antiguo Reino de Galicia. Deseo a lo largo de la semana conocer mejor esta Comunidad, compartir sus proyectos y traeros el apoyo de la Corona, símbolo y lazo de unión de la Patria común y cada una de las comunidades autónomas que la constituyen.

Vengo a la Galicia que es encrucijada y confín, umbral de Europa, tierra de Santiago Apóstol, patrón de las Españas,  para ver, escuchar y sentir con vosotros la realidad que estáis forjando en ella.

Quiero empaparme de la esencia de esta Galicia vieja y universal, dejarme ganar por el encantamiento de la madre tierra, la matria gallega, ese "paisaje habitable que seduce como un nido, incubador de morriñas y saudades", del que hablaba D. Miguel de Unamuno.

Deseo encontrarme y confundirme estos días con vuestros hombres y mujeres, que han sembrado de humanidad la pequeña inmensidad de montañas, valles, "chairas", rías y ríos, hasta lograr una peculiar simbiosis de hombre y tierra, con una naturaleza que se humaniza y unas gentes que se sienten como pocas unidas al terruño, y aun apéndices de la tierra misma.

Desde esta Compostela que se prepara a reiterar, al alba del tercer milenio, la proyección universal del Camino y la tumba del Apóstol y su vocación cultural europea, saludo a la Galicia que, sin renunciar a sus raíces ni dejar de ser ella misma, se transforma y moderniza con decisión y eficacia, a través de la investigación, la imaginación creadora y la más moderna tecnología.

A la Galicia de los labradores que han dejado de ser campesinos para ser agricultores y ganaderos; la de los marineros y pescadores que siguen surcando los mares y cultivan las rías como una huerta; la que descubren cada año miles de turistas; la de empresarios que innovan y se abren a los mercados mundiales sin abandonar su tierra; o la que, respetando un medio natural privilegiado, arranca al viento y al agua mansa la energía con la que mover industrias punteras, que están transformando la estructura de su economía. Y saludo también a la Galicia de la convivencia y la solidaridad, que quiere extender los beneficios del tiempo nuevo a todos sus hombres y mujeres. La que se prolonga al otro lado del mar, fortaleciendo continuamente ese vínculo de la galleguidad que he sentido personalmente al abrazar a los gallegos de la diáspora  en mis encuentros con nuestros compatriotas a lo largo y a lo ancho de Hispanoamérica.

Sois en muchos ámbitos una referencia a seguir, por  la forma en que esta Comunidad, recobrada la fe en sí misma, está sabiendo aprovechar las grandes oportunidades que brinda nuestro tiempo para desarrollarse e incorporarse al futuro.

Confío en el gran papel que esta Galicia nueva tendrá en la España nueva, que construye su grandeza sumando las singularidades e identidades propias de cada uno.

Creo que Galicia está llamada, además, a jugar un papel de primer orden en la reformulación de la Europa del Tercer Milenio, que, mientras crece vigorosa y construye su nueva estructura sobre la base de la unión económica y monetaria, busca sus raíces más profundas en la espiritualidad y la cultura, que son signo y meta del Camino de Santiago, como referentes fundamentales de su identidad europea y su vocación de solidez y permanencia.

  Galicia, terra occidental que atende e obedece á chamada do Oeste, como dicía Ramón Otero Pedrayo, por maís europea que sexa e por maís comprometida que esté coa cohesión continental, non se esgota nela. Pola súa condición atlántica, Galicía proxéctase alén dos mares, cara America, aproveitando a semente ibérica de europeidade que latexa no sangue dos galegos  que cruzaron o océano durante século e medio. Pero tamén Iberoamérica proxéctase cara á Europa das suas esperanzas a través de Galicia e España enteira.

Lazos de ida e volta, de Galicia cara América e á  inversa, texen unha urdimbre densa en mestizaxes sin a que non se pode entender a España de hoxe nin a de mañá. Lazos que seguen sementando aquí e a colá a semente da concertación e a tolerancia, valores claves da sociedade do futuro.

Fago votos por que co esforzo de tódolos galegos, coa axuda de Deus e do noso Señor Santiago, se cumpra a profecía de Castelao. "Vexo unha terra farturenta, onde todos traballan e viven en paz, vexo a miña terra como unha soa cidade, a cidade-xardin máis fermosa do mundo, a cidade ideal para os homes que queiran vivir felices a carón da Natureza". Que así sexa.

Moitas gracias.

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