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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida por el Presidente Yeltsin en el Palacio del Kremlin

Rusia(Moscú), 06.05.1997

S

eñor Presidente,

Quiero ante todo agradeceros el cálido recibimiento y la generosa hospitalidad que nos habéis brindado en este viaje de Estado a Rusia.

Llegamos a Moscú como depositarios de la profunda simpatía, la admiración y el respeto que siempre  ha sentido el pueblo español por el pueblo ruso.

Pocas culturas como la rusa han sabido recoger y desarrollar el caudal humano y simbólico del Quijote; la afinidad del alma rusa con el hidalgo español queda plasmada en una hermosa frase de Dostoyevski: "el día del juicio final, la humanidad se presentará con el libro de Cervantes y por ese sólo hecho será perdonada".

Señor Presidente,

Desde nuestra visita de Estado, en 1984, su país ha experimentado, entre otras razones gracias al decisivo empeño puesto por usted, extraordinarias transformaciones políticas, económicas y sociales que han constituído uno de los factores más relevantes en este último cuarto de siglo.

Quiero expresar mi admiración por todos esos hombres y mujeres que, con lucidez y generoso sacrificio, han hecho posible la realización de este trascendental proceso de cambio.

Sabemos que la tarea es ingente. Pero estamos seguros de que su país podrá alcanzar plenamente los objetivos que se ha fijado. Por ello, hemos manifestado siempre nuestro apoyo a los pasos que Rusia ha dado  hacia la consecución de un Estado de derecho y el establecimiento de una economía de mercado.

Señor Presidente,

El compromiso de Rusia por la paz y la cooperación internacionales constituye una premisa básica para un orden general más estable, libre y seguro.

Por esta razón, España no concibe  una Europa que excluya o margine a Rusia. Muy al contrario, somos firmes partidarios de que la Unión Europea conceda prioridad a sus relaciones con Moscú como interlocutor indispensable para asegurar la estabilidad en Europa.

Desde esta perspectiva, compartimos su deseo de que culmine pronto el proceso de ratificación del Tratado de Asociación y Cooperación.

Estamos viviendo tiempos cruciales en Europa. Ante todo, en el seno de la propia Unión Europea, cuyos quince Estados miembros debemos hacer frente a un triple desafío: la culminación de la Conferencia Intergubernamental de modificación del Tratado de Maastricht,  la introducción de la moneda única en los plazos previstos y, en fin, la ampliación de la Unión Europea.

Quisiera referirme también al diseño de la Nueva Arquitectura de Seguridad Europea, en el que destacan importantes hitos: la Cumbre de Lisboa de la OSCE, de diciembre pasado; la esperada Cumbre de la OTAN con Rusia, cuyo objetivo es formalizar una relación sólida, duradera y estable entre esta Organización y el país más grande de Europa; el Consejo Europeo de Amsterdam, puesto que la reforma del Tratado de la Unión Europea también afectará a cuestiones de seguridad y defensa; y la Cumbre de la Alianza Atlántica en Madrid, en la que se tomarán importantes decisiones en materia de su adaptación interna y externa.  

En estos esfuerzos, la contribución de Rusia es  clave para conseguir un esquema de seguridad en Europa que sea transparente y sólido, que no cree nuevas líneas divisorias y que haga de la seguridad, como bien indivisible, algo cada vez más compartido por todos los Estados del espacio euroatlántico.

Los progresos que se han producido en los últimos años en la reducción de los arsenales nucleares -en un proceso que deseamos continúe- constituyen una buena prueba del compromiso de su país con la seguridad de Europa. Este compromiso también ha quedado reflejado en la contribución rusa, tanto militar como política y humanitaria, a la pacificación de Bosnia y Herzegovina. Hoy es justo realzar el influjo positivo que las iniciativas o las aportaciones de esta tierra han tenido durante los últimos tiempos en el nuevo germen de la paz.

Soy plenamente consciente, Señor Presidente, de que este proceso no está exento de dificultades. Todos debemos superar el lastre de varios lustros de guerra fría, de antagonismo y desconfianza. En todo caso, pueden ustedes contar con España como un país amigo que hará todo lo posible para que Rusia ocupe el lugar primordial que le corresponde.

Señor Presidente,

Mi visita coincide con el vigésimo aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre España y Rusia, que formalmente se celebró el pasado 9 de Febrero.

Creo sinceramente que podemos felicitarnos por haber alcanzado unas relaciones bilaterales libres de contenciosos y cargadas de realidades y expectativas.

Hoy, tras los cambios experimentados por nuestros dos países, existe entre ambos una coincidencia de valores como no se había dado en la historia reciente de nuestras relaciones bilaterales. El Tratado de Amistad y Cooperación, firmado durante su visita a España en Abril de 1994, ofrece un marco jurídico y político adecuado que habrá, no obstante, que seguir desarrollando.

Los intercambios comerciales y el flujo de inversiones entre nuestros países, aunque se han incrementado en los últimos años, siguen siendo insuficientes y existen aún muchas posibilidades por explorar.

España quiere impulsar estas  relaciones y alentar a nuestros hombres de negocios a que inviertan en el presente pero, sobre todo, en el futuro de Rusia.

Vemos con gran satisfacción los pasos que su país está dando para crear un marco jurídico estable y seguro y aplaudimos la voluntad de su Gobierno para introducir los cambios necesarios que faciliten la inversión de nuestras empresas.

Pese a su lejanía geográfica, España y Rusia han estado secularmente unidas por lazos de afinidad en la literatura, la música y las artes plásticas.

Las  relaciones culturales ofrecen, por tanto, un ámbito ilimitado de colaboración y unas perspectivas sumamente esperanzadoras. Las bases para su expansión deben ser el espíritu de cooperación y la voluntad común de promover la difusión y el recíproco conocimiento de nuestros respectivos patrimonios artísticos, nuestra lengua y nuestra cultura.

Señor Presidente,

Quiero, por último, tener un recuerdo especial para aquellos españoles que, muy niños todavía, encontraron en Rusia acogida y amparo en trágicas circunstancias. Agradezco a todo el pueblo ruso el calor humano que supieron dispensar a estos compatriotas míos cuando más lo necesitaban.

Señor Presidente,

Permítame terminar proponiendo  un brindis por la salud y el bienestar  de usted y de su distinguida esposa, por la amistad entre España y Rusia y por la renovada confianza de nuestros pueblos en el porvenir.

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