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Palabras de Su Majestad el Rey ante el Congreso de la República Dominicana

República Dominicana(Santo Domingo), 15.11.2000

M

uchas gracias, Señor Presidente, por sus afectuosas palabras, que considero dirigidas al pueblo español.

Señorías, miembros del Senado y de la Cámara de Diputados:

Es un gran honor para mí estar presente hoy ante esta Asamblea de los representantes del pueblo dominicano, quienes, al igual que sus predecesores en el Parlamento, han sabido guiar a este país, junto con los otros dos poderes, hacia una democracia cada día más consolidada.

También España, y eso lo saben mis anfitriones de hoy, ha tenido que hacer acopio de imaginación y de acción con el fin de afianzar esa democracia que da dignidad a quienes la practican y a quienes tienen que administrarla, para en ella legislar y en ella juzgar en nombre y representación del pueblo soberano.

Mi satisfacción de estar aquí se acrecienta por ser éste el país en el que tuvo lugar el primer acto del encuentro entre dos pueblos de un lado y otro del Océano, el primer acto civilizador y fundacional de una nación por nuestros antepasados.

Tuve la experiencia inolvidable y enriquecedora de ser el primer Rey de España que cruzó el Atlántico para venir a este país, hace ya veinticuatro años.

Ahora he vuelto por tercera vez a la tierra de Juan Pablo Duarte, español y dominicano, que supo unir su valentía a una fe que guió todos sus actos, la misma fe de aquellos otros hombres que tanto significaron en el encuentro entre dos mundos, Fray Bartolomé de las Casas, Fray Pedro de Córdoba y Fray Antonio de Montesinos, adelantados y precursores, en estas tierras, de la defensa de los derechos humanos.

España, que siempre ha tenido un profundo cariño hacia los pueblos de este continente, se siente ahora en el deber de transformar ese afecto en hechos palpables. Nuestra economía ha alcanzado altos niveles de crecimiento y podemos dedicar una parte de nuestros activos culturales, sociales y económicos a cooperar en el desarrollo de otras naciones.

En ese crecimiento ha influido en gran medida nuestra pertenencia a la Unión Europea, pero en ello no debe buscarse un posible alejamiento o preterición, por nuestra parte, de las Naciones iberoamericanas.

Más bien al contrario, España nunca ha olvidado ni olvidará sus relaciones privilegiadas con estos países hermanos, como la República Dominicana. Deseamos continuar siendo valedores de sus legítimos intereses y aspiraciones ante nuestros socios de la Unión Europea.

En un mundo en el que las barreras de todo tipo entre las naciones se desmoronan, reafirmamos nuestra convicción de que la integración en conjuntos supranacionales es un instrumento clave para lograr el desarrollo de nuestras sociedades.

Para alcanzar esos objetivos, es preciso reconocer que a veces hay que compartir una porción de nuestra soberanía en favor de esos grandes conjuntos. Se trata de constatar una realidad en un mundo que está en continua mutación.

Por ello, deseo saludar el impulso dado por el poder legislativo a los esfuerzos para dotar de una mayor proyección internacional a la República Dominicana, a la participación y colaboración de este país en las Cumbres Iberoamericanas y al acercamiento iniciado con la región centroamericana.

Señor Presidente, con el mayor énfasis puedo decir que las relaciones entre nuestros dos países son excelentes. Prueba de ello es el entramado de convenios bilaterales que regulan diferentes aspectos de nuestras relaciones, y que se va a incrementar con la firma de otros acuerdos ya negociados, como el Convenio sobre Cooperación en Materia de Prevención del Consumo y Control del Tráfico de Drogas.

En lo que se refiere a la Cooperación, queremos destacar, quizá como el máximo exponente del apoyo entre los pueblos, los empeños de cooperación al desarrollo en sus áreas científica, técnica y cultural. España considera a la República Dominicana como país preferente de su cooperación con Iberoamérica, y este carácter queda reflejado en los acuerdos correspondientes a la V Comisión Mixta Hispano-Dominicana que se firman precisamente en estas fechas.

Durante la vigencia de los acuerdos adoptados en la IV Comisión Mixta celebrada en marzo de 1997 y que concluye ahora, hemos superado con creces los objetivos comunes de cooperación.

Se ha actuado en los más diversos campos en la mejora del bienestar social y el fortalecimiento del Estado.

Se han creado en este período figuras novedosas en la lucha contra la pobreza, como el Programa de Microcréditos, en el que la República Dominicana fue el primer país receptor de importantes fondos, con la convicción de que el desarrollo social y la prosperidad del país exigen la potenciación del tejido productivo y la creación de puestos de trabajo.

Los esfuerzos de la República Dominicana en materia de modernización del Estado, consolidación de la democracia, estabilización macroeconómica, conservación de la biodiversidad y apertura al exterior facilitan la creación de bases sobre las que ampliar el horizonte de la Cooperación Española en los próximos años.

En lo que respecta a nuestras relaciones culturales, es de destacar el papel de fomento y dinamismo que desempeña el Centro Cultural de España, cuya sede fue una de las primeras universidades de América, gracias a la creciente acogida y participación de la sociedad dominicana en sus actividades.

El Centro se ocupa tanto de proyectar la cultura española en el país como de promover la cultura dominicana en sus diferentes manifestaciones, propiciando el diálogo y el intercambio entre ambas y ampliando las posibilidades de acceso de la población dominicana a una mayor y más variada oferta cultural,  muchas veces en colaboración con las autoridades gubernamentales y académicas dominicanas.

Nuestras relaciones comerciales se encuentran en una fase de franco crecimiento. España es el primer país de la Unión Europea suministrador de bienes a la República Dominicana, y estas exportaciones están creciendo a buen ritmo. Los productos dominicanos comienzan a abrirse un mercado importante en España,  fortaleciendo la imagen de la República Dominicana como país moderno y emprendedor.

También es notable la presencia de empresas españolas en el sector servicios, obras públicas e infraestructuras.

Estas excelentes relaciones en el plano comercial y de servicios no son, sin embargo, exclusivamente coyunturales. No se manifiestan solamente en las actuaciones comerciales del día a día y de la ejecución de una obra pública o un proyecto con carácter social.

Hace ya tiempo que los agentes económicos españoles han realizado inversiones cuantiosas en sectores en los que la República Dominicana ofrece un futuro atractivo y prometedor.

Es el caso del turismo. Hace ya una década que las empresas españolas de este sector, animadas por el clima de inversiones de aquellos momentos, establecieron una presencia permanente que se concreta ahora en la más importante inversión extranjera en la República Dominicana, contribuyendo a su imagen de creciente potencia turística del Caribe.

Este primer paso ha sido complementado mediante las inversiones españolas más recientes derivadas del proceso de privatización de las compañías públicas   dominicanas, consolidando así la posición de España como primer país inversor en la República Dominicana.

Señoras y Señores Senadores y Diputados, permítanme que les extienda una doble felicitación:

Primero, por haber aprobado en el Senado y después, el pasado 11 de octubre, haber enviado a Comisión, a través de la Presidencia de la Cámara de Diputados,  el proyecto de ley que instituye la figura del Defensor del Pueblo. Éste es un importante paso para defender día a día los intereses de los ciudadanos.

Y en segundo lugar, por haber aprobado la Resolución por la que se crean Comisiones Interparlamentarias con el objetivo de fomentar el desarrollo de los tradicionales lazos  de amistad, cooperación y entendimiento entre los Parlamentos de la República Dominicana y de España. Estoy seguro de que las Cortes Españolas aceptarán y responderán inmediatamente a tan amable invitación.

Señorías, en este lugar, en esta Asamblea que es y debe ser el templo de la democracia, que ustedes deben preservar, hago encarecidos votos para que en el marco de la libertad nuestras relaciones se mantengan fructíferas e intensas. Estoy convencido de que así será, en beneficio de nuestros compatriotas, entre los que destacan los españoles que viven en esta bellísima tierra y los dominicanos que viven y trabajan en España.

Los dominicanos pueden mirar hoy el mundo con ilusiones y con porvenir; y, por supuesto, cuando nos visitan llegan a una tierra hermana, de igual modo que los dominicanos, aquí, han hecho que yo me sienta entre los míos.  Muchas gracias.

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