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Palabras de Su Majestad la Reina en la Cumbre del Microcrédito

EE.UU.(Washington), 02.02.1997

Quiero agradecer a los organizadores de esta Cumbre la oportunidad que me proporcionan de dirigirme a un auditorio tan cualificado en la materia de los microcréditos, para expresar mis impresiones sobre un asunto de tanto interés y actualidad.

Cuando hace ahora dos meses visité Bangladesh gracias a una amable invitación del Profesor Yunus, para contemplar in situ la actuación del Grameen Bank en la política de microcréditos, tenía una idea bastante aproximada de la teoría del sistema. La pregunta que continuamente tenía en mi cabeza era: ¿Será posible que la realidad se asemeje a la teoría siquiera sea en un 50 por ciento?  ¿Será posible que la utopía, concebida para soñar, pueda tener rostros, y nombres y apellidos, y circunstancias personales definidas?

Muy pronto, al visitar las primeras aldeas y hablar con las hospitalarias y generosas mujeres rurales bengalíes, encontré la respuesta a esas preguntas. Y hallé la respuesta desde la más profunda solidaridad con el sufrimiento de aquellas mujeres que habían vivido dramas personales  conmovedores.

A través de ellas, por su testimonio y por las pruebas fehacientes de su trabajo, materializado en gran cantidad de objetos y productos, pude comprender que la conquista de la utopía es posible.

Sólo había sido necesario para alcanzarla, una profunda idea de generosidad para con los más pobres y necesitados y una férrea voluntad. Y también tener una gran fé en el ser humano, en sus posibilidades como persona y en su gran capacidad de autoestima.

La obra del Profesor Yunus, el Grameen Bank, una realidad contrastada, ha cumplido ya veinte años. Y el espíritu de solidaridad presente en aquel primer préstamo de unos pocos dólares a una joven de la aldea de Jobra, con el que comprar bambú para fabricar sillas, ha llegado intacto en su esencia y multiplicado en cantidad hasta nuestros días, convirtiendo con el paso del tiempo el uso del crédito en una formidable palanca de progreso económico y social que ha permitido rescatar derechos que parecían olvidados.

La pobreza es la negación de todos los derechos humanos y su erradicación la vía más rápida para derribar la muralla invisible que aísla a los más necesitados del resto de la comunidad.

Pero con tener estos hechos un mérito especial y ser un ejemplo para todos, su auténtico sentido y su gran valor lo adquieren en cuanto que los mismos son un paradigma en la lucha contra la desigualdad.

En este proyecto innovador  las grandes favorecidas son las mujeres, que constituyen en un 94 por ciento las beneficiarias de los préstamos. Por medio del autoempleo, millones de manos femeninas generan gran cantidad de tareas que sustentan la base de una amplia actividad económica, lo que redunda en beneficio de su familia y de su identificación como personas, al hacerlas protagonistas de su propia vida y no objeto de caridad. Tenaces y responsables, alcanzan un 98 por ciento de devolución de los prestamos recibidos.

A lo largo de estos días, seguramente van a oir ustedes cientos de testimonios ejemplares. Y el hecho de que tantas personas provinientes de tan distintos países se reúnan aquí para estudiar esta noble idea de solidaridad, que se expande imparable por el mundo, tiene gran importancia.

De todos nosotros depende en principio  que el objetivo de esta Cumbre, el logro de que cien  millones de familias pobres puedan tener acceso, hasta el año 2005, a la política de microcréditos, sea una realidad.

Para contribuir a esta noble causa y dentro del campo de actuación de la Fundación que dirijo, he tenido la satisfacción de firmar acuerdos en los pasados meses, con UNICEF España, para llevar a cabo políticas de desarrollo por medio de microcréditos en una zona rural del Perú, convenios que espero ampliar en el futuro a otras zonas necesitadas de diferentes países.

Considerar la utilización del crédito como una innovadora opción de uso de recursos no disponibles por la persona, es un concepto sobre el que la Sociedad debería reflexionar y profundizar.

Convencernos de que la pobreza es la negación de todos los derechos humanos, y su erradicación la vía más rápida para derribar la muralla invisible que aísla a los más necesitados del resto de la comunidad, es el mayor homenaje que podemos rendir a los millones de hombres y mujeres que tienen puesta su esperanza en esta Cumbre, que espero sea conocida en el futuro como la de la justicia y la solidaridad.

Muchas gracias.

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