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Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo ofrecido a la representación del mundo de las letras

Madrid(Palacio Real), 22.04.2005

L

a conmemoración del veintitrés de abril, fecha del aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, en la que tradicionalmente se entrega el Premio que lleva su nombre y se celebra el "Día del libro", cobra este año un significado especial al cumplirse el Cuarto Centenario de la publicación de la Primera parte del Quijote.

Por ello, mucho me alegra poder tener hoy en torno a esta mesa a tan distinguida representación del mundo de las Letras.

Del Quijote se dice con toda verdad que es mucho más que un libro: que es todo una biblioteca porque contiene otros muchos libros.

Pero, en realidad, es todo un mundo creado y poblado por numerosas gentes que, al contacto con el ingenioso hidalgo convertido en caballero andante, y con el pobre labrador transfigurado en su escudero, se convierten y transfiguran en escritores y lectores de sus aventuras.

"Todo está en el Quijote", se repite de continuo, indicando que el libro condensa una riquísima tradición y que de él arranca una tradición nueva, abierta en fecundidad inagotable.

Américo Castro explicó magistralmente que eso es así porque don Miguel se proponía superar cualquier límite de particularismo y perseguía límites extremos.

Por eso no dice el nombre del lugar de La Mancha, con lo que todos los pueblos pueden apropiarse del hidalgo y de su historia. Y hasta su sobrenombre se desdibuja para romper cualquier encorsetamiento.

Con ello mostraba Cervantes su voluntad de escribir un libro abierto a lo universal: para toda edad y condición; para gentes de cualquier raza o cultura.

La historia de la recepción de la obra confirma el rápido logro de su ambicioso objetivo.

A poco tiempo de publicarse, los mareantes que iban al Nuevo Mundo entretenían los ocios de la larga travesía, leyendo el Quijote, y el caballero de la triste figura formaba parte de los cortejos en los carnavales de América.

Al mismo tiempo, en Europa no sólo se sucedían las ediciones ilustradas, sino que surgían también adaptaciones: el hidalgo manchego se consagraba como mito universal sin dejar de ser hispano.

Desde hace más de dos siglos la lengua española viene siendo llamada lengua de Cervantes, certificando de ese modo que todo su amplio dominio es, como dice Carlos Fuentes, "territorio de La Mancha". En él y con ella conviven otras lenguas que suponen una riqueza común.

Académicos, escritores, editores y otros representantes de la cultura literaria habéis respondido a la llamada cervantina para compartir, con el Quijote al fondo, el gozo de la palabra. Y lo hacéis en vísperas de entregar el Premio Cervantes a don Rafael Sánchez Ferlosio, que, tras las huellas de don Miguel, ha sabido extender los límites de su geografía imaginaria.

Al agradeceros de corazón vuestra compañía, hago votos para que cuantos, de un modo u otro, servís a nuestras letras, lo hagáis con el mismo espíritu de libertad creadora y con los mismos nobles ideales que Cervantes consagró en su obra.

Por todo ello, os pido que levantéis vuestra copa para brindar conmigo.

Muchas gracias.

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