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Palabras de S.M. el Rey en el acto inaugural de la II Conferencia de la Justicia Constitucional de Iberoamérica, Portugal y España

Madrid, 27.01.1998

Q

uiero que mis primeras palabras expresen mi satisfacción por acudir una vez más a la sede de este Alto Tribunal, así como mi saludo a los Presidentes, Magistrados y Jueces de los Tribunales y Cortes Constitucionales y Supremas de Iberoamérica, Portugal y España que van a participar en esta Conferencia.

Os reunís aquí para dialogar sobre algunas de las cuestiones que afectan a la justicia constitucional, y en especial a la progresiva racionalización y mejora de los procedimientos establecidos para la garantía jurisdiccional de la Constitución.

 Esta reunión se inicia con los mejores augurios, tanto por el alto nivel y elevada competencia de quienes toman parte en ella, cuanto por la experiencia acumulada sobre los temas que aquí van a tratarse, desde la primera Conferencia celebrada en Lisboa.

La Corona comparte vuestros propósitos y hace votos por el éxito de vuestras deliberaciones.

En primer lugar, porque quienes nos honran con su visita son autoridades y representantes de naciones a las que nos sentimos entrañablemente próximos y con las que nos une un profundo y fraternal afecto: Portugal, Brasil y los países de la "comunidad histórica" a los que se refiere expresamente nuestra Constitución para destacar la especial relación del Rey, como Jefe del Estado, con quienes la forman.

Todos sentimos, pues, como comunes los asuntos a que vais a dedicaros. No en vano hunden sus raíces en lazos históricos y tradiciones jurídicas que durante siglos hemos ido construyendo, y que hoy nos vinculan, sin merma de nuestras respectivas peculiaridades, en el seno de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, de la que somos miembros y protagonistas.

Esta conferencia da también testimonio de la creciente importancia de los principios y valores democráticos, y de su máximo exponente normativo, que es la Constitución, como fermento de nuestro patrimonio cultural, guía de nuestra convivencia y estímulo de nuestra proyección colectiva.

La conciencia constitucional y la confianza en la norma suprema que la expresa y en sus instituciones de garantía manifiestan la vitalidad de nuestros Estados y la madurez de nuestros pueblos.

Entraña también un desafío para todos los que han de procurar, desde el quehacer legislativo, en el ámbito de la ciudadanía y, sobre todo, en el de la justicia, que los procedimientos jurisdiccionales respondan con eficacia a los motivos para los que fueron concebidos.

Al ejercer sus funciones, los Tribunales y Cortes Constitucionales aseguran en primer lugar la primacía de la Constitución, como orden jurídico que garantiza los derechos fundamentales y las libertades públicas, y articula los poderes públicos en el marco de un Estado de Derecho.

Los principios constitucionales no son meras declaraciones simbólicas, sino que nacen con vocación de eficacia, proyectándose en la vida entera de la comunidad.

Esta efectividad es también vuestra tarea. A vosotros corresponde específicamente definir, con la máxima autoridad y eficacia vinculante, y mediante razonamientos exclusivamente jurídicos, la interpretación, en cada caso, del sentido y alcance de los proyectos de la Constitución, adecuándose a las exigencias y a los cambios que se derivan de la evolución de la sociedad.

De este modo, hacéis realidad en la vida cotidiana el espíritu de libertad y justicia que inspira nuestros textos fundamentales, en el marco de la norma que proporciona las claves y referencias permanentes e imprescindibles a cada uno de sus enunciados.

Es éste un objetivo ambicioso y también necesario. A través de él la conciencia constitucional se hace viva y se desarrolla no sólo en el plano de la mentalidad colectiva, sino también en los concretos avatares de los individuos y los grupos sociales.

La justicia constitucional cierra y completa así un ciclo en que la Constitución se convierte en patrimonio de todos los pueblos, de los que nace, a los que pertenece y en cuyo favor se imparte.

Sé que estos son los propósitos que os animan y estoy seguro de que acertaréis a alumbrar caminos y sugerencias provechosos para la mejora de nuestros sistemas de justicia constitucional y nuevos estímulos para continuar desarrollando la elevada función que os ha sido encomendada.

Declaro inaugurada la II Conferencia de la Justicia Constitucional de Iberoamérica, Portugal y España.uida esposa.

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