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Palabras de Su Majestad el Rey en la Cena de Gala ofrecida al Presidente de la República de Panamá

Palacio Real de Madrid, 19.10.1998

S

eñor Presidente,

Sean mis primeras palabras para expresar a Vuestra Excelencia, a vuestra distinguida esposa y a toda la delegación panameña la bienvenida más cordial a España.

Sabemos que conocéis bien nuestro país y por ello no habrá de extrañaros la simpatía y el afecto con que los españoles acogemos a los panameños y muy especialmente a su más Alto Representante. Queremos que os sintáis entre nosotros como en vuestra propia casa, con la naturalidad con la que se encuentran dos miembros de una gran familia.

La Reina y yo guardamos los mejores recuerdos de la visita que tiempo atrás realizamos a vuestro hermoso país y en la que disfrutamos de la generosa y cálida hospitalidad panameña. Fue en 1977, el mismo año de la firma de los trascendentales Acuerdos Torrijos-Carter. Era también el período crucial en que España recuperaba su democracia y se abría al mundo y muy especialmente a Iberoamérica.

Desde aquel tiempo, que nos parece a la vez lejano y cronológicamente próximo, España y Panamá han recorrido un decisivo camino en su historia.

La España que hoy visitáis y que os recibe con los brazos abiertos es una España próspera y dinámica, más moderna, con una democracia enraizada en nuestras Instituciones,  pero también en nuestro espíritu y en nuestros corazones, donde anida el convencimiento profundo de que la libertad, la tolerancia, la justicia y la solidaridad son las premisas irrenunciables de nuestro futuro.

También han sido estos años decisivos para Panamá, que ha sabido sobreponerse a difíciles circunstancias históricas para reafirmar su individualidad e independencia y su compromiso con los valores democráticos, al tiempo que conseguía relanzar su economía y avanzar sin titubeos hacia su cita, ya muy próxima, con la Historia, el día 31 de diciembre de 1999 fecha en la que Panamá recuperará su plena integridad territorial.

Señor Presidente, Vuestro país evoca inmediatamente en la memoria grandes descubrimientos y asombrosas hazañas de resonancia universal. ¿Quién no ha sentido alguna vez al estudiar nuestra historia la fascinación de compartir con Núñez de Balboa el descubrimiento del Mar del Sur, después de atravesar la bellísima tierra tropical del Istmo panameño?. Y es que Panamá, "eslabón del continente" como la llamó vuestro gran poeta Demetrio Korsi, ha tenido siempre una posición geográfica y estratégica privilegiada que otro gran poeta iberoamericano, Pablo Neruda, definió muy bellamente:

"Panamá, te otorgó la geografía un don que no entregó a tierra ninguna: avanzaron dos mares a tu encuentro...". Esa privilegiada situación geográfica y sus potencialidades fueron rápidamente reconocidas por España y por la Corona española.

La primera Diócesis del Continente se creó en 1509 en Santa María La Antigua y la muy Noble y Leal Ciudad de Panamá fue la primera erigida en la Costa del Pacífico el 15 de agosto de 1514 y en ella se fundó la primera Universidad de América.

El Emperador Carlos I, de cuyo nacimiento conmemoraremos el V Centenario en el año 2000, encargó a Alvaro de Saavedra en 1529 la elaboración de los primeros planos de un canal por Panamá entre las dos mares océanas y fueron ingenieros geómetras españoles los primeros en realizar mediciones del río Chagres y estudios técnicos para la construcción de un canal interoceánico.

Durante los siglos de nuestra historia común, a través del Camino Real y del Camino de Cruces, el istmo era ya el paso natural y obligado entre los dos océanos y Panamá era una pieza de importancia fundamental en el Imperio Español, como atestiguan todavía los Fuertes y las construcciones de San Lorenzo y de Portobelo, en el Caribe, y de Panamá la Vieja y de San Felipe,  en el Pacífico.

En este contexto, no quiero dejar de mencionar a los varios miles de españoles, en su mayoría vascos que, en épocas más recientes, aportaron su esfuerzo en la construcción del Canal: el Museo del Canal recientemente inaugurado por Vuestra Excelencia les hace justicia con su recuerdo.

Panamá fue también la elegida por Simón Bolívar para la celebración del Congreso Anfictiónico, porque reconoció en el istmo un gran potencial unificador. Panamá es tierra que une y, fiel a su destino, ha sabido ser puente y crisol, pero sin perder nunca su honda raíz hispánica, que se manifiesta en la preservación cuidadosa de su cultura y de su lengua, de sus tradiciones, de su folclore y de una sensibilidad que los países iberoamericanos reconocemos enseguida como "lo nuestro".

Señor Presidente,

Permitidme hablar ahora del presente. Conocemos los esfuerzos y los logros de vuestro Gobierno para profundizar en la democracia, avanzar en el desarrollo social  y modernizar la economía, luchando al mismo tiempo contra la pobreza y la exclusión social.

Nuestros gobiernos tienen la ineludible responsabilidad de corregir las desigualdades sociales, robustecer las instituciones y garantizar los derechos humanos.

Es un reto permanente que requiere de un esfuerzo continuado y nos complace sobremanera mencionar el apoyo que España presta a Panamá, a través de la Cooperación Española, para alcanzar metas cada vez más altas en esos campos.

Sólo nos mueve un sincero sentimiento de solidaridad, que encuentra sus raíces en la historia común que antes he evocado, y que se alimenta de la fe en un luminoso futuro para la Comunidad Iberoamericana de Naciones, si sabemos cooperar y apoyarnos mutuamente, en la medida de nuestras posibilidades en cada momento.

Nos satisface especialmente compartir con Panamá nuestras experiencias, todavía recientes, para alcanzar un mayor desarrollo económico y social y el comprobar el notable incremento de nuestra cooperación en los últimos años.

Nos halaga particularmente poder ser de utilidad en la modernización del sistema educativo y de salud y en el fortalecimiento institucional.

Como ha subrayado Vuestra Excelencia en reiteradas ocasiones, la educación es un aspecto fundamental para el bienestar y el desarrollo de una nación. Es indudable que en estos días, quizá más que en cualquier otro momento de la historia, una sólida formación de nuestra juventud es esencial, porque a ella corresponde ser protagonista en un mundo cada vez más globalizado y complejo, donde el humanismo deberá medir sus fuerzas con la tecnología y domeñarla.

Estoy seguro que en este campo de la educación, nuestro acervo cultural común facilitará grandemente nuestra cooperación, que deseamos siempre más intensa.

Nos complace también comprobar el estado excelente de nuestras relaciones y el interés creciente que Panamá despierta entre los empresarios e inversionistas españoles, que están estableciendo vínculos cada vez más estrechos con la emprendedora clase empresarial panameña.

España tiene fe en el presente y en el futuro de Panamá y creemos que la presencia en vuestro país de empresas españolas será un elemento extraordinariamente positivo para una relación cada vez más estrecha, profunda y sólida.

Señor Presidente,

Acabamos de celebrar la VIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que ha supuesto un firme paso más en la consolidación de nuestra Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Nuestros dos países trabajan con ilusión para construir el tupido entramado de intereses y objetivos en el que se apoya con creciente confianza la gran familia iberoamericana. Estamos convencidos de que, a pesar de crisis económicas o financieras coyunturales y de otros posibles obstáculos, Iberoamérica está llamada a jugar un papel cada vez más destacado y más positivo en el mundo. Panamá será sede de la primera Cumbre Iberoamericana del próximo milenio, en feliz coincidencia con la recuperación de su Canal, y desde ahora alimentamos el deseo de acudir de nuevo a vuestro querido país en ocasión tan señalada.

Conocemos también vuestros esfuerzos, Señor Presidente,  por contribuir a la estabilidad de la zona, en los procesos de integración de ámbito regional y continental.

Vuestro país ha desempeñado con éxito la Secretaría "pro tempore" del Grupo de Río, cuya reunión de mandatarios ha presidido recientemente con toda brillantez. También habéis sabido contribuir al importantísimo diálogo entre el Grupo de Río y la Unión Europea, con aportaciones muy sustantivas a la preparación de la Cumbre de Río de Janeiro del próximo año. España ha sido siempre el adalid de este diálogo y de esa Cumbre y por eso apreciamos de manera muy especial esta eficaz contribución de Panamá.

Señor Presidente,

Antes he hecho referencia a la cita que vuestro país mantiene con la Historia para el último día de este siglo. En ese momento, con la recuperación del Canal y de la totalidad del espacio nacional, se harán realidad los anhelos de muchas generaciones de panameños, apoyados siempre por otras tantas generaciones de iberoamericanos. Sabed que ese 31 de diciembre de 1999 todos los españoles nos uniremos a la alegría de los panameños y formularemos nuestros mejores votos por el futuro de Panamá.

Con este espíritu y desde la solidaridad, la amistad permanente y la simpatía del pueblo español, quiero invitar a todos a levantar su copa por la prosperidad y el bienestar del querido pueblo panameño y por vuestra ventura personal y la de vuestra distinguida esposa.

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