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Palabras de Su Majestad el Rey en la reunión del Patronato del Instituto Cervantes

Segovia(Palacio de la Granja), 11.10.2000

E

l Patronato del Instituto Cervantes se ha reunido por segunda vez en este magnífico Palacio Real de la Granja con el fin de conocer y orientar como es su honrosa responsabilidad, la labor de la institución.

Sean mis primeras palabras de emotivo y cálido recuerdo hacia quienes ya no nos acompañan, los poetas Rafael Alberti y José Angel Valente, así como de cordial bienvenida a los nuevos Patronos, los galardonados con el Premio Miguel de Cervantes y otras figuras eminentes de nuestra cultura.

También lo son las dos grandes personalidades cuyos aniversarios conmemoramos este año, y a las que el Instituto Cervantes ha prestado especial atención: Pedro Calderón de la Barca, clásico mayor del teatro europeo desde hace cuatro siglos, y Luis Buñuel, que puso los fundamentos del nuevo arte del cine al aunar la tradición literaria española y la modernidad.

Calderón y Buñuel son ilustres representantes de una cultura que siempre ha sabido vivir con su tiempo y, a la vez, recordar que viene de lejos.

Hoy, los tiempos son de rápidos cambios y, sobre todo, de constantes innovaciones tecnológicas. Ortega dejó escrito que "un hombre sin técnica, es decir, sin reacción contra el medio, no es un hombre". Las nuevas tecnologías constituyen un formidable desafío, pero ofrecen también oportunidades extraordinarias para difundir una cultura tan creativa y plural como la nuestra.

Por ello, es grato saber que uno de los principales retos que se ha trazado el Instituto Cervantes consiste en impulsar la presencia de nuestra lengua y cultura en la llamada sociedad de la información y el conocimiento.

La Reina y yo, acompañados por el Príncipe Felipe de Bélgica, lo pudimos comprobar el pasado mes de mayo en el Instituto Cervantes de Bruselas con la reconstrucción virtual del Salón de Reinos, concebido por Velázquez para el Palacio del Buen Retiro.

Hemos logrado internacionalizar la economía. Hemos convertido también en universal la lengua española, gracias a que constituye el vínculo y la identidad de una inmensa Comunidad Iberoamericana de Naciones que piensa en el futuro con ilusión. Ahora, os convoco a internacionalizar la cultura, a que las artes, las letras, el cine, la música, la ciencia, el pensamiento sean conocidos y apreciados por todos y en todas partes.

El mejor aliado será precisamente el español, la lengua unida y diversa que hablan 400 millones de personas en cuatro continentes.

El interés por la lengua española crece día a día en todo el mundo, como hemos tenido ocasión de comprobar una vez más durante nuestra reciente visita a Brasil. Su presencia aumenta en colegios, universidades y centros de estudio, porque hablar español es abrir puertas a un futuro profesional más prometedor.

Por ello, debemos esforzarnos en formar profesores, para que ofrezcan una enseñanza de calidad; atender con generosidad a los hispanistas, para que desarrollen su ilusionada tarea en las mejores condiciones; y cuidar con esmero a los alumnos que han decidido estudiar nuestra lengua.

El Instituto Cervantes, que está a punto de cumplir los primeros diez años de vida, es la institución a la que le hemos encomendado esta noble y admirable tarea. Su Director nos ha presentado excelentes resultados y proyectos imaginativos y audaces que invitan al optimismo. Ahora, comenzamos un nuevo curso para hacerlos realidad.

Con él, entraremos también en un nuevo milenio que convertirá el español en una de las dos grandes lenguas internacionales de comunicación. Es motivo de orgullo para todos los que lo hablamos, pero, ante todo, es una extraordinaria circunstancia histórica que debemos aprovechar.

El II Congreso Internacional de la Lengua, que inauguraremos el próximo año en Valladolid, mostrará que el español es uno de nuestros mayores recursos económicos, y la economía es, tal como la definía el entrañable Diccionario de Autoridades, la "administración y dispensación recta y prudente de las rentas y bienes temporales".

Administremos, pues, con prudencia y rectitud este gran bien, el idioma al que se han ido sumando desde hace mil años las más diversas gentes y al que, por ello, se le pueden aplicar las palabras que un escritor dedicó a Buñuel: "no es el primero ni el segundo: es único".

Se levanta la sesión.

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