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Brindis de Su Majestad el Rey al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos en la cena ofrecida en la conmemoración del CDLXXXV Aniversario del descubrimiento de América

Las Palmas de Gran Canaria, 11.10.1977

E

n esta víspera de la festividad del 12 de octubre, una vez más nos congrega el deseo de conmemorar con singular relieve un acontecimiento que conmovió y asombró al Viejo Continente. El descubrimiento de América marcó en la Historia un hito de tal magnitud que los contemporáneos, deslumbrados, no tardaron en soltar las bridas de su imaginación entusiasta. La noción de un nuevo mundo embargó paulatinamente las conciencias, alterando de forma indeleble las dimensiones de lo posible en todos los órdenes. Desde un primer momento, América se asienta en el ánimo europeo como el Continente del futuro y, al conjuro de su nombre, alienta siempre un mañana esperanzador de inequívocos optimismos. Es ese optimismo el que, por encima de contrariedades y preocupaciones, nos anima esta noche, como también nos animó el año pasado en el incomparable escenario de Cartagena de Indias.

En esta ocasión, hemos querido venir a las islas Canarias, tan íntimamente ligadas a la gran gesta colombina, para que ellas brinden su maravilloso marco "verdadero anticipo de la belleza del Nuevo Mundo", a esta entrañable celebración. El Archipiélago "afortunado" acoge hoy, con la hospitalidad de la que siempre hizo gala, a sus hermanos de la Península y de América, en estos parajes fascinantes donde el Gran Almirante emprendió, el 6 de septiembre de 1492, su gran aventura.

Pero dejemos para mañana el rememorar tan inmensa hazaña y el ponderar sus frutos, pues esta noche está aquí singularmente representada la variada y esperanzadora virtualidad de las naciones florecientes que han granado del tronco común a lo largo de casi quinientos años.

Permitidme. que dé la bienvenida a Canarias a nuestro muy ilustre invitado y amigo el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y a su distinguida esposa y comitiva, que han tenido la amabilidad de acceder a compartir con nosotros los actos conmemorativos de este aniversario. Bienvenidos sean igualmente los jefes de Misión de las Repúblicas americanas que, atravesando el océano, en sentido inverso al que lo hiciera Cristóbal Colón hace cuatrocientos ochenta y cinco años, han venido a esta querida tierra española, desde la cual formulamos los más sinceros votos de prosperidad y felicidad para todos los pueblos hermanos.

Estas islas son quizá el lugar ideal para recordar la hermandad de nuestros pueblos no sólo por su posición estratégica como adelantadas de España hacia América, sino también por la importancia de las comunidades canarias asentadas en el Nuevo Continente, y porque es aquí donde más palpable resulta la influencia recíproca entre las culturas de ambos lados del Atlántico.

Este año en que celebramos también el milenario del idioma que compartimos, parece obligado ponderar el papel que ese vehículo de comunicación y entendimiento nos proporciona para el profundo conocimiento mutuo que todo español anhela cuando piensa en América.

Nuevamente deseo reiterarles la solidaridad que el pueblo español, unido al Nuevo Mundo por una lengua milenaria y una forma de vida común, siente por los afanes y esperanzas de cuantos se esfuerzan por construir una existencia mejor en ese Continente colombino.

Señor Presidente:Señores embajadores:Permitidme que, en esta conmemoración solemne del Descubrimiento, a cuatrocientos ochenta y cinco años del día glorioso y a quince de su V Centenario, os convoque a todos para que, aunando esfuerzos, empecemos a idear y preparar tan magna celebración, con el detenimiento y el empeño que la ocasión merece. Tomemos ejemplo de aquellos beneméritos antepasados que, a ambos lados del Atlántico, conjunta y pacientemente, durante años, prepararon la celebración del IV Centenario, el pasado siglo. Rindámosles el homenaje de superarles en la gran ocasión que se avecina.

Alzo mi copa, señores, porque todas las naciones que viven el 12 de octubre como una festividad compartida alcancen, sabiamente dirigidas por sus respectivos Jefes de Estado, el peso específico que merecen y dejen oír su voz unida en los foros internacionales en pro de la paz, del progreso y de la seguridad en el mundo.

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