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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida a Su Majestad el Rey de Marruecos, Mohamed VI

Madrid(Palacio Real), 18.09.2000

M

ajestad,

Permitidme daros la bienvenida a Vuestra Majestad y a su importante séquito, en mi nombre y en el del pueblo español, en esta Vuestra primera visita de Estado a España.

Saludo en Vuestra persona al continuador de una dinastía que ha forjado el Marruecos moderno, convirtiéndolo en una referencia fundamental del mundo árabe-musulmán y en un actor destacado del escenario regional mediterráneo así como de la Comunidad Internacional en su conjunto.

Saludo, al mismo tiempo, al heredero de dos grandes soberanos del Marruecos contemporáneo como fueron Vuestro abuelo Mohamed V, quien culminó con éxito la Independencia, y Vuestro padre, Hassan II, cuyo fructífero reinado constituye una etapa decisiva en el afianzamiento y consolidación de un proyecto nacional identificado con las realidades de nuestro tiempo y abierto a los desafíos del nuevo siglo.

Majestad,

Mi país ha seguido con renovado interés los asuntos de Marruecos desde Vuestro ascenso al trono alauita, hace poco más de un año. España ha valorado en alto grado la dirección que habéis tomado en la conducción del Estado, merced a una acertada combinación de continuidad, inspirada en el respeto al legado de Vuestro padre, e innovación, en respuesta a las nuevas demandas de una sociedad joven que encuentra en su Soberano a un atento intérprete de sus inquietudes.

Encarnáis la esperanza de toda la nación porque ella entera ha presenciado en el curso de Vuestro todavía corto pero intenso reinado los desvelos de Vuestra Majestad por la modernización y Vuestra generosa predilección por la causa de los desfavorecidos. Representáis los anhelos de una juventud impaciente por volcar su energía en el amplio campo de actividades que abarca el emergente movimiento asociativo.

Traducís, en fin, los ideales políticos de las grandes mayorías que, en Vuestro reino, reclaman un nuevo concepto de autoridad, a la escucha del ciudadano y del entorno local en el que se desenvuelve.

Podéis contar con el apoyo de España en el desempeño de la responsabilidad histórica que el destino os ha confiado para que Marruecos ocupe en el próximo siglo el lugar que por historia y prestigio le corresponde.

Bajo el reinado de Vuestro padre Hassan II, Marruecos inició un proceso de renovación de su vida política e institucional que supuso, tras sucesivas reformas de la Constitución, la formación de un Gobierno de alternancia y la instauración de un sistema bicameral, todo ello como resultado de unas elecciones regidas por el principio del sufragio universal.

Mi país dio la bienvenida a la apertura de esa nueva fase, que ha recibido el refrendo de Vuestra Majestad, desde el inicio de Vuestro reinado. Más recientemente, hemos comprobado con satisfacción la determinación en el mantenimiento del rumbo de esas reformas, reflejado en Vuestro reciente mensaje a la nación, el pasado 30 de julio, en el que se anunciaba el desarrollo de importantes disposiciones constitucionales que sin duda alguna contribuirán a afirmar la vigencia de un Estado de Derecho en Vuestro país.

No quiero dejar de señalar, al mismo tiempo, el sustancial progreso que bajo la dirección de Vuestra Majestad ha experimentado Marruecos en el campo de los derechos humanos y las libertades fundamentales, simbolizado, entre otros hechos, por las resoluciones del Comité Consultivo de los Derechos Humanos y por el impulso de determinadas medidas que han permitido el reencuentro de muchos marroquíes con su madre patria. El compromiso de Vuestra Majestad con el pueblo de Marruecos y Vuestra voluntad solemnemente proclamada de ser el Rey de todos los marroquíes ha cobrado, merced a dichos acontecimiento, una dimensión tangible, reconocida por la comunidad internacional y por sus actores más cualificados.

No quiero dejar de mencionar, al hilo de las consideraciones precedentes, el lugar que en Vuestra atención y en la de Vuestras autoridades han merecido las aspiraciones de la sociedad civil, encarnada en una numerosa población juvenil que, desde el principio, ha visto en su Soberano a un representante de sus aspiraciones y a un impulsor de sus ideales para que se integren, como cuestión de prioridad, en las actuaciones y decisiones de los responsables políticos.

España contempla ese resurgimiento asociativo como señal de una poderosa vitalidad que infunde confianza en la capacidad de Vuestro país para encarar con confianza los retos del desarrollo.

Majestad,

Consciente de la necesidad de mantener una proyección internacional acorde con el insigne pasado de Marruecos, Vuestra Majestad ha desplegado una actividad exterior intensa y fructífera.

Destaco, en particular, Vuestra fidelidad al proyecto de integración regional, que dista todavía de liberar su gran potencial en beneficio de todos los pueblos del Magreb Arabe. España alienta los esfuerzos que tanto desde Vuestro país como desde otros de la región norteafricana se han desarrollado para hacer fructificar el espíritu de Marraquech de 1989 y proseguirá en su línea de apoyo, convencida de la oportunidad histórica que la asociación euromediterránea representa para todos los pueblos de nuestro Mar Mediterráneo.

La excelente relación que mi país mantiene con todos los estados del conjunto magrebí nos autoriza a renovar nuestro llamamiento para que no se escatimen energías en la resolución de los contenciosos aún pendientes y en especial el diferendo en torno al Sahara Occidental. España participa de la convicción de que sólo una decidida voluntad de cooperación entre las partes involucradas, con la mirada puesta en los intereses de la región, permitirá superar las dificultades con que todavía tropieza la aplicación del Plan de Arreglo de Naciones Unidas y culminar el proceso de construcción magrebí.

Pronto conmemoraremos el V Aniversario de la Conferencia Euromediterránea de Barcelona en la que los países de la región acordaron el marco de una asociación para crear en torno a nuestro mar común una zona de estabilidad y prosperidad compartida.

Marruecos y España están llamados a jugar un papel especialmente relevante en ese proceso, tanto por la calidad de sus vínculos como por su condición de promotores activos de dos conjuntos regionales, la Unión del Magreb Arabe y la Unión Europea, cuya colaboración resultará indispensable para alcanzar los fines de tan ambiciosa empresa. Creo oportuno recordar en este punto el detenimiento con que Vuestra Majestad, como Príncipe Heredero, abordó la cuestión en Vuestro estudio sobre "La cooperación entre la Unión Europea y los países del Magreb".

Vuestro país ha asumido resueltamente los compromisos que implica esa nueva relación, animado por una voluntad de entendimiento y una fe en las ilimitadas posibilidades que abre a la comprensión recíproca el genio de nuestros pueblos.

Imbuido del mismo espíritu, animo a Vuestra Majestad a aprovechar conjuntamente cuantas oportunidades depare el largo camino que acabamos de emprender para enriquecer el acervo de nuestra asociación, elevándola a nuevas cotas de progreso en beneficio de nuestro común ámbito mediterráneo.

España permanecerá sensible a las aspiraciones de Vuestro país para privilegiar la asociación euromarroquí y convertirla en un modelo para el conjunto de la región, y cree que ha llegado el momento de ensayar una asociación reformada.

En esta línea cabe inscribir la activa implicación de Marruecos en el permanente contraste de ideas que alimenta la reflexión sobre el futuro del área, a través, entre otras organizaciones regionales, del Foro Mediterráneo, cuya presidencia ostenta Vuestro país.

España no ha dejado de apreciar la actitud, constructiva y prudente, que Marruecos ha observado en relación con el Proceso de Paz en Oriente Medio. La reunión del Comité Al Qods, celebrada bajo la presidencia de Vuestra Majestad, en Agadir, el pasado día 28 de agosto, ha enviado a las partes implicadas en el Proceso una señal de moderación tan pertinente por el momento como por el objeto, la cuestión de Jerusalén, clave para coronar las negociaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina.

La celebración, el 3 y 4 de abril pasado en El Cairo, de la primera cumbre entre Africa y Europa contó con la valiosa contribución de Vuestro país, unido por una ancestral relación a un continente de cuyas causas Marruecos se ha erigido en noble e incesante abogado. España seguirá actuando en el seno de la Unión Europea para traducir en programas concretos de ayuda y cooperación las esperanzas alumbradas en la reunión inaugural.

Majestad,

Marruecos y España comparten una historia multisecular que ha fundido en el crisol de nuestras culturas valores de dos civilizaciones capitales en el desarrollo de la Humanidad. Nuestros pueblos se han frecuentado con asiduidad y han tejido una densa trama en la que sus respectivas trayectorias se aproximan hasta confundirse en un mismo destino. Entendiéndolo de esa forma, las autoridades de nuestros dos países estamparon un nuevo sello en las relaciones bilaterales al concluir un Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, conceptos que reflejan el ánimo con que hacemos frente a nuestro porvenir en la encrucijada de la mundialización.

Provistos de esos instrumentos, Marruecos y España han asentado su relación sobre bases institucionales firmes, celebrando regularmente reuniones de alto nivel e intercambiando visitas con una intensidad que atestigua la excelencia de sus vínculos.

La densidad de las relaciones mutuas nos ha permitido encarar diferencias, por lo demás consustanciales a toda relación entre vecinos, manteniendo el marco general de nuestra cooperación, sin trasladar los efectos de eventuales discrepancias al resto de la relación. Marruecos y España habrán de acometer conjuntamente problemas que por sus proporciones y naturaleza desbordan los límites nacionales y apelan urgentemente a nuestra capacidad de coordinación. Después de haber forjado una relación de amistad a través de innumerables y complejos avatares históricos, deberemos seguir fundando en una equilibrada reciprocidad de intereses la gestión de nuestras diferencias, bajo el primado de la cooperación.

España, en el curso de los últimos años, y en especial en el decenio que ahora termina, ha intensificado su colaboración para acompañar a las autoridades marroquíes en la vasta obra de modernización que, comenzada por Vuestro padre, ha continuado durante el reinado de Vuestra Majestad.

Las autoridades españolas han concentrado su esfuerzo humano, técnico y presupuestario en las provincias del norte, por las que Vuestra Majestad ha venido demostrando tan reiterada solicitud.

Numerosos proyectos ejecutados por la Cooperación española han visto la luz en esta región, incidiendo en sectores cruciales para la población como la sanidad, la educación, el medio ambiente, las comunicaciones y las infraestructuras, complementando esa presencia con nuevos instrumentos de acompañamiento financiero que, de inmediato, podrán sufragar programas prioritarios para el desarrollo social y humano de sus habitantes.

Puede Vuestra Majestad estar seguro de que mi país continuará cumpliendo ese imperativo de solidaridad para con el pueblo amigo de Marruecos.

Simultáneamente, la comunidad española de negocios encuentra nuevas oportunidades en Vuestro país, apuntando una evolución en la que el interés de Marruecos como mercado cede el paso a su consideración como destino de inversiones. La presencia de más de ochocientas empresas españolas en territorio marroquí da cuerpo a una complementariedad de nuestras economías cuyas beneficiosas consecuencias para ambas partes engrosarán el activo de nuestra asociación para el progreso.

Nuestras relaciones, me satisface señalar, atraviesan una etapa de maduración en la que los integrantes de la sociedad civil desempeñan un papel de creciente importancia. A la contribución que para el conocimiento recíproco han significado los trabajos de determinados foros de encuentro como el multidisciplinar Comité Averroes se han sumado otras, ampliando el diálogo y los intercambios bilaterales a círculos cada vez más amplios y extendiendo sin cesar el tejido vivo de nuestras relaciones.

Invoco esa palpitante realidad, para invitar a Vuestra Majestad a un reencuentro en el terreno del nuevo milenio, presidido por la comprensión y la solidaridad como valores supremos para aunar esfuerzos en la conquista de un futuro de provecho compartido por los pueblos de Marruecos y España.

Majestad,

Señoras y Señores,

Quiero alzar mi copa y brindar por el noble pueblo de Marruecos y transmitirle un mensaje de amistad del pueblo español, así como expresar a Vuestra Majestad nuestros mejores deseos de ventura y prosperidad.

Muchas gracias.

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