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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida al Presidente de la República Argentina

Madrid(Palacio Real), 24.10.2000

S

eñor Presidente,

Queremos expresar a Vuestra Excelencia, a vuestra distinguida esposa y a todos los miembros de la delegación argentina nuestra más cálida bienvenida a España.

Estamos seguros de que, durante los días que permanecerán en nuestro país, van a tener muchas ocasiones para comprobar el enorme afecto con el que los españoles recibimos a todos los argentinos. Esperamos que lleguen a sentirse en su casa, como nos ha sucedido siempre a la Reina y a mí en cuantas visitas hemos realizado a la entrañable Argentina.

Los lazos afectivos que unen a España con la Argentina son el fruto de una singular Historia compartida, densa en acontecimientos; del común patrimonio de nuestra lengua y nuestra cultura, que tanto se han enriquecido en el vaivén transatlántico; de las empresas económicas conjuntas, compromiso de crecimiento presente y futuro; en definitiva, de una manera de estar en el mundo que nos acerca y nos identifica.

Pero, sin duda, lo que confiere un carácter especial a los lazos hispano-argentinos es la profundidad y amplitud de las relaciones humanas.

Nunca podremos olvidar la generosidad con que la República Argentina recibió a aquellos compatriotas que, forzados a la emigración por circunstancias económicas o políticas adversas, hallaron en su país una segunda patria.

Los españoles, por su parte, correspondieron a esta generosidad contribuyendo con su esfuerzo y su dedicación a la grandeza de la tierra en la que pudieron rehacer sus vidas.

De ahí que el encuentro entre España y la Argentina sea siempre un reencuentro, una nueva oportunidad para actualizar y ratificar la solidez de privilegiado vínculo que nos hermana.

Hoy nos unen más cosas que nunca. A las excelentes relaciones que, en todos los terrenos, siempre han existido entre nuestros dos países, se ha añadido un importante elemento económico, que muestra la confianza mutua de nuestras naciones en un futuro de prosperidad y crecimiento.

La Argentina se ha convertido durante la década de los noventa en el primer destino mundial de la inversión española. En un fenómeno sin precedentes, nuestras empresas han realizado una apuesta inequívoca por el futuro de su país. Han aportado los recursos humanos y de capital que, con vocación de permanencia, han contribuido a modernizar, entre otros, los sectores energético, bancario, de las telecomunicaciones, de los servicios y de la construcción.

En momentos difíciles en los que otros no tuvieron el empuje necesario para hacerlo, España, desde el gran empresario al pequeño ahorrador, dio un paso al frente y confió en el futuro de la Argentina. De esta forma, la economía española se ha ligado tan estrechamente a la economía argentina que, hoy por hoy, no resulta exagerado afirmar que ambas comparten su destino.

Señor Presidente,

Aplaudimos la firmeza con la que su Gobierno está conduciendo al país a superar las consecuencias negativas de la crisis internacional del año pasado. Su compromiso con la austeridad y la eficacia en la gestión, sin desatender las exigencias del crecimiento y del equilibrio social, suponen un ejemplo de coraje político.

España seguirá apostando por la Argentina, segura de que la estabilidad y la apertura son los mejores ingredientes para lograr un crecimiento económico fuerte y sostenido.

Nuestro optimismo sobre el futuro de la Argentina se asienta sobre sólidos argumentos, el mejor de todos la reconocida capacidad de sus gentes, factor indispensable para el desarrollo del enorme potencial del país.

España desea seguir formando parte de ese futuro. Estamos convencidos de que las empresas españolas no sólo mantendrán, sino que incrementarán la apuesta por su país, contribuyendo a consolidar su crecimiento y modernización.

Y es que vemos a la Argentina como un socio fiable, con un comportamiento económico predecible y en el que la estabilidad del marco jurídico continuará propiciando las mejores condiciones para que el flujo de capitales extranjeros contribuya a la prosperidad de su pueblo.

Señor Presidente,

La mejor manera de preparar el futuro prometedor al que me he referido es a través de la educación.

Conocemos su dedicación a esta tarea, para cuyo éxito las nuevas tecnologías proporcionan unos instrumentos de alcance inimaginable hace tan sólo unos años.

Sabemos que la Argentina, consciente de esta realidad, acaba de lanzar bajo su dirección el portal denominado Educar, una iniciativa por muchos motivos ejemplar que, aunando esfuerzos públicos y privados, pretende acercar a todas las escuelas del país la información que circula a través de la Red.

En este terreno se abren grandes expectativas para que el trabajo conjunto de españoles y argentinos resulte especialmente fructífero.

Somos cotitulares, junto con las otras naciones hispanoamericanas, de ese hermoso activo que es la lengua española. El español ofrece inmensas posibilidades en un futuro que ya ha comenzado. A nuestras dos naciones interesa que nuestro idioma progrese como instrumento de la cultura, de la ciencia, de la investigación y de la tecnología.

La lengua no es sólo vehículo de comunicación y seña de identidad; hoy en día, se ha convertido en la materia prima de una industria cultural de primer orden, que incluye rubros de tanta trascendencia económica como son la edición, la producción audiovisual o la enseñanza.

Quienes hablamos español hemos de afrontar el desafío de consolidar nuestro idioma como uno de los vehículos principales para los contenidos que fluyen por las redes informáticas.

Como siempre, para alcanzar este objetivo se nos brinda el instrumento clásico de la relación bilateral, en algunas de cuyas facetas aún se puede profundizar.

También se nos abren oportunidades para la cooperación bilateral en las grandes cuestiones que afectan al mundo.

La reforma de las Naciones Unidas, las operaciones de mantenimiento de la paz en su seno, la nueva arquitectura de los organismos financieros internacionales, los problemas que plantean la criminalidad transnacional y el terrorismo o la necesidad de preservar el medio ambiente son asuntos en los que tenemos, todavía, mucho que hacer.

Pero, además del esfuerzo bilateral, disponemos de otro poderoso instrumento de convergencia multilateral para afrontar estos retos. Me refiero a las Cumbres Iberoamericanas.

La Cumbre Iberoamericana constituye un foro único de concertación en todos los ámbitos: político, económico y cultural, y goza de una proyección creciente en la escena internacional. En este sentido, el éxito de nuestra Comunidad resulta inimaginable sin la irremplazable aportación argentina.

La próxima Cumbre de Panamá, que tendrá lugar dentro de pocas semanas, nos dará la oportunidad de seguir reflexionado sobre éstos y otros asuntos; de evaluar lo mucho que se viene realizando a través de los programas iberoamericanos, con su especial incidencia en el ámbito educativo al que he aludido; y, en definitiva, de tomar medidas concretas para que nuestra Comunidad siga avanzando hacia sus metas.

Señor Presidente,

En un mundo cada vez más abierto, el progreso de los países pasa de forma inevitable por la asociación. Así lo entendió España que, a través de su participación en las distintas instancias de integración europea, ha pasado a ser uno de los protagonistas del mayor proceso de convergencia que la Historia ha conocido. Así también lo ha entendido la Argentina, empeñada junto a sus vecinos en el desarrollo del MERCOSUR.

Estas instancias de asociación regional no deben, sin embargo, producir compartimentos estancos. Bien al contrario, deben constituir plataformas de proyección al exterior y de apertura económica.

Desde el mismo momento en que se adhirió a la Comunidad Europea, España quiso ser nexo de unión entre Europa e Iberoamérica. Siempre hemos considerado que nuestra dimensión iberoamericana es, precisamente, nuestra mejor y más original contribución a la integración en el Viejo Continente. Fue, de hecho, bajo la Presidencia española de la Unión cuando en 1995 se concluyó el primer acuerdo entre la Unión y MERCOSUR.

Vamos a seguir esforzándonos por el acercamiento entre las dos regiones; por la concreción, en los horizontes temporales previstos, de la zona de libre comercio que debe intensificar las relaciones entre nuestras dos regiones, y por facilitar una apertura de los mercados que favorezca un intercambio exento de medidas distorsionadoras y de barreras injustificadas.

La coincidencia de la presidencia argentina de MERCOSUR y la española de la Unión Europea en el primer semestre del año 2002 abre sin duda una oportunidad para el acercamiento en beneficio mutuo.

Además, la Argentina y España, como miembros de la comunidad iberoamericana, son miembros destacados del mundo occidental, del que aquélla es parte sustancial e indivisible.

Por ello mismo compartimos un compromiso cotidiano con las libertades individuales, con el reconocimiento de los derechos fundamentales, con el respeto al Estado de Derecho, en definitiva, con la democracia como único sistema legítimo de organización política. Este compromiso debe presidir nuestras relaciones con el resto de las naciones y cooperar activamente para su universal respeto y fortalecimiento.

Señor Presidente,

Quisiera evocar, antes de concluir mis palabras, otro de los tesoros de nuestro patrimonio común: la obra del gran escritor argentino Jorge Luis Borges.

Usando los versos del poema que dedicó a España en su obra de revelador título "El otro, el mismo", podemos afirmar que para la "España de larga aventura", que aún no ha terminado, para la "España de la caudalosa amistad", la Argentina está "inseparablemente en nosotros".

Juntos podemos y debemos ponernos metas como corresponde a dos naciones -también lo decía Borges- cuyo patrimonio es el universo.

Permítame pues, Señor Presidente, que levante mi copa por la continuidad de esa presencia profunda y plena de sentido, por la prosperidad y el bienestar del pueblo argentino; por la ventura personal de Vuestra Excelencia, de vuestra esposa y de la distinguida delegación que os acompaña.

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