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Palabras de Su Majestad la Reina en la inauguración del Congreso "La familia en la sociedad del siglo XXI"

Madrid, 17.02.2003

Es para mí una gran satisfacción presidir la inauguración de este Congreso sobre "La familia en la sociedad del siglo XXI". Tema de continua actualidad, su estudio nos permitirá reflexionar críticamente sobre múltiples aspectos de gran importancia para la institución familiar, que tanto interés suscita.

Así como las distintas sociedades han cambiado en forma notable a lo largo del tiempo, igualmente lo han hecho, en forma paralela, las familias que les han dado vida y consistencia. La evolución de las estructuras y tipologías familiares ha sido muy acusada, especialmente a lo largo del pasado siglo, debido a múltiples circunstancias que sin duda serán debatidas en profundidad en este Congreso.

Pero a pesar de todos esos cambios de estructuras y formas, la familia, ya sea en su modelo tradicional o en sus nuevas formulaciones, presenta siempre una característica inalterable al identificarse como el ámbito básico de convivencia para el desarrollo de nuestra vida cotidiana.

También, es el marco ideal para transmitir a nuestros hijos todo ese conjunto de normas morales, valores, estilos de vida y afectos imprescindibles para la formación de la persona y el fortalecimiento ético de la sociedad.

Fortalecer el tejido familiar es reforzar el tejido social y la conservación de los ideales de solidaridad y convivencia, tan necesarios en las sociedades actuales.

En una sociedad en acusado proceso de globalización y de cambio, es preciso no perder las referencias que fundamentan y que han dado vida a lo largo del tiempo a la institución familiar. Valores como el amor, el afecto, la solidaridad, la abnegación y la comprensión, son activos de incalculable valor identificativos de la inmensa mayoría de las familias españolas.

Nuevas exigencias afectan hoy día a las familias de nuestra sociedad. En esa continua adaptación familiar a nuevos hábitos, costumbres y comportamientos, muchos padres pueden sentirse confusos y desorientados. Las exigencias laborales en las grandes ciudades, con prolongadas ausencias de los padres del hogar y la incorporación de la mujer al trabajo fuera de casa, junto con nuevos factores de riesgo social para jóvenes y adolescentes, son circunstancias que dificultan la función esencial de la vida familiar: la educación de sus miembros más jóvenes.

Todos estos inconvenientes no pueden, sin embargo, difuminar la responsabilidad de la familia en la educación, sino que exigen su refuerzo y actualización. Padres y madres deben de poner al día su compromiso educativo y redoblar sus esfuerzos en la formación de valores familiares y sociales para beneficio de sus hijos.

En esta tarea, las familias no pueden encontrarse solas. Es necesario que los poderes públicos fomenten, estimulen y promuevan las condiciones necesarias para un mejor desarrollo familiar. Fortalecer el tejido familiar es reforzar el tejido social y la conservación de los ideales de solidaridad y convivencia, tan necesarios en las sociedades actuales.

El Congreso que hoy comienza es una forma de dar respuesta, mediante la reflexión y el estudio, a la necesidad de profundizar en las exigencias de la educación familiar: Analizar necesidades y carencias será un valioso apoyo para el cumplimiento de esas funciones familiares de que antes hablaba, esenciales e insustituibles en la construcción de la sociedad mejor que todos queremos.

De ahí que les desee, a todos, los mejores éxitos en esa tarea.

Muchas gracias.

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