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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de clausura del Año Académico 2000-2001 de la Escuela Diplomática

Madrid, 18.06.2001

M

e es grato, un año más, clausurar el presente Curso Académico de la Escuela Diplomática. Con este motivo, deseo expresar mi cordial enhorabuena a los secretarios de Embajada que pronto comenzarán a servir al Estado en el ejercicio de las funciones que, como diplomáticos, les competen. Confío plenamente en vuestras cualidades profesionales, fruto de una sólida vocación y de una exigente y cuidada preparación en esta Escuela en la que habéis completado vuestra formación.

Estoy convencido de que el entusiasmo de hoy será una constante a lo largo de vuestra vida profesional, que os deseo fructífera y fecunda. La abnegación en el servicio a España implica, sin duda, sacrificios y esfuerzos que nunca serán estériles y que os dejarán siempre la enorme satisfacción del deber cumplido.

La misión y las funciones de los diplomáticos se han visto acrecentadas como consecuencia de la aceleración de los cambios que la sociedad internacional está experimentando. España no ha quedado al margen de ese proceso de transformación. Tanto el progreso de su economía como su perfil sociológico, cada vez más abierto al exterior, y comprometido con los valores que definen un nuevo marco de convivencia universal, aumentan el peso de España en el escenario internacional.

Quienes servís al Estado en el exterior habréis de realizar un esfuerzo adicional para dar a conocer la nueva imagen y el nuevo potencial de nuestro país.

La defensa de nuestros intereses, la protección de los españoles en el exterior, la promoción de nuestras empresas, la difusión de nuestra cultura, la contribución a la paz y la seguridad internacionales o la cooperación con otros pueblos son, entre otras, algunas de las diferentes funciones que pondrán a prueba vuestra capacidad, inteligencia y determinación.

La presencia de España y de los españoles en el exterior se desenvuelve hoy en un ámbito de relaciones múltiples y complejas, que son a la vez causa y efecto de un proceso irreversible de globalización.

Sé que responderéis con eficacia a las exigencias de este entorno, que nos invita a renovar y fortalecer nuestros lazos con los países a los que por tradición histórica, cultural y geográfica nos sentimos más vinculados, y a incrementar los que estamos anudando en áreas nuevas, con las que queremos forjar un marco de relaciones duraderas y acordes con su importancia en el contexto mundial y su futuro.

Quiero también felicitar a los alumnos del Curso de Estudios Internacionales que han elegido esta Escuela Diplomática para completar su formación. Estoy convencido de que el espíritu de diálogo y entendimiento entre alumnos de tantas naciones habrá dejado una profunda huella de amistad y comprensión que les capacitará en el futuro para mejor desarrollar sus actividades en la esfera de las relaciones internacionales.

Su estancia entre nosotros les habrá brindado la oportunidad de conocer nuestra rica y larga historia, nuestra cultura y nuestras gentes. Confío también en ustedes para que, a lo largo de sus carreras, que deseo fructíferas y provechosas, sean valedores de esta España que conocen, moderna y solidaria.

Reitero mi enhorabuena, muy especialmente, a los nuevos diplomáticos españoles, que hoy inician su andadura, con la confianza de que su labor será siempre ejemplar en beneficio de España y de sus ciudadanos.

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