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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el Ayuntamiento de Murcia

Murcia, 15.01.2001

Q

uiero, en primer lugar, agradecer al Alcalde sus palabras de bienvenida, y a la Corporación Municipal las atenciones que siempre me ha dedicado en anteriores visitas a esta ciudad. Especialmente, hoy me viene a la memoria el acto de concesión de la Medalla de Oro y el título de Hijo Adoptivo de Murcia con los que tan amablemente me distinguisteis en 1988 y que me hacen sentirme uno más entre todos vosotros.

Deseo agradecer, asimismo, a los habitantes de Murcia, desde ésta su Casa, el recibimiento que me han brindado, al que correspondo con el afecto que merece su generosa hospitalidad; sus sentimientos hacia la Corona como Institución y hacia mi persona me emocionan y multiplican mi gratitud.

Como bien sabéis, no es la primera vez que visito esta hermosa ciudad, y disfruto de sus tesoros y del carácter abierto y entrañable de sus gentes.

Con estas cualidades habéis ido construyendo a lo largo de los siglos un espacio de convivencia humano y acogedor, dinámico y solidario con vuestro entorno inmediato y con las demás ciudades y pueblos de esta Comunidad.

Sus monumentos religiosos y edificios públicos expresan este espíritu, que no en vano tuvo uno de sus momentos estelares en el tiempo de renovación española que fue nuestro siglo XVIII, al que dieron lustre especial en vuestro suelo estadistas como el Conde de Floridablanca y el Cardenal Belluga, y el genio artístico de Salzillo.

Hoy también Murcia protagoniza una etapa decisiva de su desarrollo, y avanza hacia un futuro prometedor en el ámbito universitario, en el de las iniciativas culturales y en la prestación de servicios de calidad en áreas de interés común.

Por eso, y aunque atesora una historia milenaria, la verdadera riqueza de Murcia radica en su futuro. Esta es una ciudad joven que mira hacia delante. No podría ser de otra manera, puesto que dispone del principal factor para lograr el éxito. Me refiero a su capital humano y, en especial, a su juventud, que compone casi un tercio de su población y que, además, ha crecido en los últimos años hasta situaros como la séptima capital española con mayor número de habitantes.

Quiero que mi presencia en este Salón de Plenos sirva para trasladaros un mensaje de aliento y desearos que logréis resolver los retos y alcanzar las ilusiones con que afrontáis el apasionante siglo XXI que acabamos de abrir y sus nuevas oportunidades y proyectos.

En esta visita voy a tener la oportunidad de conocer directamente vuestros proyectos dirigidos a construir una ciudad más habitable y atractiva, que asegure la prosperidad futura de los murcianos, y que es la meta a la que debe encaminarse vuestro esfuerzo.

Me consta que sabréis aprovechar, como ya lo estáis haciendo, las grandes oportunidades que os proporciona vuestra ubicación en el espacio mediterráneo, vuestras excelentes condiciones climáticas y la localización en la confluencia de las fértiles vegas del Segura y del Guadalentín, que os ha facilitado el desarrollo de una actividad agroindustrial de primera magnitud, amparada por el dinamismo y el espíritu emprendedor de los murcianos y acrecentada por su amplia tradición comercial y exportadora.

Voy a visitar también la Universidad, y comprobar el esfuerzo continuado que estáis haciendo en el campo de la educación integral de vuestros jóvenes, y en el de la investigación aplicada en diversas áreas.

Y es que la sociedad necesita buenos profesionales, sólidamente formados en sus respectivas especialidades, abiertos a otras culturas, capaces de proponer ideas y formular iniciativas que articulen el futuro, que legítimamente les pertenece.

Liderar el porvenir, que es de todos, les exige asimismo una fuerte conciencia de su responsabilidad social. Y esto supone un esfuerzo adicional para forjar también personalidades con fuertes convicciones, que sepan transmitir los valores que construyen una sociedad más sana y más justa.

En el mundo hacia el que nos encaminamos, la educación tiene un protagonismo esencial como formación de una nueva realidad. Debe, por tanto, vivir atenta a las demandas de su comunidad y a sus necesidades específicas. Y por tanto, en justa correspondencia, recibir de ella la atención y estímulo para cumplir su función.

He aquí un proyecto digno de vosotros, y que os invito a realizar con el tesón y optimismo que os caracterizan y que son vuestro principal activo y recurso.

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