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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de la VIII edición del Premio "Luis Carandel" de Periodismo Parlamentario a Doña Rocío Antoñanzas

Madrid, 16.07.2012

A

la Princesa y a mi nos alegra que este Premio Luis Carandell de Periodismo Parlamentario nos traiga nuevamente al Senado. Esta es la octava edición y celebramos su entrega ya entrados los primeros seis meses de una nueva legislatura, la Xª; por tanto con cambios en la composición de las cámaras, nuevas mayorías, nuevo gobierno -esta vez de signo distinto- y relevo en los cargos correspondientes. Esto es algo consustancial al funcionamiento de la democracia y, así en nuestros tiempos, algo ya normal para nuestro país. Aunque en términos relativos seamos todavía una joven democracia, hemos hecho juntos un recorrido del que, a pesar de todos los problemas y dificultades, nos debemos sentir más que orgullosos; aunque no por ello podamos permitirnos relajamiento alguno y debamos siempre cuidar con esmero el funcionamiento y la calidad de nuestra democracia, sus instituciones, sus reglas y equilibrios.

De manera que como es la primera vez que venimos al Senado en esta legislatura, permitidme que saludemos especialmente al Presidente Pío García Escudero, a los vicepresidentes y a los miembros de la Mesa y Portavoces. Les deseamos a todos un mandato lleno de aciertos y de avances en beneficio de todos los españoles. Gracias por la acogida que invariablemente recibimos para este acto, desde hace años, de la Presidencia, de la Mesa y de todos aquellos que forman parte del Senado; junto a ellos, también de la familia periodística que cubre elámbito parlamentario, que lo analiza y facilita su comprensión y seguimiento por parte de la opinión pública.

Precisamente por ellos estamos aquí hoy, puesto que este galardón representa un reconocimiento público al buen hacer de esos profesionales de los medios de comunicación. Pero también nos permite compartir regularmente esta jornada con senadores, diputados y periodistas. A todos ellos, mi agradecimiento por la importante labor que desempeñan en sus respectivas parcelas de responsabilidad.

En esta ocasión -como ha hecho el Presidente del Senado- resulta especialmente pertinente referirnos a nuestra primera Constitución, la de 1812, cuyo bicentenario estamos conmemorando durante este año. Hoy es un día muy oportuno para recordar que lo que arrancó en Cádiz no fue solo la historia de nuestro Parlamento moderno, en su concepción de raíz ilustrada y liberal, sino también, de forma paralela, la del género periodístico parlamentario nacido al calor del mismo sol gaditano.

También hoy, la fecha nos permite recordar otro episodio de nuestra historia, más pretérito mas no menor en trascendencia para el devenir posterior de la Nación. Hace exactamente 800 años se libró la batalla de las Navas de Tolosa, un hecho histórico que, sin entrar a enjuiciar el hecho y su contexto aplicándole el tamiz de nuestra visión moderna del mundo, de las religiones y de nuestra manera de relacionarnos entre los herederos y descendientes de los entonces contendientes -hoy infinitamente más constructiva, amigable y esperanzadora-, supuso un punto de inflexión fundamental que marcó la evolución de la presenciaárabe en la península hacia su fin unos siglos después.

Pero volvamos a lo que arrancó en Cádiz. La publicidad, o la comunicación, es una exigencia irrenunciable para el parlamentarismo democrático, hasta el punto de que ambos conceptos se enlazan de forma indisoluble. Por eso, la libertad de informar y la no imposición de barreras en el acceso a los canales sociales de comunicación para la mejor formación de opiniones y criterios en la ciudadanía -poder soberano al fin y al cabo- constituyen los mejores indicadores de la calidad democrática de un sistema político.

Parlamento y prensa caminan juntos desde el primer momento. El Decreto de Libertad de Imprenta aprobado en 1810 por las Cortes reunidas en la Real Isla de León provocó la rápida aparición de nuevas cabeceras y, así, quienes no tenían oportunidad de asistir a los debates parlamentarios desde las galerías abiertas al público podían informarse a través de las crónicas o los llamados "artículos de Cortes" editados en las páginas de diversas publicaciones. La política empezó a ser un asunto público del que se dialogaba y discutía en las tertulias y en las calles durante los meses cruciales de aquel primer ejercicio parlamentario. Desde el mismo origen de nuestra historia parlamentaria la prensa ha sido, pues, un factor esencial para la conformación de la opinión pública, tal y como hoy en día lo sigue siendo.

No cabe duda de la importancia del papel que desempeñan los periodistas parlamentarios. Desde Cádiz hasta nuestros días el "mundillo" parlamentario siempre ha ofrecido un terreno propicio para el ejercicio de dos cualidades propias del buen trabajo periodístico:

Por un lado, la de no conformarse el periodista con ser mero testigo o paciente espectador de la realidad, sino empeñarse en la tarea de desentrañarla, de captar sus claves, su pulso siempre cambiante; de aprehender esos detalles relevantes que sólo pueden obtenerse pegándose al terreno con ojos y oídos bien atentos. Y, por otro, la virtud de saber transmitir lo percibido y analizado con la claridad, la precisión y la pinceladaágil que son propias del lenguaje periodístico pero, al mismo tiempo, con la agudeza y la brillantez de quien aspira a que sus opiniones den que pensar y estimulen el sentido crítico de sus lectores o sus oyentes.

Los nombres que, por derecho propio, se inscriben con letras mayúsculas en el elenco histórico de nuestros cronistas parlamentarios son precisamente los de aquellos que mejor supieron conjugar ambos tipos de virtudes. Tal es el caso de nuestro siempre querido y recordado Luis Carandell, cuya memoria honramos mediante este premio anual de periodismo parlamentario, este género queél enriqueció con su peculiar maestría.

Quiero ahora destacar el acierto del jurado al conceder el premio de esta octava edición a Rocío Antoñanzas, periodista de la Agencia EFE que desde hace algunos años, entre otras tareas, cubre con gran eficacia la información parlamentaria de esta Cámara Alta. Gracias a su dedicación diaria, a su minuciosa aplicación por el trabajo bien hecho, Rocío Antoñanzas se ha convertido en una excelente divulgadora de la actividad del Senado.

Su rigor profesional y su buena disposición han hecho de ella una figura muy presente en la vida cotidiana de esta casa; no solo en los Plenos o en las grandes ocasiones, sino en el día a día, como periodista siempre atenta a lo que se trata en la Mesa y la Junta de Portavoces, o a las iniciativas políticas de los grupos parlamentarios. De Rocío Antoñanzas nos constan además su curiosidad intelectual y su interés por profundizar en el conocimiento sobre la historia de la institución parlamentaria, tal como quedó acreditado hace dos años al obtener el Premio de Relato Parlamentario, concedido por la Asociación de Periodistas Parlamentarios.

Por todo ello, Rocío, nuestra más sincera enhorabuena. Y, por supuesto, nuestro deseo también de que este reconocimiento sirva como estímulo para continuar con el buen desempeño de tu labor profesional. Una labor que, como la de todos los periodistas parlamentarios, posee una importancia fundamental,?y más en estos difíciles tiempos de crisis?, para los grandes objetivos que todos compartimos: la fortaleza democrática de nuestras instituciones y el progreso de nuestra sociedad.

Muchas gracias.

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