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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de las Becas y Ayudas a la Investigación de la Fundación Iberdrola

Madrid, 03.07.2012

M

uy buenos días a todos y muchas gracias por invitarnos a este acto que, por su naturaleza y por sus protagonistas, está cargado de futuro, de esperanza. Esta ceremonia es, sobre todo fuente de alegría y de orgullo para todos los que recibís estas Becas y Ayudas a la Investigación que la Fundación Iberdrola os confía; para vosotros que sois los titulares, pero también para vuestras familias, los profesores y centros en los que desarrolláis los estudios, así como para vuestros colaboradores y equipos de investigación.

La Princesa y yo os damos la enhorabuena de corazón por este "premio" merecido, que es un magnífico ejemplo de cómo dar confianza a los jóvenes, de cómo apostar por ellos dándoles el cauce para ser excelentes. Por todo ello, también le queremos dar las gracias a la Fundación Iberdrola. Su generosidad y su visión de futuro al otorgarlas están en línea con el compromiso firme que tiene con la mejora de la calidad de vida de las personas.

Este acto me ofrece la oportunidad de subrayar la importancia del avance tecnológico en el sector energético, no solo para las empresas que se van adaptando a los nuevos tiempos y exigencias medioambientales, sino, sobre todo, para los ciudadanos, destinatariosúltimos del progreso que entre todos buscamos forjar día a día.

Hoy quiero también compartir con vosotros unas breves reflexiones. Me refiero, en primer lugar, al debate que se ha planteando, desde hace tiempo y a raíz de los resultados de las cumbres internacionales sobre el cambio climático, en torno a los fundamentos de las políticas de sostenibilidad medioambiental en tiempos de profundas crisis económicas. Creo que debemos hacer hincapié en la necesidad de que economía y sostenibilidad coexistan, buscando equilibrios que favorezcan el crecimiento y garanticen en todo momento la protección del medio ambiente.

Cuando el daño ambiental es evidente, la economía debe aceptar estándares y garantías que la adecuen a las necesidades o exigencias del medio ambiente, no al revés. No podemos caer en criterios oportunistas o en vaivenes para incrementar o reducir los niveles de protección en función de un mayor o menor crecimiento o bonanza. Proteger no es un lujo, es una necesidad -al igual que es necesario el crecimiento económico- y debe hacerse con criterio, con inteligencia, con sentido común. Estoy seguro de que esto es posible porque un crecimiento integral bien entendido, que genere bienestar social y cree empleo, pasa necesariamente por el respeto y el cuidado del entorno en el que desarrollamos nuestras vidas.

Otra cuestión muy relevante -y pertinente en un acto comoéste- es la relativa al valor del conocimiento científico para la protección del medio ambiente; pues no cabe duda de que la aplicación industrial de nuevas tecnologías y avances en ciencia incorporan la posibilidad real de mitigar el impacto negativo del desarrollo económico en la naturaleza. Por ello, invertir en conocimiento favoreciendo la formación especializada en materias energéticas vinculadas a la sostenibilidad ambiental es sumamente positivo.

Por otro lado, me gustaría destacar también en este acto la vocación de servicio de la Fundación Iberdrola a los intereses generales y a los principios que inspiran la responsabilidad social corporativa. Su compromiso con la formación y con la investigación de la juventud, en general, más allá de los temas de sostenibilidad medioambiental, demuestra su acertada visión de dos aspectos fundamentales para nuestro futuro.

La semana pasada en el Forum Impulsa, que organiza la Fundación Príncipe de Girona, insistía en la necesidad de que nuestros jóvenes completen su educación escolar y eleven al máximo posible su preparación profesional o académica, no solo para mejorar su formación integral como personas, sino también para poder acceder a un empleo. La coordinación entre la política educativa y la política de empleo es más necesaria que nunca.

En materia de investigación, con sus becas y ayudas, la Fundación Iberdrola vincula nuestro desarrollo y bienestar a lo que constituye uno de los motores de la sociedad del conocimiento: la innovación y el espíritu creador. Y un buen ejemplo de ello lo constituye la Cátedra de Nuevas Tecnologías de la Universidad de Nuevo México, promovida por la Fundación y de la que tengo el gran honor de que lleve mi nombre.

Vemos entonces que el futuro, señoras y señores, depende en una buena parte del acierto que tengamos, como sociedad, en la educación de nuestros jóvenes; también del que tengan ellos en sus elecciones y del esfuerzo que desarrollen. Pero, por otro lado, los avances científicos y tecnológicos de nuestros investigadores serán determinantes en otra proporción no menor. Por tanto, invertir en educación e investigación es siempre social y económicamente rentable. No nos podemos permitir dudar sobre esto; es absolutamente necesario; diría que es un imperativo de nuestros tiempos.

Ese es el camino; enél está la Fundación Iberdrola, por lo que merece el mayor reconocimiento. Y en ese camino deben encontrarse todos los que tengan la capacidad de influir, de aportar valor, de ser relevantes y de hacer que cada día sean más los que se unan para caminar juntos con ese objetivo común de un futuro mejor.

Felicidades de nuevo a quienes habéis logrado las becas y ayudas. Pertenecéis a esa generación de españoles jóvenes que habéis demostrado talento, excelencia y creatividad. Vuestro esfuerzo y sacrificio se ven ahora recompensados y estoy seguro de que haréis honor a la responsabilidad que habéis contraído con la Fundación pero también con la sociedad. Y estoy asimismo convencido de que, gracias a vuestro trabajo, continuaréis contribuyendo a que España mantenga el más alto nivel de desarrollo y competitividad en materia de energía, y a que lo haga con el máximo respeto y cuidado del medio ambiente.

Muchas gracias.

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